Ben en el mundo, Doris Lessing

Lessing
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Si bien es cierto que “Ben en el mundo” es una continuación (hacia el trágico final) de la historia del personaje concebido en “El quinto hijo”, perfectamente puede leerse sin aquel precedente. En ese sentido, estamos hablando de una novela autónoma.
No es extraño que Doris Lessing se encargue de la historia de un excluido, de la construcción de un personaje cuyas excepcionales y  bestiales características le impiden ser aceptado socialmente, e incluso, le impiden el reconocimiento como ser humano, con sus debidos derechos. Y no es extraño porque, a pesar de ser una escritora en lengua inglesa, vivió sus primeros treinta años de vida en el tercer mundo: nació en 1919 en Persia (Irán) y se mudó a los cinco años a Rhodesia del Sur (Zimbabwe). Recién en el 1949 se radicó en Inglaterra. Y el material para la construcción del personaje “Ben” sin duda fue producto del conocimiento de personas pobres, sufridas, enfermas, que habría conocido, sobre todo, en el país africano; al igual que el haber atestiguado fuertemente el racismo y el autoritarismo en su vida. De ese afán por otorgar una voz al subalterno puede deducirse su coqueteo con el partido comunista, de cuyas filas se retiraría no mucho después, desilusionada de aquel conjunto político, y la publicación de “Canta la hierba” (1950) como primer puntapié a un tema que abordaría en toda su obra.
Y es el tema de la novela que nos convoca: “Ben en el mundo” es la historia de una injusticia, de un individuo incomprendido e incomprensible, pues ni la sociedad lo considera un ciudadano y lo respeta como tal, ni él puede entender las complejas estructuras sociales o las instituciones, ni mucho menos la corrupción y el mal, en los que se ve, desde el comienzo, enrolado y víctima. Bajo este punto de vista, el paralelismo con el jorobado de “Notre-Dame de París” de Victor Hugo o el “Hombre elefante” de David Lynch son inevitables: hay una visión claramente romántica en ese ser cuyo formato corporal es desagradable pero su interior es elevado, portador de un alma sublime e incomprendida por el sujeto estándar, perteneciente a la maquinaria urbana-social-moderna; y que tiene un origen en el buen salvaje de Rousseau.
Ben, un muchacho huérfano, híbrido entre animal y hombre, vivía en un pueblo londinense, comía, dormía y pasaba cierto tiempo en la casa de una anciana amable, pero cuando esta murió, Ben quedó al desamparo de la otredad, esos sujetos que lo aterraban y que, sabía bien, también se sentían aterrados por él. De ese choque constante con los otros, surge el siniestro plan, el inicuo engaño, en manos de un proxeneta con gestos de falsa bondad: Ben debía ingresar a las fronteras de España con un falso pasaporte que lo declaraba actor de cine y una valija repleta de droga. Ante el éxito de la acción, Ben queda afuera de toda ganancia, y pasa a ser víctima de otro plan, esta vez en manos de unos artistas, pero no por eso menos siniestro: deberá ser el actor principal de una película donde los protagonistas son una especie como la de Ben. Para eso se dirigen a Brasil. Pero allí, los problemas aumentarán: la ciencia intenta capturarlo para experimentar con él, con la excusa de que analizarlo representaría un gran avance para la biología, porque podríamos enriquecer nuestros paradigmas evolucionistas.
Títere constante de nefastas situaciones, Ben encuentra sosiego con la compañía de unos brasileros  (entre ellos, la bella y amable Teresa) que le prometen, con una mentira que le permite conservar las esperanzas, un futuro encuentro con “gente como él”.  Cuando Ben se da cuenta que no hay tal gente, que no existen seres como él, que la soledad es su destino, toma la decisión final.

Teresa vio algo en su expresión que la impulsó a acercarse a él y ponerle una mano en el brazo, delicadamente, por temor a su cólera. Pero él no reaccionó a su mano afable: no se movió, siguió con la mirada fija, y los ojos empañados de dolor y añoranza.
Eso es que lo sabe, pensó Teresa. Tiene que saberlo. No sé cómo, pero de alguna forma lo ha comprendido todo.

Calificación: bueno.
Título original: “Ben in the world” (2000)
Traducción: Ángela Pérez.
Suma de Letras, Punto de Lectura, Madrid, 2003.
ISBN: 84-663-0766-4

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