Las horas distantes, Kate Morton

Es probable que el debate alrededor del fenómeno literario de los best seller no acabe nunca, pues en el fondo el sentimiento que lo motiva es el ansia de obtener o resguardar cierto estatus. En la familia de la literatura, el best seller viene a ser algo así como el pariente que ha enriquecido de forma imprevista, pero al que sus familiares no están dispuestos a concederle el reconocimiento que ellos sí poseen (en la academia, entre los entendidos, en los grandes premios). Así, ocurre que el mundo literario está lleno de autores a los que se considera malos o pésimos escritores, pero que venden millones de ejemplares, y de grandes genios que también son grandes desconocidos fuera de los círculos especializados que les conceden el prestigio adecuado a su genialidad.

El componente de prejuicio en torno al best seller es, ciertamente, bastante grande, y suele englobarse indiscriminadamente bajo ese rótulo a autores tan distintos como Dan Brown, Stephen King, J.K. Rowling o Danielle Steel. Es lo que pasa cuando las categorías críticas quedan definidas por el mercado: aberraciones taxonómicas. Y dado que no todo libro exitoso es un best seller (en cuanto a su categorización crítica), habría que poder diferenciar entre un libro que eventualmente se convierte en un suceso de ventas y aquel que desde su génesis está pensado para convertirse en uno. Y la diferencia entre ambos conceptos, que bien puede parecer tonta a simple vista, es, en cambio, delicada y crucial, pues es probable que un autor que busque premeditadamente la elaboración de un éxito de ventas se valga de ciertos procedimientos que acaben por estandarizar su obra de acuerdo a los gustos del consumidor, simplificando sus contenidos para volverlos más accesibles o amables para el gran público. Así se produce lo que el crítico de la cultura de masas, Dwight MacDonald (aviso: fue trostkista) llamó midcult: “obras que parecen poseer todos los elementos de una cultura puesta al día y que, por el contrario, no constituyen en realidad más que una parodia, una depauperación, una falsificación puesta al servicio de fines comerciales”.

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Morton

En ese sentido, “Las horas distantes” de la escritora australiana Kate Morton (1976, Berri) es un best seller prototípico al que la clasificación de midcult le calza perfectamente. A lo largo de más de 600 páginas maratónicas, la novela cuenta la vida y los milagros de la familia Blythe: Raymond (el padre, un atormentado escritor que vive encerrado en la torre del castillo familiar), y sus tres hijas, Persephone, Seraphyne y Juniper, en una lejana población semi-rural del noreste de Londres. La encargada de narrar la mayor parte de la historia es Edie, la hija de Meredith, una niña que durante los bombardeos nazis a Londres de 1941 (el famoso London-Blitz: la lluvia de bombas V2), llegó al castillo de los Blythe en condición de refugiada, para vivir allí por lapso de un año. Mediante el recurso de intercalar varias líneas temporales y diferentes perspectivas, la historia va dando saltos entre el presente (situado en 1992) y el pasado remoto (de 1917 a 1942), para armar la intrincada saga familiar llena de amor, traición, crimen, afanes literarios y de ciertos visos de esoterismo. Una vieja carta perdida durante medio siglo es la que desencadena la investigación que Edie Burchill, la treintañera editora de una pequeña librería de Nothing Hill, emprende a los tropezones, para llegar al fondo del asunto. Y si bien entre los autores que se mencionan como referentes de Morton figuran los nombres de Dickens, Jane Austen, Henry James, Maupassant y las hermanas Brönte (“Cumbres borrascosas” es citada no menos de cinco veces en la novela), es casi inexplicable en esa lista la ausencia de Agatha Christie, pues “Las horas distantes” posee muchas más semejanzas reales con las obras de esta autora británica que con la de los demás mencionados. Mientras las similitudes con Austen y las hermanas Brönte son superficiales (en el tono, en los escenarios, pero de ningún modo en la profundidad connotativa), los parecidos con las novelas de Christie son de fondo, temas y procedimientos.

“Las horas distantes” falla como obra literaria por muchos motivos, pero el fallo que más cabe reprocharle es el de perderse al intentar ser un entretenimiento eficaz, primer objetivo más que respetable de todo producto midcult. La excesiva extensión de la novela juega en contra de Morton, haciéndole perder el hilo de sus modestos misterios durante lapsos demasiado prolongados, y arrojando a sus protagonistas (y al lector con ellos) a un larguísimo sprint final de casi 150 páginas de explicaciones y revelaciones que atan, como pueden, los ya de por sí previsibles cabos de la historia. Más allá de lo inflada en páginas que está, lo más llamativo de la novela es una frase que aparece en la página  269, en la que un maestro le da un consejo literario a una alumna que pretende ser escritora:

El desafío consiste en ser honesto al escribir. No copiar, no conformarse con la combinación de palabras más sencilla, sino buscar aquellas que explican con precisión lo que piensas, lo que sientes…

Luego de leer esto, uno sólo puede sorprenderse cuando se encuentra, a la vuelta de la página, con frases como “Me aferré a esa oportunidad como un náufrago a una balsa”; “Me atraía de un modo irresistible, al igual que la luz atrae a una pequeña y polvorienta polilla” o “La desazón amenazó con apoderarse de mí”, que bien podrían figurar debajo de una definición de la palabra cliché.

“Las horas distantes” es la tercera novela de Morton después de los éxitos de “La casa de Riverton” y “El jardín olvidado”. Entre las tres, supera los 7 millones de ejemplares vendidos… y contando.

Calificación: malo.
Título original: The Distant Hours.
Traducción: Luisa Borovsky.
Editorial: Suma de Letras, 2012
ISBN: 9788483652510

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3 comentarios en “Las horas distantes, Kate Morton

  1. Te diría que este tipo de libros es absolutamente imprescindible. En primer lugar, tiene sus lectores. En segundo, sirve para distinguir mejor los libros mejores que ellos, cosa que no están exentos de hacer los propios lectores de best sellers.

  2. Nacho:
    comparto, se trata de libros muy útiles… tienen muchas lecciones, ya sea para escritores o para lectores (siempre que sean lectores capaces de entrar y salir del mundo best-seller y no quedarse atrapados en esa superficialidad o -peor- en esa apariencia de profundidad). Eso sí: este lo leí obligado y terminé padeciéndolo. Ahora, convalezco.
    Abrazo.

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