Cartas entre un padre y un hijo, V.S. Naipaul

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Naipaul

Este no es solamente el libro de un escritor. Es el libro de una familia, de una familia completa en cuyo seno anida un ejemplar sentido del amor.
En 1950, como consecuencia de una beca, Vidia Naipaul abandona la isla de Trinidad a los dieciocho años de edad. Su destino: la universidad de Oxford. Allí no sólo comienza su formación adulta, su educación sentimental, sino ese particular enfoque transversal, inusitado y deslindado que el autor ha demostrado en sus artículos y crónicas. Todo ello nace con estas cartas que tienen como protagonistas principales a V.S. Naipaul y a su padre Seepersad Naipaul (1906-1953), una suerte de escritor postergado largamente por sus obligaciones familiares. No es común, pero cuando entre dos escritores la relación es de padre-hijo, las rispideces no son extrañas. Para el mundo anglosajón, véase el caso de Kingsley y Martin Amis… Esta correspondencia, en cambio, exhibe rápidamente un detalle significativo: no hay un asomos de competencia, y mucho menos de envidia entre padre e hijo, incluso en las cartas que Vidia (Vido, para los íntimos) escribe a terceros, como su hermana Kamla, que había partido un tiempo antes para cursas estudios en India. Padre e hijo se alientan de forma constante, se apoyan, se ayudan a mecanografiar y corregirse sus textos aun cuando un océano entero los separa. Uno, el padre, es el talento que se desarrolla con lentitud, cuya hora de reconocimiento se ha dilatado debido a las obligaciones parentales. El otro, el hijo, es la fuerza nueva, el hijo pródigo cuyo camino se vislumbra esplendoroso. No hay misterios entre padre e hijo. Ambos saben donde están parados. Y sin embargo, acá no hay un asesinato simbólico del padre a manos del hijo. La idea es la de una continuación, un ciclo en el que el uno es la extensión del otro (véase cita). Quizás la primera concepción, más occidental, ha sucumbido ante una idea diferente del ciclo vital, porque no hay que olvidarse de que la cultura de este lazo familiar está atravesada por valores y nociones hindúes.  En este entendido, el lector puede apreciar cómo muchos de los consejos que el padre da sobre el arte de narrar, sobre todo aquellos referidos a la sencillez de la prosa o a la captación de los caracteres y las peripecias de los personajes, son luego seguidos a rajatabla por V.S. Naipaul en su tercer libro publicado, la colección de relatos “Miguel Street” (1959).
En el medio, está la descripción de las necesidades económicas de una familia, las lecturas, las anécdotas cotidianas, los viajes, las publicaciones en diarios y revistas, las lecturas en la BBC o los desengaños del joven Naipaul en la sociedad inglesa, e incluso el nacimiento del amor con su primera esposa (Patricia Hale).
La tragedia familiar consabida, la muerte repentina del padre en 1953, cuando el hijo distaba todavía de regresar a Trinidad desde su alejamiento, le da un tono conmovedor a las últimas páginas y arroja una melancolía singular sobre lo que se ha leído en las páginas precedentes. Pero esa conmoción se amortigua, o más bien se integra en una sensación mezcla de aprendizaje, aceptación, dolor y alegría cuando poco tiempo después V.S. Naipaul recibe la tan ansiada noticia: su primer libro, “El sanador místico” (1957), ha sido seleccionado por una editorial. El padre no estaba, o se hallaba en el hijo. El vacío que se forma luego de esa experiencia es abismante. Quizás por algo así, medio siglo más tarde, el propio Naipaul desestimó el requerimiento del editor de este epistolario para que le echara una mirada.

8 de marzo de 1952

Mi querido Vido:

He pensado en ti durante las últimas dos semanas. En primer lugar, tus últimas dos cartas tenían un tono conmovedor. Parece que estás muy solo, incluso triste. Da la impresión de que comes poco y mal, como me ocurría a mí en Jamaica por mi aversión a la carne de vaca, de cerdo, al jamón y esas cosas. Ojalá pudiéramos comer de todo, como todo el mundo. Al fin y al cabo, al menos habríamos sido más coherentes, y en virtud de eso, quizá estaríamos más sanos. Hoy día hay muchos hindúes en el extranjero que comen carne de vaca.
Sé que no te he servido de gran ayuda; me resulta tan doloroso que prefiero no pensar demasiado en ello… Hoy se cumple el final de la primera semana de las dos que tengo de vacaciones. He estado trabajando más que cuando no tenía vacaciones. Pero como he trabajado con sumo gusto, apenas lo he notado. He escrito un relato largo, algo en lo que llevaba mucho tiempo trabajando a rachas. Creo que empiezo a comprender cómo trabajan los grandes escritores: cuando no tienen nada que hacer sino escribir, y cuando saben que los editores esperan ansiosamente sus relatos, novelas o artículos. Tienes pereza hasta que acometes la tarea. Entonces la tarea te absorbe. La labor literaria es una cuestión de dedicación exclusiva. Escribes a mano o máquina hasta mediodía. Después comes y descansas, o te das una vuelta por el parterre microscópico, o te vas a dormir. Cuando te levantas estás listo para seguir adelante. Así ha sido en mi caso. Estoy completamente seguro, maldita sea, de poder terminar una novela en el plazo de seis meses… si no tuviera nada más que hacer. Es imposible. Pero a ti quiero darte esa oportunidad. Cuando termines tus estudios universitarios, si encuentras un buen trabajo, estupendo; si no, no tienes que preocuparte lo más mínimo. Te vienes a casa y haces lo que yo estoy deseando hacer: escribir, leer y las cosas que te gusta hacer. Es en esto en lo que quiero servirte de ayuda. Quiero que tú tengas la oportunidad que yo no he tenido: que alguien me mantenga a mí y a los míos mientras escribo. Bastarían dos o tres años. Si al cabo de ese tiempo no lo has logrado, entonces será el momento de buscar trabajo. Piénsatelo. Lo digo muy en serio. Dudo mucho que te llegue a satisfacer un simple trabajo. Sé que ninguna otra cosa te hará feliz… Quiero decir, nada sino el éxito literario puede hacerte feliz. (…)

Con cariño de todos los de casa,
Papá

Calificación: Muy bueno.
Título original: Letters between a father and son (1999).
Traducción: Flora Casas.
Editorial: Debolsillo, Buenos Aires, 2009.
ISBN: 978-987-566-516-3

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