Me llamo Rojo, Orhan Pamuk

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Pamuk
Pamuk

Hay escritores que no permiten leer sus libros como criaturas independientes, pese a que estos lo ameriten más que otros volúmenes. Hay escritores cuya personalidad literaria reclama un lugar preeminente e imponen leerlos a ellos. Las obsesiones y la vitalidad bullen a través de las páginas, que cobran un mejor relieve al ser superpuestas al resto de la obra, de la que en este blog hay varias reseñas. Esto sucede en particular con Estambul, una obra en la que Pamuk observa su vida, hasta en sus aristas más íntimas, en relación con la ciudad que lo vio nacer, crecer y formarse como persona y escritor pese a que su primer amor en el arte fue la pintura. Las obsesiones y las imágenes de la urbe del Bósforo que se analizan en detalle en ese libro son gran parte del sustento de Me llamo Rojo. Son el mapa donde se asienta esta novela: la nieve, los incendios, los personajes típicos de la ciudad y la pintura, sobre todo esta última, a través de la cual se observa la realidad.
El párrafo anterior es muy malo. Probablemente a ningún lector le darían ganas de leer algo sobre lo que se dice que es reiterativo y que “observa la realidad”, aun cuando se sepa que la mirada del escritor turco es por demás lúcida. Lo que debí decir en un principio es que se trata de una novela muy entretenida y original, construida en capítulos breves, cada uno de los cuales lleva como título en nombre de su narrador, ya que el hilo de la historia se construye a partir de los puntos de vista de todos los personajes, vivos o muertos, humanos o animales, animados o abstractos (un dibujo, un color). El primer capítulo se llama “Estoy muerto” y es el relato de un asesinato que hace el propio occiso desde el fondo del pozo. Esto desata el mecanismo policial que va a teñir toda la novela y tendrá al lector husmeando como un perro página tras página en procura de indicios acerca de la identidad del asesino, del que ya se sabe que es un ilustrador, colega del muerto. Lo que sigue es un paseo apasionado y ansioso por los otros cincuenta y ocho capítulos que van soltando el hilo gota a gota, siempre agregando una información, un punto de vista, un matiz de color, de manera que el interés no decae en ningún momento. Develar quién es el asesino (que también habla en capítulos que se titulan “Me llamarán asesino”) es algo que se mantiene titilando mientras se va montando la escenografía estambulí, enfocada en un grupo de ilustradores abocados a un trabajo que cuestiona las creencias hegemónicas sobre la pintura, lo cual ahonda en los territorios de la discusión filosófica y teológica. La tensión que reclama una tendencia ominosa está dada por las antiguas técnicas de pintura y las nuevas, hiperrealistas, de los maestros francos. Es otra de las obsesiones de Pamuk: la dicotomía entre Oriente y Occidente. Y es a través del ojo del dibujo y de la pintura que se mira la historia de los turcos desde los sultanes hasta la buhonera judía que recorre la ciudad llevando chismes y arreglando parejas. Esto último me hace acordar a otro de los pilares del libro: el amor, la pasión. El personaje llamado Negro vuelve a la ciudad tras una temporada de varios años de maduración y se enamora de Şeküre, cuyo marido ha desaparecido en la guerra y es pretendida por un lascivo y violento cuñado, lo cual, sumado a las peculiaridades de la sociedad islámica da otro motor a la narración.
Podría seguir enumerando detalles y claves de un libro cuya riqueza es tal que me quedaría siempre corto. Prefiero decir, como cierre, que es algo así como una novela total. Tiene sus trazos policiales y también la mueve el drama del amor. Es histórica, por cuanto se asienta en el dorado período otomano y lo pone a bailar frente a nuestros ojos, con sus detalles arquitectónicos y hasta sexuales. Es también una novela de ideas, que son expuestas, analizadas, desmontadas, cuestionadas, hasta el punto de adoptar una postura crítica respecto a ciertos fundamentalismos, lo cual imagino le habrá granjeado al autor más de un problema. Es otra entrada de la enciclopedia de las obsesiones del autor. Y es, más que todo, una temporada afortunadamente larga por los territorios del puro placer de contar historias espesas y adictivas.

-¿Las orejas de quién? ¿Las de su hija o las de la pintura de su hija?
-En realidad de ninguna de ambas. Primero, siguiendo una intuición, extendió ante él todos los libros, páginas y pinturas que habían hecho sus ilustradores y observó las orejas. Entonces volvió a ver algo que ya sabía desde hacía años: tuvieran el talento que tuviesen, cada uno de los ilustradores dibujaba las orejas a su manera. No importaba que la cara que dibujaban fuera la de un sultán, la de un niño, la de un guerrero, o incluso la cara oculta tras un velo de Nuestro Glorioso Profeta, que Dios guarde, o la del Diablo, del que Dios nos guarde. Cada ilustrador, en cada caso, pintaba siempre igual las orejas, como si se tratara de una firma secreta.

Calificación: Excelente
Título original: Benım Adım Kırmızı
Traducción: Rafael Carpintero
Debolsillo (Random House Mondadori), España, marzo 2010, 611 págs.
ISBN: 978-84-8346-962-0

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9 comentarios en “Me llamo Rojo, Orhan Pamuk

  1. Con esta novela, lamentablemente, me pasó lo mismo que con La Tabla de Flandes de Pérez Reverte (lo único que leí de PR, comencé El Asedio pero fue demasiado): en algún momento dejó de interesarme y ya no quise saber quién fue el asesino. Saludos!

      1. +Hola! Mirá, por lo que decís entiendo dos cosas: 1. Que te perdiste en la lectura (perderse en el sentido de disfrutar lo escrito, no en el sentido de no entender nada) y la resolución del asesinato dejó de importarte (esto significaría que te gustó la novela) o, 2. que la historia quizá no haya despertado la curiosidad necesaria para llegar a la resolución (o algo así, je). Saludos!

    1. A que se refiere eso de esta pendiente de moderacion mi comentario. El tema de me llamo rojo crea suspenso pero lo que mas disfrute fueron las minuciosas descripciones sobre cada ilustracion llenas de misteriop y mucha pasion porque en el arte lo primordial es la pasion.

  2. Es la primera vez que leo a Pamuk. Una noche estaba viendo una entrevista de él en un programa español sobre literatura y me llamó la atención. En la biblioteca encontré este libro, y desde el primer capítulo; ” Estoy muerto” me gustó mucho su forma de contar la historia.
    Para mí, lo más importante acerca de su forma de escribir es la capacidad que tiene de asumir la voz de cada personaje, del titular de cada capítulo. Mientras narra y describe minuciosamente su comportamiento, los escenarios, la sucesión de acontecimientos, no deja que el lector se olvide de su voz, y opina, mira atentamente, recuerda, hace comparaciones sugerentes y provocadoras sobre todo lo que aquello le provoca.

    A la novela la encontré muy agradable, y como dice usted, en su reseña, se me antojó espesa y adictiva.
    Saludos.

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