Padres e hijos, Iván Turgueniev

Turgueniev
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En una localidad campesina cercana a una ciudad cuyo nombre no se menciona (se la llama X. cada vez que es necesario), pero que podemos imaginar ubicada en la zona de influencia de San Petersburgo, vive Nicolás Petrovitch Kirsanof, hombre de edad madura que lleva la cabeza prematuramente blanca, hijo de un general y hermano de Pablo Petrovitch, con quien comparte casa y tierras. La acción comienza con Kirsanof a la espera de recibir a su hijo Arcadio, que vuelve de la Universidad. Padre e hijo no se han visto desde hace ya un buen tiempo, cuando menos, año y medio. Arcadio llega en compañía de un amigo y colega, Eugenio Vassilitch Bazarof, el verdadero protagonista de la novela. Bazarof, quien está cerca de obtener el título de médico, es algo mayor que Arcadio y ejerce sobre él una poderosa influencia, nacida de la admiración hacia su inteligencia y su personalidad. Arcadio se llama a sí mismo discípulo de Bazarof, al que considera un hombre llamado a figurar entre los grandes. La primera parte de la novela nos relata la estadía de los amigos en casa de los Kirsanof. Allí conocemos a Pablo Petrovitch, tío de Arcadio: se nos dice que llegó a ser oficial de un regimiento, que supo ser todo un Don Juan, que es un anglófilo y que en sus maneras están presentes los resabios de un aristócrata. Kirsanof, en tanto, es un hombre sencillo. Se rompió la pierna cuando debía enrolarse, por lo que su carrera militar quedó trunca y en su lugar cursó estudios en la misma Universidad de San Petersburgo. Ahora, ya viudo, ha tomado como compañera a la joven Fedosia Nikolaievna (Fenitchka), hija de una sirviente, quien recientemente ha vuelto a hacerlo padre. En estos primeros capítulos, queda definida la fuerte oposición generacional. Cada charla de sobremesa es ocasión para que los hermanos Kirsanof se alarmen ante las ideas nihilistas de Bazarof, así como su pragmatismo, petulancia, egoísmo y frialdad. Bazarof no reconoce ni respeta ninguna autoridad. Es un individualista acérrimo que pretende comportarse de acuerdo a criterios dictados por su propia racionalidad. Este retrato de Bazarof hizo que muchos jóvenes de la época se volvieran contra Turgueniev, descontentos con que se los identificara con un modelo tan antipático. Los ataques públicos hacia Turgueniev derivaron en su partida al extranjero y un largo periodo de esterilidad literaria. Apenas escribe un relato (“Fantasmas”) en seis años. La virulencia de las críticas contra “Padres e hijos” muestran hasta qué punto Turgueniev dio en el nervio de la época. Las discusiones entre los hermanos Kirsanof y Bazarof no pueden ser comprendidas totalmente sin tener en cuenta la situación política de la Rusia de mediados de siglo XIX y la oposición entre los conservadores-liberales y el movimiento demócrata-revolucionario. Así, el conflicto natural entre padres e hijos se convierte también en una confrontación de índole política y filosófica, es decir, de visiones del mundo.

-¡Ya has visto lo que es la juventud del día! ¡Esos son los hombres que han de sucedernos!
-Sí –murmuró Kirsanof con un hondo suspiro-. ¿Sabes qué recuerdo trae esta discusión a mi memoria? Disputaba yo un día con mi madre, y como ésta hablara sin querer oír mis razonamientos, acabé por decirle: “No me comprende usted porque pertenecemos a dos generaciones distintas”. Estas palabras la hirieron, pero yo me dije: “¿Qué hemos de hacerle? La píldora es amarga, pero es preciso engullirla”. Hoy, los que vienen detrás de nosotros pueden decirnos igualmente: “No pertenecéis a nuestra generación; tragaos la píldora”.

