Aquí y ahora, Paul Auster y J.M. Coetzee

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Auster
Auster

Quizás pueda sospecharse de entrada qué es lo que realmente motiva la aparición de un volumen de correspondencia como este entre dos escritores contemporáneos… Para eso hay que considerar algunos puntos: 1) Ambos autores están vivos, por lo que: 2) La correspondencia no es, ni por asomo, un asunto clausurado o irrepetible. 3) Las cartas que Paul Auster y J.M. Coetzee se enviaron y que figuran en este libro datan de un período de tiempo muy, muy cercano: 2008 a 2011. 4) Los dos escritores son pesos pesados, autores que, más aquí o más allá, juegan en la Primera División: uno, Coetzee, nada menos que un Premio Nobel; el otro, Auster, un escritor de los más leídos y comentados de la reciente narrativa estadounidense, de producción dispar pero siempre atendible. Vayamos ahora a los posibles motivos, y con apreciar la tapa ya se ve que hay un emprendimiento editorial serio (o más bien, interesado) detrás del libro… Henry Holt & Co. (por Auster) y Random House (por Coetzee) sacaron cuentas y los números les dijeron que sí. Pero mirar sólo ese aspecto puede tener mucho de engañoso, ya que cualquier libro que llega hasta nosotros está dado por un cálculo similar; o, por lo menos, sería una pena quedarse con ese aspecto.

Coetzee
Coetzee

Estas cartas ofrecen en realidad un corte actual dentro de la producción o el pensamiento íntimos de dos escritores, hoy mismo, en estas horas. Y eso es valioso. Probablemente estas cartas se completen en diez o veinte años, pero leer lo que Auster y Coetzee discuten aquí y ahora acerca de economía (grandes o extensas reflexiones sobre la crisis financiera de 2008), deporte (tema que ocupa en alto porcentaje casi las primeras cien páginas del volumen), lenguaje, viajes o lecturas vale la pena. El libro, si tuviera un recorrido más o menos definido, iría desde lo cotidiano, lo exterior, algunas pocas veces lo anodino (típico de la intimidad de dos amigos) hasta lo íntimo o lo que ya empieza a serle muy caro a los autores: sus relaciones con la escritura y particularmente con el lenguaje y la forma en que procesan los estímulos, o lo fenomenológico. Es como si, a través de los meses, Auster y Coetzee ganaran de a poco confianza el uno con el otro como para poder, de pronto, escribirse sobre aquello que duele, como por ejemplo su relación con el inglés. Coetzee, al respecto, da un notable complemento a las ideas que ya había esbozado sobre la oscilación entre el afrikaans y el inglés en “Infancia” y desglosa la noción de lo que sería la lengua materna a partir de la lectura de un texto de Jacques Derrida. Auster mantiene el nivel, pero también no deja de ser Auster, aquel de las coincidencias y de las anécdotas como las de “El cuaderno rojo”, y llega a asombrar con historias extraordinarias como la que cuenta de sus encuentros con Charlton Heston. Como para pensar una vez más en esa engañosa superficie de su escritura que refleja a la vida en los brillos o las opacidades de la escritura. Parecería, por tanto, que la correspondencia se interrumpe en lo mejor, cuando el libro levanta y pasa de ser una amena y buena lectura a un texto cada vez más exigente en el que un escritor y otro se alumbran entre sí para comprender las idas y vueltas de la representación, la imaginación o la libertad del acto de la escritura.

Querido Paul:

(…)
Sospecho que a partir de ahora la presencia/ausencia de teléfonos móviles en el mundo narrativo de uno no va a ser una cuestión trivial. ¿Por qué? Pues porque gran parte de la mecánica de la escritura de novelas, tanto en el pasado como en el presente, consiste en poner información a disposición de los personajes o bien ocultársela, en reunir a gente en la misma habitación o mantenerla separada. Si de repente todo el mundo tiene acceso a todo el mundo –es decir, acceso electrónico-, ¿qué pasa entonces con toda esa trama? En las películas ya estamos acostumbrados a ver cómo se invoca toda clase de pequeñas estratagemas argumentales para explicar por qué el personaje A no puede hablar con el personaje B (se ha dejado el móvil en un taxi, las montañas lo han dejado sin cobertura). Pero la situación por defecto ya es que , salvo en circunstancias extraordinarias, A siempre puede contactar con B.
¿Acaso el hecho de que todo el mundo siempre tenga acceso a todo el mundo se va a convertir en la norma de la narrativa del mañana (qué digo, de hoy), con el corolario de que si en un mundo narrativo concreto todo el mundo no tiene acceso a todo el mundo entonces ese mundo narrativo pertenece al pasado?
(…) ¿Acaso muchas de las historias que escribimos tú y yo y la gente como nosotros están condenadas a ser consideradas ficciones basadas en la premisa de la no existencia del teléfono móvil, y por tanto puramente pintorescas?

John

Calificación: Bueno.
Título original: Here and Now (2012).
Traducción: Benito Gómez y Javier Calvo.
Editorial: Alfaguara & Mondadori, Buenos Aires, 2012.
ISBN: 978-987-658-182-0

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