El pecado de Midas, Anne Zouroudi

Zouroudi
*

En los extensos textos que se agregan a “El pecado de Midas” -esa nueva idea de las editoriales bautizada “Nota bene” que significa un complemento al texto original, en este caso una entrevista a la autora, las recomendaciones que ella misma hace sobre sus libros favoritos, e inclusive una entrevista a Hermes Diaktoros, el personaje protagonista de la novela- se nos cuenta que Zouroudi, si bien nació en Inglaterra, es una enamorada de Grecia y que vive allí -junto a su marido e hijo, ambos nacidos en el país heleno- desde hace más de 20 años. Algo de esto mismo, esa intención terca de mostrar una pertenencia, se transmite en su texto. Continuamente Zouroudi intercala palabras y expresiones en griego, explica aspectos típicos y tradicionales del país, su cocina, etcétera. Toda su novela, inclusive desde el título con la referencia directa al mito del rey que todo lo que tocaba convertía en oro para su desgracia, está anclada en lo regional, en lo particular, en lo griego.

Podría suponerse, entonces, que una novela de estas características se enrola en la actual y saludable lista de relatos policiales de mirada casi étnica, donde sus autores ya no vienen de la novela negra estadounidense -aunque alguno aún permanece como Michael Connelly, James Ellroy o el veteranísimo Elmore Leonard- sino que parecen conformar un crisol por completo internacional. Así, Henning Mankell representa a Suecia con su comisario Wallander y su mirada interpela su famoso estado de bienestar que ya no es el que se supone que era (y que quizá nunca lo fue); Andrea Camilleri nos propone humoradas sicilianas, con su comisario Montalbano, gourmet y enemigo acérrimo de la mafia; Ian Rankin nos cuenta la oscuridad de Edimburgo a través de los ojos de su alcohólico inspector Rebus. Y por Grecia, el genial Petros Markaris nos cuenta el caos revuelto que significa su país hoy, de la mano del amargado comisario Costas Jaritos.

¿Pero cuál es entonces la mayor diferencia entre este comisario Jaritos y el detective amateur que compone Hermes Diaktoros? Primero que nada, el nivel de sus escritores. Petros Markaris es un gran escritor y Anne Zouroudi, aunque llega a escribir con gracia por momentos, no. Pero segundo, y no menos importante, el lugar donde se paran ambos autores. Markaris ambienta sus historias en la Grecia que vive, pero el entorno es eso, un entorno (de hecho, cuando traslada a su personaje a Turquía en “Muerte en Estambul” la novela no se resiente en lo absoluto). En cambio, Zouroudi construye su historia desde Atenas, basa todo en Atenas, apoya cada párrafo en la capital helena, como si se tratara de una alienada promotora de viajes. Sin el marco, el entorno, la historia de “El pecado de Midas” directamente no existe.

Lo que nos lleva al segundo problema -y sin dudas el más grave- de la novela. Su inmersión en el género policial. Para Zouroudi parece que la construcción de una investigación radica en la creación de un protagonista -Hermes Diaktoros (a quien la campaña editorial compara con Hercule Poirot o Phillip Marlowe)- quien no hace absolutamente nada más que pasearse por la ciudad, come alguna cosa, nada y habla con la gente. Y ¡oh casualidad! encuentra gente que no sólo está absolutamente predispuesta a contarle todo, todo lo que sea, sino que además ¡siempre tienen datos relevantes sobre lo que a él le interesa! Como muestra, alcanza esta situación: ya involucrado en la resolución del misterio que da cuerpo a la novela -la muerte de un anciano amigo suyo que puede tener que ver con asuntos de bienes raíces- Hermes decide ir a darse un baño al mar. Esquiva las playas más turísticas y termina por llegar a una cala apartada y desierta. Una vez allí, en pleno baño, se da con un barco pesquero, entonces el pescador lo invita a subir. Arriba del barco, es tanta la fortuna de Hermes, el pescador le revela que además es peluquero y que le corta el pelo justo a la persona sobre la que Hermes quiere saber. Esto no es todo: en su última cortada de pelo, el sujeto en cuestión dejó escapar varias indiscreciones que el peluquero-pescador escuchó y ahí de inmediato resuelve que lo mejor que puede hacer es contárselas al desconocido que acaba de invitar a subir a bordo. ¡Pero esto no es todo! Además, el mismo pescador encontró hace años un anillo que Hermes había perdido en el mar mucho tiempo atrás. Un anillo. En el mar.

Y así va Hermes desentrañando el caso. Acompañado por una pareja de policías que nunca, pero nunca, cumplen ninguna función en la trama, va topándose una y otra vez con gente que le cuenta sus miserias y así desentraña el caso. Que no nos preocupemos por si podrá encontrar pruebas que condenen a los culpables, ya que la fortuna de Hermes es tanta que no uno, sino los dos posibles culpables, encuentran la muerte de manera accidental al final del libro. En fin…

Sonó el timbre y entró un hombre: era de mediana edad y complexión normal, y no tenía nada llamativo salvo el pelo, que parecía demasiado negro para su edad.

Kali mera sas– dijo, sonriente- ¿Qué tal le va hoy, barbero?

-Bienvenido, Costas, bienvenido- dijo el barbero- Me va muy bien, ahora que ha venido usted. Con un poco de suerte, saldré a pescar antes de la una.

Costas cogió el diario conservador Kathimerini y se sentó cruzando las piernas, la derecha sobre la izquierda. Al leer el titular- “Nuevo incremento de los subsidios agrícolas”- frunció el ceño.

Malakes!- exclamó- Por el amor de Dios, ¿que han decidido ahora estos payasos? ¿Ha visto esto?- Levantó la primera página del diario. Sostis leyó el titular, y sonrió. La mirada de Paliakis seguía clavada en su imagen reflejada en el espejo- Ya sabe quién va a pagar esta locura- dijo Costas, golpeando el periódico con el dorso de la mano-. El hombre de a pie, como siempre. Saldrá de nuestra cartera, muchachos, tendremos que apoquinar.

Calificación: Malo.
Título original: The Taint of Midas (2008).
Traducción: Marta Pina Moreno.
Editorial: Duomo Ediciones, Barcelona, 2011.
ISBN: 978-84-92723-42-3

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