A quién le cantan las sirenas, Damián González Bertolino

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González Bertolino
González Bertolino

Entre lo que se puede distinguir como nueva joven narrativa uruguaya (si bien demarcar sus límites es por demás complejo), hay ciertas voces, a esta altura, más que atendibles. Y ya no son ni tan jóvenes ni tan nuevas.  Damián González Bertolino (Punta del Este, 1980) es una de esas voces. Y lo es por muchos aspectos. Entre ellos puede destacarse su versatilidad: si tuviéramos en cuenta la clasificación tripartita de Gabriel Lagos, en la narrativa de González Bertolino hay elementos de los tres subgrupos: las referencias al jazz, al fútbol, a la literatura y a ciertas calles y barrios maldonadenses lo emparentan con la cultura pop literaria; a la vez, su libro “El increíble Springer” (sobre todo el cuento homónimo) supo demostrar un interés por la parte “seria” o “formal” a la hora de estructurar un cuento. Y, aunque más heredada de Felisberto Hernández que de Mario Levrero, está muy presente la parte “intimista”; esto en un doble sentido: 1) predominio de narradores en primera persona; 2) introspección e investigación en la profundidad del alma humana, desde lo cotidiano hacia lo universal. El grupo sintáctico nominal, casi oximorónico, “pequeños milagros” (que aparece en uno de los textos del libro en cuestión) da cuenta de ese camino inductivo del que hablo en el segundo punto.

En el volumen que nos convoca se recopilan textos narrativos (tanto impresiones cuasi fotográficas del verano como reflexiones de voyeur) escritos en blogs o libretas personales del autor, entre 2008 y 2012.

Entre sus líneas nos internamos en el mundo de preferencias y costumbres del autor: qué es lo que lee, con quiénes disfruta pasar el día o ir a la playa, cómo ve y describe su entorno y, por consiguiente, el mundo.

En el texto homónimo, “¿A quién le cantan las sirenas?”, nacido de la conjunción de una pregunta de Eliot y un título de Highsmith, González Bertolino vuelve a introducir un escenario recurrente en sus escritos: el campo de golf que se ubica entre el barrio-asentamiento Kennedy y el lujurioso y excesivo Beverly Hills. Este contraste socio-cultural y económico, si bien origina más simbiosis que enfrentamiento, se hace notar si comparamos dos personajes: las sirenas y los caddies. Las sirenas son las mujeres de la piscina, esposas de los jugadores, que habitan una gran casa cercana al fairway del hoyo 5: tal vez sean turistas, indescifrables, de mirada perdida y voz alejada, cuyo mundo siempre es ajeno pero cuyo canto puede ser fatal. Los caddies son los transpirados, los que alcanzan los palos de golf a los pudientes jugadores, los que desearían poder sucumbir, inútilmente, ante el canto de las sirenas. En el cuento “Threesomes” se repite ese binomio contradictorio, encarnado en Morán y la señora Etchegoyen. Luego se pasa del plano del juego de golf, al plano donde el narrador, como otras tantas veces en el libro, se encuentra en la playa mirando a los demás, trazando sus descripciones fenomenológicas, explicando una nueva idea sobre los cuerpos en verano y las sirenas desde otra perspectiva.

En “Todos los pequeños milagros”, el autor constata, comparando el arribo accidental de un lobito de mar con el film “Ordet”, de Dreyer, que hay pequeñas cosas que uno debe saber apreciar y reconocer como pequeños milagros.

En los otros textos, aparecen más “personajes/personas” que integraban o integran la vida cotidiana del escritor: su padre, sus amigos, Franco, Victoria, Matilde.

En suma, el primer libro de narraciones autobiográficas de González Bertolino, que, a pesar de la brevedad que exige el sello editorial, deja un considerable número de breves relatos (8) para disfrutar leyendo bajo el sol playero del verano, levantar la vista y empezar a ver lo que nos rodea con nuevos ojos.

Íbamos esta tarde en la bicicleta con Matilde por el viejo camino de la perrera. Cruzábamos los campos aledaños al arroyo Maldonado en los que ella podía ver a sus adorados caballos desde el cuadro de la bicicleta. El recorrido era largo e incluía pasar luego por El Jagüel y el Kennedy para terminar en la Brava. Hacía mucho calor y el sol nos pegaba desde atrás. Del lado donde se hallan los restos de la goleta Muriel, aterrizó un avión con la misma suavidad con que llegaba el viento. Luego vimos unas vacas con varios terneros y paramos a contemplarlos desde el alambrado. Matilde se quedó impresionada con el tamaño de los animales. Y yo también. Hacía tiempo que no me acercaba tanto a una vaca y eso me hizo perder un poco la noción de las proporciones. Cuando subimos a la bicicleta le pregunté qué le parecía todo aquello. Me dijo que le gustaba, pero unos metros más adelante agregó:-       ¿Podemos pasar mañana por acá así recordamos esto? (“Memoria”, 2009)

Calificación: Muy bueno.
Editorial: Trópico Sur (colección Minilibros 50), Maldonado, 2013.
ISBN: 978-9974-8357-3-3

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2 comentarios en “A quién le cantan las sirenas, Damián González Bertolino

  1. Lo charlamos con otras personas… Damián cada vez escribe mejor.
    Esos pequeños relatos despertaron en mi la sensación del niño que encuentra monedas en la calle y puede pasar por algún almacén y comprarse algo antes de llegar a su casa.

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