El fideo más largo del mundo, Bernardo Jobson

Jobson
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Volver a ciertas cuestiones, a veces, se hace inevitable. En este caso, es menester volver a la cuestión del canon, de los escritores consagrados y olvidados. ¿Por qué un escritor con el talento de Bernardo Jobson es un olvidado? ¿Por qué su nombre no integra la mayoría de las antologías de la literatura argentina? No parece ser una razón alegar que es santafesino, porque además de que sus cuentos están ambientados en Buenos Aires, hay abundantes muestras de que buenos escritores del interior argentino han asomado la cabeza. ¿Entonces? ¿Importa su origen judío? En ese caso, Verbitsky no sería, como es, uno de los autores argentinos más leídos en la actualidad. ¿Habrá que resignarse a la simple hipótesis de que la trascendencia en el ámbito literario pertenece más al azar que a la calidad literaria del autor? No. Una proposición un poco menos aleatoria sería pensar en el aparato propagandístico que muchos escritores han hecho maquinar en torno a su figura y a su proyecto escritural. No hay mucha distancia entre la calidad literaria, ni entre el estilo de las prosas, un poco desordenadas, donde predomina el estilo indirecto libre, de Cortázar y de Jobson. ¿Por qué Cortázar trascendió y Jobson no? Porque Cortázar se habría puesto en campaña para trascender, y Jobson no. El primer autor publicó muchas obras, del segundo solo aparecieron un par de cuentos dispersos en varias revistas, y este volumen los recopila. El gran cronopio, además, integró el conocido “boom” latinoamericano, en el cual integró una suerte de red intelectual de izquierda, donde además de escritura, había que investirse del personaje que conllevaba ser un intelectual de izquierda: encabezar movimientos revolucionarios, dar conferencias, mantener correspondencias con autores de otros países, otorgar entrevistas, vivir cien por cien la vida del escritor comprometido, al estilo de Saramago o Sartre. Jobson, escritor de perfil más bien bajo, es como ese regalo de navidad cuyo paquete es pequeño y feo, y todos los niños dejan para abrirlo al final. Cuando lo abren, se dan cuenta de que el regalo es tan bello (o tal vez más bello) como cualquier, pero cuesta decidirse y abrirlo.

Se puede decir que en este conjunto de cuentos percibimos un proyecto coherente: hay temas recurrentes (como el padecimiento, la tristeza y la imposibilidad del ser humano para modificar ciertas situaciones más o menos incómodas), hay un tono humorístico que condimenta, inequívocamente, esos temas serios. Recordemos la fórmula de Bergson: la risa viene a ser la corrección de una situación irregular con respecto a la cotidianidad, el bálsamo de cualquier anomalía. Y hay, además, un estilo prosístico que nos recuerda, inevitablemente, a Julio Cortázar (aunque en el punto de vista con el que el autor capta el mundo, podemos divisar, si hubiera existido tal conexión, a Felisberto Hernández); a ese Cortázar en cuya narrativa confluyen, a veces armónicamente y a veces caóticamente, el mundo “real” y el mundo mental de los personajes.

“Despelote a la hora del balance” abre el volumen y es uno de esos cuentos críticos con la burocracia de un país, muy en la línea benedettiana. Tal vez lo más flojo del libro.
En “Los caballos no saben que es domingo” se asoma una de las pasiones de Jobson: las carreras. El escenario se vuelve un poco onírico cuando gana el caballo que nadie esperaba y que nadie consideraba como favorito.
“Si viene el cinco” es el otro cuento en donde el mundo de los hipódromos toma protagonismo. Esta vez, con un tono un poco más realista y desalentador.
“Frío”, un cuento dedicado a Abelardo Castillo, es uno de los puntos altos del libro: un hombre no consigue trabajo y está a punto de ser echado de la pensión en la que reside, en pleno invierno.
“Te recuerdo como eras en el último otoño” es de esos relatos en los que la carcajada está asegurada: un hombre está imposibilitado para ir a trabajar porque le ha salido un grano en el culo.
En “Vanitas vanitatis”, uno de los cuentos más cortos del volumen, nos adentramos en la peligrosa relación entre Aníbal Troilo y la guitarrista que lo acompaña.
“Una vez que caen” es un cuento de boxeo cuya trama es notoriamente similar a la de “Por un bistec” de London. El boxeador veterano, pobre y tercermundista está destinado a perder con un joven negro norteamericano. Otra vez, la distancia entre púgiles es ineludible y trágica.
En “Una de las cuestiones judías”, dos judíos parecen ser amenazados por llamadas telefónicas de unos maleantes filonazis, hasta que se hartan y toman cartas en el asunto.
“Generalmente en setiembre” es un cuento ambientado en un levantamiento contra el general Perón (aunque esto nunca se explicita del todo) y narra la difícil relación entre unos presos que se abstienen de combatir y el arrogante guarda que los vigila. Es el cuento más flojo.
En conclusión, un volumen fuerte y compacto, que se sostiene por sí mismo, es decir, por su calidad y no por la mucha o poca campaña publicitaria que exista sobre el escritor.

