Médanos, Camilo Baráibar

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Baráibar

Llamar a una obra “Literatura Infantil”, o bien “Literatura juvenil”, puede llegar a producir, en ciertos casos, más confusiones que aclaraciones. Antes que nada, creo que esto puede darse debido a la naturaleza misma del género, cuya esencia puede resultar turbia: ¿La literatura infantil es la que se destina a los más jóvenes, o la que sus personajes son jóvenes? ¿O ambas cosas a la vez? Veamos entonces, si es, por qué es literatura juvenil.

Si la literatura juvenil es la que está destinada a los más jóvenes, entonces prácticamente toda la literatura tradicional folklórica, de claro fin moralizante, puede considerarse literatura infantil. Como esto parece algo descabellado, tendemos a asociar a este género con la literatura de protagonistas infantiles, es decir, con las novelas (casi siempre son novelas) cuyos personajes rondan entre los 7 y los 17 años. La juventud de los personajes es una constante en los libros de Ignacio Martínez, Roy Berocay, Magdalena Helguera o Helen Velando.

Soy consciente de que se creará el problema, nada sencillo, de definir si es literatura infantil la vieja picaresca, por ejemplo, el Lazarillo de Tormes o Historia de la Vida del Buscón, en las que sus personajes son infantes. Supongamos que sí, para no deslegitimar nuestra hipótesis y poder seguir hacia lo importante.

“Médanos” es claramente “literatura juvenil” (diferenciándola de la “infantil” por el mero hecho de tratarse de personajes adolescentes), porque el mundo de personajes al que Baráibar se propone dar vida es un mundo juvenil, no solo etario, sino por todo lo que la juventud o la adolescencia conllevan.

El narrador es Agustín, un chico de diecisiete años que está enamorado en secreto de su mejor amiga: Tania. Busca el modo menos chocante de decírselo, y ante una primera negativa (aunque no va a ser el único intento) a Agustín se le van abriendo otras puertas que lo conducirán a experimentar nuevas aventuras, o al menos, situaciones inesperadas.

Baráibar, notoriamente nutrido de su propia historia de vida, recrea con frescura la complejidad del carácter adolescente, que oscila entre los tiempos de estudio y el estrés, y las salidas a los bailes, toques, alcohol y sexo.

Siguiendo a Marcelo Viñar, en una conferencia suya, pienso que los adolescentes “hablan por sus actos y sus producciones culturales, por sus conductas de riesgo, por sus estilos vestimentarios y musicales que en general desconciertan, que fascinan o desagradan al establishment, por sus tatuajes y sus piercing, por sus aptitudes y rapidez adaptativa al mundo de la informática. Por su tiempo interminable – quizás adictivo – a la computadora y el Cybercafé.

Así, puede decirse que los personajes de esta novela hablan mediante su cuerpo, mediante su performance ante el mundo. No así Agustín, que es el protagonista, además de porque es el narrador, porque se construye a sí mismo a lo largo de la obra, y sobre todo, porque no intenta transmitir nada. Nosotros acompañamos a Agustín en la búsqueda de su verdadero Yo. En las líneas iniciales, cuando siente que quiere romper el espejo con el puño, la rabia que lo conmina a hacerlo no es tanto la posible negativa de Tania, ni siquiera el mero hecho de ser tan tímido hasta el punto de no soportarse; lo que realmente lo enoja es su propio rostro como significante sin significado concreto. El rostro es el primer “nudo significante”, en términos del filósofo Emanuel Lévinas.  La voluntad de Agustín parece ser desanudar el nudo significante para vincularlo, de una vez por todas, con su verdadero significado. Y para eso ha notado, como los personajes de las novelas de Paul Auster, que el azar es un buen ayudante: el poema del padre de Agustín, “las voces de los días”, simboliza el camino que transitará el adolescente hasta encontrarse (o no) con su verdadero Yo. Este camino parece definirse más por escuchar, y saber interpretar, al mundo, a los otros; olvidándose un poco de sí mismo para poder, paradójicamente, encontrarse uno, o construirse en la marcha.

Una cama de dos plazas para nosotros solos.
Siempre se hacían chistes sobre eso. A mí me parecía que era algo que les pasaba a los viejos y que era una cosa que yo podía controlar. A mí no me iba a pasar. Y si algún día me llegaba faltar un poco de firmeza, bueno, sería cuestión de esperar unos segundos, hacer algún mimo y al toque se tendría la dureza necesaria.
Pero no. La dureza necesaria esa noche no vino. Esperamos unos segundos. Unos mimos. Chistes. Pero no. Desde aquella vez que se me cayó el pantalón bailando el pericón nacional en pleno acto patrio, esta fue la vez que sentí más vergüenza en toda mi vida.
Para dormirse me pidió que le contara un cuento o algo de lo que yo escribía.

Calificación: muy bueno.
Editorial: Trilce, Montevideo, 2da edición, 2010.
ISBN: 978-9974-32-471-8

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3 comentarios en “Médanos, Camilo Baráibar

  1. tengo muchos años, sin embargo leí de un tirón la novela de Baraibar, me gutó su frescura.Novela localista, espacios reconocibles y cosas que nos retrotraen a nuestra juventud, no muy diferente en su esencia. Gracias , lotendré en cuenta para regalos a sobrinos nietos y una relectura veraniega

  2. el prologo del libro Canelones imaginario hecho por alumnos del liceo 1 de Toledo esta hecho por este autor, busquè su biografìa pues me encantò. gracias y a continuar autores y lectores hacedores de cultura , pasan cosas buenas , hay trabajo y esfuerzo, se puede y se valora , mamà agradecida mi hija participò de primer año.anagonzalezgonnet

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