Kyra Kyralina, Panait Istrati

Istrati
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Panait Istrati, el “Gorki de los Balcanes”, nació en Brâila en 1884. Esta ciudad del este de Rumania, debido a las diferentes invasiones y flujos migratorios que ocurrían con frecuencia desde la Edad Media, posee una riqueza cultural muy vasta: griegos, turcos, árabes y rumanos pueblan sus calles y atienden sus negocios.
El lugar ha tenido otros nombres, que con frecuencia son mencionados por el propio Istrati: Drinago, Proilava. Esto se debe a la cantidad de lenguas que se hablan en dicho entorno.
Todo este preludio histórico no es gratuito: en la novela, escrita en adquieren una relevancia notoria la pluralidad de lenguas, así como las ferias típicas del lugar.
Los personajes hablan en varias lenguas y deben llegar a un acuerdo para comunicarse. Cuando esto no sucede, la información suele quedar trunca y los personajes utilizan esa ventaja lingüística que pueden tener con respecto a otros (hay quienes hablan griego y no turco; los hay quienes hablan turco y no rumano, etc.) para mostrar u ocultar información.
Istrati utiliza ese juego de lenguas para ir construyendo los vínculos entre los personajes y no falla en ese sentido: es un punto a favor.
Por lo demás, la novela se estructura en tres grandes capítulos, cada uno de ellos titulado como un personaje. El primero se llama Stavro (que será el protagonista, aunque este rótulo sea confuso, debido a que toda la perspectiva o punto de vista desde el que se nos presenta la historia correspondan a Adrián), el segundo Kyra y el tercero Dragomir, que es el verdadero nombre (luego entenderemos por qué el cambio de identidad) de Stavro.
Adrián es un joven que quiere independizarse de su madre, salir en busca de su propia vida y convertirse en un hombre. Para eso, consigue trabajo en la feria y se despide de su madre, al mejor estilo emotivo, como cuando la madre de Lázaro deja en manos del ciego a su querido hijo. En uno de sus típicos paseos nocturnos, Adrián se encuentra, luego de mucho tiempo, con Stavro, un viejo amigo. Entonces, Adrián se dispone a narrar la historia de Stavro. Este proyecto le consume el resto de la novela. Adrián se sube a una carreta con un par de amigos y se encaminan al pueblo donde tendrán un puesto de venta de granos y otros comestibles. En uno de los parajes que hacen durante el largo camino, Stavro le había intentado robar un beso y cuando Adrián se despierta, y los otros hombres intentan hacer justicia y castigar a Stavro, este comienza a sollozar y se dispone a contar su historia, para que no lo juzguen sin saber cómo ha llegado a ser como es.
Y la historia de Stavro es, en realidad, la historia de Dragomir, el niño que supo ser, y la de su hermana Kyra, que junto a su madre atendían los placeres de los hombres y sacaban réditos por ello. De vez en cuando, el padre de los chicos y el hijo mayor, que vivían en otra casa, llegaban a la casa a golpear a la madre. Esta se cubría el rostro para no quedar desfigurada y poder seguir atendiendo a sus clientes.
Llegó un momento en que ni la madre ni los niños pudieron seguir soportando el avasallamiento del padre y el hermano mayor y tomaron medidas al respecto. Idearon un magnifico plan. Desde ese entonces, Dragomir y su hermana Kyra tuvieron que comenzar una vida errante y nómade. Aquí la novela adquiere un tinte entre bucólico y pastoril, si bien la naturaleza no se idealiza; los maleantes que quieren engañar a los dos niños están presentes todo el tiempo, así como las personas que los quieren ayudar. En este sentido, hay una ambigüedad estética: las descripciones de los espacios son bucólicos; las descripciones de los personajes y sus almas son realistas.
Esta combinación de estilos ayuda a la consolidación de una perspectiva del mundo que, además, responde a la complejidad del mundo rumano, que a la vez, concentra en su composición elementos del mundo oriental y del occidental; que a la vez ha sido comunista y que ha tenido un gobierno de ultraderecha como la Guardia de Hierro.
Sin duda, la mística que genera este tipo de países ha fomentado al gusto por lo exótico y lo fantástico que los países europeos tienen, en general, con respecto al Tercer Mundo: la América Latina que llega a Europa es el Macondo de García Márquez. De la misma forma, la Rumania de Drácula que nos ha llegado a través de la pluma de Bram Stoker, un negociante y escritor irlandés, dista mucho de la forma en que la narrativa de Istrati muestra Rumania. Y ese es un factor que hay que tener siempre en cuenta.

Habían transcurrido cuatro años desde que Adrián escuchara de labios de Stavro la historia de Kyra. Cuantos esfuerzos realizara desde aquella fecha queriendo encontrar al salepgdi para ofrecerle el testimonio de su afecto y sincera amistad, resultaron inútiles. El desgraciado “botillero” no aparecía en parte alguna, acabando Adrián por creerle muerto.Y la ya muy agitada existencia de nuestro joven, siguió su destino.
Pero esta vez el destino se hallaba a su servicio, ya que le facilitaba lo que más le interesaba en la vida: penetrar en lo profundo del alma humana. A pesar de que estas almas a que el joven gustaba asomarse, eran poco comunes y de muy difícil descubrimiento en medio de la multitud anónima, él supo buscarlas, supo descubrirlas, aunque muchas veces fuera la casualidad quien se las presentara.

Calificación: muy bueno.
Título original: “Kyra Kyralina” (1923)
Traducción: Ramón Hervás
Editorial: Caralt, Barcelona, 1977.
ISBN:84-217-4220-5

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