Luego de partir de la casa de los Kirsanof, Bazarof y Arcadio se dirigen a la ciudad de X., para asistir a una fiesta. Allí se encuentran con Sitnikof, un advenedizo que los lleva prácticamente de las narices a conocer a una tal Eudoxia Kukchin (mujer de encantos más bien modestos) con el fin, básicamente, de beberle todo el champagne. Es ella quien menciona el nombre de la persona que acabará por dar un golpe mortal al sistema de pensamiento de Bazarof: la joven viuda Ana Sergueievna Odinstof. Como era de esperar, la señora Odinstof asiste al baile del gobernador. Con solo verla, Arcadio se prenda de ella y entabla una larga charla que culmina con una invitación de la viuda para que él y su amigo la visiten en su casa. Así comienza todo, Arcadio y Bazarof llegan a la casa de la viuda para una visita de unos pocos días y acaban quedándose allí durante semanas. Rápidamente, Arcadio comprende que la señora Odinstof no corresponde sus sentimientos. Más allá de su aflicción, encuentra calma y consuelo en la renuncia mientras pasa tiempo con Katia, la hermana menor. La señora Odinstof se siente atraída por el carácter áspero de Bazarof y éste, sin entender por qué, se confiesa que ha contraído un virus que le es especialmente odioso: el romanticismo. Es la fuerza ciega del sentimiento, vivida como una dolencia, la que desbarata la seguridad del altanero Bazarof. Cuando por fin consigue vencer a su orgullo y declarar su amor (o lo que él cree que es amor), Bazarof no obtiene nada, pero la verdad es que nada esperaba obtener. Se siente derrotado, degradado a un tipo de existencia inferior. ¿En qué medida el amor es también sumisión, un sentimiento que subyuga y que obliga a la servidumbre? ¿Qué puede provocar, entonces, esta fuerza al entrar en el sistema de pensamiento de un nihilista, que se jacta de no reconocer autoridad alguna? Desasosiego, incertidumbre.

El médico se sorprendía a sí propio “in fraganti” delito de pensamientos indignos a un hombre, como si el diablo le tentara. A veces le parecía que la señora Odinstof había sufrido una transformación, que su rostro tenía una expresión distinta, que quizá… Pero en este caso Eugenio daba una patada en el suelo o apretaba los dientes, amenazándose con el puño cerrado.

Una vez que los amigos parten de las tierras de la señora Odinstof, van a la humilde casa de los padres de Bazarof, y comienza la sección más conmovedora de la novela, por la absoluta devoción que aquellos profesan a su hijo y por la apática forma que éste tiene de tratarlos, al punto que su madre no sabe si dirigirle la palabra y su padre trata de moderar sus ganas de abrazarlo. De hecho, conocemos a Vassili Ivanovitch y a su esposa Arina gracias a las charlas de éstos con Arcadio, pues es a él a quien los padres recurren en busca de las novedades de su hijo. Es muy dura la escena en la que, a pocos días de su llegada, Bazarof comunica a su padre que volverá a partir. Comienza entonces el desenlace. Arcadio y Bazarof vuelven a la casa de la señora Odinstof, que está demasiado consternada por la sorpresa para mostrarse hospitalaria. Esta fugaz visita sirve para que Bazarof acabe de comprender que su sentimiento no puede esperar reciprocidad de la viuda. En realidad, lo que queda claro es que ni Bazarof ni la señora Odinstof son personas capaces de amar, algo en ellos (en su experiencia, en sus ideas) los ha arruinado. Son aptos, sí, para el embelesamiento y la curiosidad, para las pasiones sensuales, pero su espíritu ha sido cercado y, por lo tanto, son personas condenadas a la soledad. Luego de un par de horas, los amigos continúan viaje rumbo a la casa de los hermanos Kirsanof. Los sucesos se aceleran: Arcadio no tarda en partir nuevamente a casa de la viuda, dispuesto a declarar su amor a Katia y pedirle matrimonio; Bazarof estrecha su relación con Fenitchka (la compañera del padre de Arcadio) y le roba un beso; Pablo Petrovich, que ha visto la escena, reta a Bazarof a un duelo que termina con el propio Pablo herido en una pierna. A partir de ahí, Turgueniev bordea el melodrama: Bazarof deja la casa de los Kirsanof y se despide de Arcadio (que vive horas felices, pues Katia ha aceptado su propuesta) y de la señora Odinstof de una manera tan definitiva que anuncia el oscuro final. Bazarof contrae tifus mientras atendía a un infectado y muere a los pocos días, ante la desesperación de sus padres.

