Tampoco es el fin del mundo, Pedro Peña

Peña
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Esta es la tercera novela de Peña en la colección Cosecha Roja de Estuario y, como las anteriores, el título está compuesto por seis palabras, de las que por lo menos una siempre es negativa. Además de estas costumbres, sobrevive en la narrativa del maragato el desgraciado periodista con veleidades de escritor Agustín Flores. El personaje sigue en el diario y recibe un pedido de Míguez, su editor, que es casi una orden: tiene que escribir un libro sobre las cárceles. Debe entrevistar a un recluso y, al otro día de hacerlo, este aparece muerto dentro de la cárcel. Tras esto, Flores se ve envuelto en una trama que, una vez más, no domina, donde la acción lo lleva a las patadas hasta el punto de situarlo en la posición de perseguido.

El ritmo de lectura es febril gracias a la velocidad de los acontecimientos y a la fluidez de la prosa. Esta característica no obstaculiza que la obra reflexione sobre la realidad, sobre el lenguaje (rasgo que también se manifiesta en la voz coloquial del narrador en primera persona) y le tire alguna piedra al ambiente literario nacional, lo cual es muy divertido y es una manifestación más del humor del inefable Flores. Vale la pena prestarle atención a la observación de la sociedad divida por una línea entre un adentro y un afuera con respecto a la cárcel (o al ambiente del crimen). Allí se hace una disección de las relaciones jerárquicas que articulan este mundo, sin excluir en ningún momento su concreción sexual más brusca. El miedo está siempre ahí, sobre todo vinculado a los hijos de los personajes, que son el hilo fino por el cual puede cortarse a alguien.

La narración tiene en el realismo una virtud que dota a la ficción de un poder de dedo que señala la llaga y la revuelve. Tiene una trama que conjuga la complejidad y la fluidez, lo que es imprescindible para que exista el entretenimiento, una de las funciones básicas de la literatura. Toma la precaución, además, de dejar sembradas algunas dudas sobre algún personaje de los permanentes en la saga, todo un ardid para esperar una nueva entrega. Capítulo aparte merece el segundo de los epílogos, que consigue que un frío recorra la espalda del lector.

Me habría gustado decirle a Míguez ahí mismo que no tenía ningún interés en escribir esas Historias de crimen. Pero claro… el viejo puso cincuenta mil pesos en su boca, salidos de cierta empresa del Estado y no tuve más remedio que tragarme orugullo y vacaciones de invierno y salir a la calle de nuevo. ¡Mierda!, pensé. Con todo lo que yo soy… más bien con todo lo que yo podría ser… venir a morir en las manos de este chupasangre.

Calificación: Muy bueno.
Editorial: Estuario, Montevideo, 2012, 154 págs.
ISBN: 978-9974-699-16-8

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