 Empezó a caminar de vuelta. Hizo el cálculo. Unas treinta cuadras. No son muchas, se dijo, pero con este frío… y las ganas que tengo de tomarme un café. Puso una mano en el bolsillo de adentro y sacó un paquete de cigarrillos en el que quedaba uno solo. Se lo llevó a la boca y súbitamente llevó su mano al bolsillo de afuera. Contó todas las monedas. Guardó el cigarrillo y a las veintisiete cuadras tomó un café, fumó inmediatamente el cigarrillo y llegó hasta la esquina de la pensión. El mediodía se le había venido encima sin que tampoco hubiese podido evitarlo. En el restaurante había ya mucha gente comiendo. ¿Cómo hacer para pagar?, pensó. Sintió hambre, mucha. La jovata debe estar sirviendo la sopa… Bueno, después de todo me dijo esta noche, así que puedo ir y comer. Quedó con el cerebro en blanco por unos instantes. Luego se dijo: no seas infeliz. En cuanto te vea entrar te tira con una silla. ¿Cuántos años tendrá la jovata? Cuarenta y pico, fácil. ¿Y el marido? ¿Por qué la habrá dejado? ¿Por qué? Río para sí. Con esa cara, ni San Francisco la aguanta. Cuarenta y pico. ¿Y que no se acuesta con un tipo? Volvió a reír. ¿Y cómo la convenzo? ¿Qué le digo?
Sintió que el sol se había ido. Lo único que faltaba, pensó. El cielo estaba gris y negro. Lo único que me falta es que llueva. Me agarra el sobretodo y mañana tengo que salir en camiseta. ¿Mañana? Se le antojó que mañana estaba lejísimo, que no llegaría nunca.

De “Frío”.

Calificación: muy bueno.
Centro Editor de América Latina, “Narradores de Hoy”, Buenos Aires, 1972.
ISBN: —

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9 comentarios en “El fideo más largo del mundo, Bernardo Jobson

  1. Simplemente algunos llegan y otros no. Con la música pasa lo mismo, hay tantas canciones bellas y tantos grandes autores que no se escuchan en la radio ni en los comerciales… Es nuestro deber o nuestro placer salir de cacería y hallarlos. El libro de Jobson es mi preferido de la colección que sacó Abelardo Castillo. Esta edición tiene una entrevista con Bernardo que es imperdible. Que no sea un best seller no significa nada malo, de hecho creo que es lo contrario. Y que vos lo hayas reseñado significa algo. Que no lo olvidamos.
    Un abrazo.

  2. Hermosa reseña!! trabajada y contundente. Encontré la pág. Navegando. Esta edición con la entrevista inclusive, hacen un precioso volumen. Jobson, con Conti, Castillo (algunos) y Blaisten. Hacen un canon de un buenos aires que ya murió.

    1. Gracias por leer, keki, y por tus elogios hacia la reseña. Muy buenos los escritores que nombrás. Bienvenida al Club de Catadores. Saludos.

  3. En estos días estoy leyendo “El fideo más largo del mundo”… y tengo que confesar que estoy realmente asombrado por la calidad expresiva que tenía este hombre. El humor más sarcástico que irónico lo revela como una especie de existencialista gracioso, lo que para mí es toda una novedad. Casi como un Arlt (por ese pesimismo obsesivo) con sentido del humor. Sus escritos no tienen deperdicio; no hay una oración volcada al azar. Estoy muy contento de haberlo descubierto. Y mil gracias por tus datos sobre el autor, que no son tan difundidos. Saludos.

  4. Hola quisiera aclarar que el cuento que consideras mas flojo, esta muy mal interpretado segùn la reseña que haces, Generalmente en septiembre, se da en el marco de un alzamiento contra Peròn, de ahi que los soldados que estan en castigo digan cosas como que hace años que no van a buenos aires, mira que casualidad desde la ultima revolucion! o le pregunten al sargento para que lado patean. Saludos

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