Las claves de “Padres e hijos” pueden rastrearse hasta un ensayo de Turgueniev que Pedro Kropotkine cita en el prólogo de la edición de Crítica [lo adjunto para descargar en pdf]: Hamlet y Don Quijote – Ivan Sergueiev Turgueniev. Siguiendo las líneas argumentativas de este ensayo es muy fácil comprender que Bazarof es un sucesor directo de Hamlet, de quien dice: “Al dudar de todo, Hamlet no se compadece de sí mismo; su espíritu está demasiado desarrollado como para contentarse con lo que hay en su propia persona. Es consciente de su propia debilidad, pero en toda conciencia de sí mismo hay fuerza; de ahí proviene su ironía”. Y si Bazarof es Hamlet, no habría que descartar una provechosa comparación entre Arcadio y Horacio. El tipo shakespereano se convierte, en manos del autor ruso, en una poderosa observación de su época, en una interrogación acerca de la capacidad de un tipo de pensamiento de volverse fértil, de producir algo en la realidad, fuera de los círculos concéntricos de su propias disquisiciones. Y si Turgueniev se maravilla de la capacidad de Shakespeare para crear un tipo universal capaz de prefigurar las sensibilidades de los hombres del futuro, nosotros podemos maravillarnos igualmente de la actualidad de Bazarof, que muere joven y permanece joven, triste modelo que exige del lector mucho más que compasión.

-Aquello fue un sueño, ¿no es así? ¿Quién se acuerda de un sueño?
-Sí, ¿quién se acuerda? Además, el amor es un sentimiento ficticio.
-¿De veras? Me alegra mucho saberlo.
Ella y él lo creían así; ambos creían decir la verdad. ¿Qué había de verdad en sus palabras? Probablemente lo ignoraban ellos mismos.

Calificación: muy bueno.
Título original: Отцы и дети (1862)
Traducción: —
Editorial Crítica, Bs. As., 1925.

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Un comentario en “Padres e hijos, Iván Turgueniev

  1. La novela de Turgenev Padres e Hijos ha sido clasificada como nihilista y su personaje principal -Basarov- como inspirado en la vida de Bakunin. Me temo que , en 1er lugar, hay una mis-interpretacion de lo que se conceptua como filosofia nihilista. Hay dos tipos de nihilismo, el positivo y el negativo. El positivo implica rechazo etico y moral de las taras heredadas de culturas del pasado (determinismos religiosos, vasallajes y servidumbres de tiempos feudales, racismos, xenofobias y guerrerismos patrioteros, patriarcalismos y otras formas de machismo) y rechazo tambien de taras neo-liberales (sus estados teocraticos y creencias de que “somos la nacion seleccionada por Dios” o la estupida creencia de que Dios avala nuestras guerras abroad, el decir y creer que God bless America, por ejemplo; mas otros atavios ideologicos xenofobicos y racistas que han inspirado politicas imperiales de tiempos actuales. El nihilismo negativo inspira ese rechazo a valores eticos (principios) y morales (actitudes y comportamientos) en el mero individualismo ya sea basado en el supra-voluntarismo (caso Nietsche) de supuestas razas mas dotadas o basado en meros desordenes mentales y otros vacios psicologicos individuales o en vacios de informacion y educacion. Estas expresiones de nihilismo negativo se observa en quienes no desarrollan sentimiento de amor por los padres ni por el sexo opuesto amado. Este tipo de actitudes se observa en Hamlet como en Basarov sin que por ello los novelistas o autores sean en realidad nihilistas, ni sus novelas tengan que ser conceptuadas como tal. En ambas dos formas de nihilismo el rechazado a valores y normas morales consideradas absoletas es lo unico que tienen en comun. Turgenev podria ser conceptuado como anti-anarquista o anti-bakuniano, pero dudo mucho de que sea nihilista y menos aun nihilista negativo. Creo mas bien que el label o epiteto que se le asigno (nihilista) no le hizo ni le hace justicia al merito de su novela. Leere con atencion el articulo de Turgenev: Hamlet y don quijote e invito a los lectores ha hacer lo mismo, recien entonces podremos confirmar o desechar la tesis de que fue nihilista. En 2do lugar, tampoco creo que se hizo justicia al comparar Basarov con Bakunin. Este ultimo fue sin duda un nihilista revolucionario para su tiempo (expresion de nihilismo positivo, por tanto). Su entrega a una causa colectiva, su amor por una clase, los oprimidos, los sufrimientos que eso le acarreo en las carceles donde fue confinado y el amor que desarrollo por los seres queridos de su entorno, lo convierten en un nihilista positivo. Mal se hace en comparar Basarov con Bakunin, como ocurrio en algunos circulos de debate literario.

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