Yo, etcétera, Susan Sontag

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Sontag
Sontag

Este libro recoge varias piezas de narrativa breve originalmente publicadas por Susan Sontag en revistas como The New Yorker y Harper’s Bazaar. Esta naturaleza híbrida hace que el conjunto sea desigual en forma, tono, calidad e intenciones. Es evidente que la imaginación de Sontag no está a la altura de su calidad de ensayista, o, para decirlo de otro modo, las ideas de Sontag no encuentran en sus ficciones un vehículo que pueda llevarlas a donde necesitan ir. Lo que ocurre entonces es que las ideas acaban por canibalizar los textos desde dentro. La alegoría excesiva de “Repaso de antiguas quejas” es muestra elocuente de esto, uno de los textos más extensos del libro en el que el narrador expresa sus motivos para abandonar cierta organización, y a medida que lo hace ofrece cierta cantidad de detalles sobre el funcionamiento de esa organización, al punto de que esta acaba pudiendo representar casi cualquier cosa, desde el cristianismo al capitalismo, pasando por el lenguaje, la cultura, la vida humana… En mi caso, no logró mantener el interés por más de unas decenas de páginas. Otro de los textos pobres del volumen es “El muñeco”, que cuenta la historia de un hombre que decide fabricar un robot idéntico a él para que lo sustituya en prácticamente todos sus deberes. Al principio, todo funciona bien, nadie nota el cambio, ni siquiera su esposa. El problema surge cuando el muñeco se enamora de su secretaria y quiere abandonar el proyecto. La solución parece evidente: construir un segundo muñeco. Si el argumento suena conocido es porque se trata de la misma historia de “Multiplicity” (“Mis otros yo”), una comedia de 1996 protagonizada por Michael Keaton. En su caso, no se trataba de muñecos, sino de clones. El texto es muy anterior a la película, pero eso importa poco al momento de rescatarlo.

A pesar de los ejemplos citados (y de otros que no mencionaré) “Yo, etcétera” es uno de esos libros a los que les alcanza una sola de sus partes para salvarse para siempre. Esa parte feliz es “Declaración”, un breve relato magistral. Hay otras dos piezas que participan levemente de la misma magia: “Proyecto para un viaje a China” y “Excursión sin guía”. En los tres casos se trata de textos que evidentemente surgen de la memoria: una reconstrucción fractal de la experiencia. No están exentos de las ideas cuyo peso agobia al resto, pero aquí el arte de Sontag ha logrado incorporarlas de un modo menos directo. El procedimiento fragmentario está justificado, de modo que los saltos y la aparente falta de cohesión no confunden al lector, que agradece estar ante un texto que a cada momento busca escapársele de las manos.

Hipótesis. Los individuos que parecen realmente excepcionales dan la impresión de pertenecer a otra época. (Ya sea a una época del pasado o, sencillamente, del futuro). Nadie extraordinario parece ser cabalmente contemporáneo. Las personas que son contemporáneas no parecen ser absolutamente nada: son invisibles.

Pero volvamos a “Declaración”. Allí no hay una historia ni muchas historias, sino un puñado de sinopsis que acaban por articularse de una forma que no deja de ser misteriosa, más o menos como el ritmo y la rima interna en un poema de verso libre genera música. De tal modo, parecería que estamos ante un conjunto de apuntes sueltos del diario de una mujer neoyorquina de mediana edad. Estos fragmentos versan sobre su relación con una amiga depresiva (Julia); reflexiones sobre el arte, la ciudad, la economía, la tecnología, la salud mental; el potencial de un joven escritor rebelde y autodestructivo (Lyle); las historias de tres mujeres negras (Doris, Doris II y Doris III) y sus hijos, muertos, encarcelados o subyugados por una secta… etcétera. Y si parece demasiado, luego de leer las 23 páginas del relato uno queda con una sensación de suma incomodidad, al punto de que es probable que tenga que volver y releer una o dos veces, y aún así la lectura verdadera se completará días o semanas después, cuando el sonido de cada fragmento al caer se silencie y la música que une los pedazos suene por debajo. Esa música es la del desamparo y el aislamiento, y la de los remedios y alivios que la gente pone entre sí misma y la tristeza, como escudos frágiles, un montón de intentos absolutamente inútiles y, por ello, tan conmovedores.

Supongamos, sólo supongamos, alma abatida, que intentas vivir una vida ejemplar. Ser bondadosa, honorable, considerada, justa. ¿En virtud de qué autoridad? Y nunca sabrás, así, lo que más anhelas saber. Para alcanzar la sabiduría es preciso vivir una vida que sea singular en otro sentido, que sea perversa. Para saber más, debes invocar todas las vidas que existen, y excluir luego lo que no te place. La sabiduría es una empresa despiadada.

Pero ¿qué decir de aquellos a quienes amo? Aunque no creo que mis amigos puedan seguir adelante sin mí, sobrevivir no es tan fácil; y probablemente yo no pueda sobrevivir sin ellos. Si no nos ayudamos recíprocamente, desamparados y enloquecidos albañiles que hemos olvidado la ubicación del edificio que estábamos levantando…

Calificación: bueno.
Título original: I, etcétera (1963)
Traducción: Eduardo Goligorsky
Suma de Letras, Argentina, 2005.
ISBN: 987-578-004-9

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2 comentarios en “Yo, etcétera, Susan Sontag

  1. Hola, Leo, acabo de leer tu comentario sobre un libro de una autora que desconozco, pero leyendo un fragmento, el segundo, que transcribes me motivó a querer seguir en su lectura, parecería que me tocó un punto sensible. Muchas gracias por tu lecturas cuidadosas e inteligentes.Me lo regalaré para lectura de Enero, vacaciones.Que tengas un muy buen año laboral y que sea mejor en lo personal.Cordialmente: María Esther López

  2. Esther: gracias por tu comentario, y por pasar a leer los apuntes de lecturas que vamos dejando en el blog. Si no conseguís el libro, avisame… puedo prestártelo a través de Rodolfo. El cuento “Declaración” tiene que ser leído. Saludos.

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