My favorite things. Conversaciones con John Coltrane, ed. Michel Delorme

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Delorme
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¿Están las entrevistas a músicos por lo general, o en su mayor parte, fundadas en una suerte de falacia? ¿Y en qué consistiría dicha falacia? Probablemente en querer aprehender, en un cierto lenguaje como el verbal, el misterio que se suscita en otro lenguaje que es intercambiable… En muchas ocasiones puede observarse que, aun en casos notables, las entrevistas a músicos que aparecen en las revistas especializadas se concentran en aspectos extra musicales, por más interesantes que sean. En las entrevistas a músicos de jazz, si bien el nivel del contenido intenta ajustarse a aspectos técnicos, pareciera que se anda por la cornisa. Intentar que alguien como Charlie Parker o como Cecil Taylor pretenda explicar qué ocurre o cómo interactúa con su instrumento puede ser demencial. Lo que queda son aproximaciones… El presente volumen recopila tres entrevistas del periodista francés Michel Delorme realizadas al saxonfonista John Coltrane entre 1962 y 1965 con motivo de sus conciertos tanto en París como en Antibes. Si bien el libro comienza con una cauta introducción de Delorme, pronto se descubre que en las entrevistas hay varios sobresaltos. En la primera de ellas, realizada en colaboración con Jean Clouzet, hallamos a un Coltrane cansado, en horas de hotel, que responde dubitativo a preguntas no del todo inspiradas como: “Cuando elige un nuevo tema, ¿en qué criterios se basa para decidir si lo interpreta con saxo soprano en lugar del tenor, o a la inversa?”… O: “Parece admirar mucho a Sidney Bechet, a quien además ha dedicado una pieza; sin embargo, sus concepciones del saxo soprano son aparentemente opuestas. ¿No tiene esa impresión?”… Lo bueno es que los pecados que devienen de la timidez o la tirantez de los periodistas son redimidos por las contestaciones de Coltrane la mayoría de las veces. Así, en el corte diacrónico que nos ofrecen estas entrevistas a lo largo de tres años, encontramos a un Coltrane obsesionado con la forma, con la posibilidad de no repetirse y de redefinir su postura frente a la interpretación sonora, más allá de los problemas o las necesidades personales en los que se vio por esos años (todo vinculado a las drogas, la alimentación, la espiritualidad y la religión, etc.). La sensación que dejan estos diálogos es la de una inseguridad permanente y al mismo tiempo inherente a una profunda vocación artística. A Coltrane le sienta bien el cuarteto con Garrison (contrabajo), Jones (batería) y Tyner (piano), pero no sabe si es lo definitivo, allá por 1962. No sabe si debe prescindir del piano, como ya lo había hecho Ornette Coleman… Tres años después, en el Festival de Antibes, mantiene el cuarteto… O no sabe si encontrará un socio de vientos como Eric Dolphy, pero se le pasa señalar, quién sabe por qué, lo excepcional de las sesiones de “The avant-garde” que había registrado con el trompetista Don Cherry a mediados del año 1960. En el medio, hasta 1965, Coltrane dejaría perplejo a más de uno con los golpes de timón que se dan entre discos como “A love supreme”, “Ballads”, o el irreverente “Meditations”, grabado para Impulse!, un tiempo después, con la sociedad de Pharaoh Sanders también en saxo tenor. En definitiva, estas conversaciones muestran a un artista superior, a un hombre en el medio del camino de su vida y en el más difícil de sus trances, pero en esa situación en la que todo artista debería hallarse para salvarse. En una de las respuestas, Coltrane necesita hacer comprender que su interpretación debe alejarse de los preceptos estéticos, de los encasillamientos, y que debe ligarse a una concepción distinta, como la del derviche que busca encantar, pero sin pintoresquismo. Hay un orden superior o desconocido que está aguardando al artista; como en una reedición de una era mágica del Hombre, Coltrane cree que de alcanzar dicho orden sería la vida misma, en su conjunto, la que se alteraría de un modo inigualable.

-¿No cree que cada año se acerca usted más a la música atonal?
-No lo sé. Es probable. Creo que sí, pero no sé si lo llamaría así, porque aún no sé qué voy a hacer exactamente, ¿comprende? Todavía lo ignoro, pero creo que a fin de cuentas estará más cerca de la música modal que de la música atonal. Pese a todo, no estoy seguro porque habrá probablemente un poco de las dos; se solaparán; no será algo definido y claro, que pueda decir “es esto”, porque nunca será lo mismo. En otras palabras, la naturaleza de cada pieza pide una determinada interpretación. Por eso intentaré dejarme guiar por lo que me inspire el tema
-¿Cree que es importante ser un buen compositor, como Monk, por ejemplo?
-¡Sí, es formidable! Es lo que todos los músicos deberían hacer: escribir sus propios temas.
-En una pieza como Chasin’ the Trane sólo le acompaña el bajo y la batería. ¿Es algo deliberado que va a tener continuidad, o era sólo para esa ocasión?
-Puedo hacerlo a veces. Sólo cuando surge así.
-¿Eso le abre nuevos horizontes?
-¿Quiere decir sin piano?… ¡Sí, claro! Pero también se puede hacer lo mismo con piano. Eso depende de lo que tengas en mente.
-¿Se siente más libre así?
-A veces. A veces me siento más libre, a veces no. A veces siento la necesidad, siento que me gustaría tocar sin piano.
[…]
-Esta noche tocaré dos o tres temas que no suelo tocar, pero en realidad no son temas nuevos. Me encanta tocar algunos de mis temas que, para mí, son muy armoniosos, como Aisha o Syeeda’s Song Flute, pero voy a componer otro para mi hija, aún más armonioso. La pieza que considero mi mejor composición es Naima, pero no puedo tocarla en cada concierto.

Ya es la hora de ir al concierto y nos dirigimos hacia la Salle Pleyel. Por el camino, Coltrane me hace muchas preguntas; es su turno.
-¿Bud Powell está mejor?… ¿Quién toca en París en este momento?… ¿Quién había en el Festival de Antibes?… ¿Ha escuchado a Tony Williams, el joven batería de Miles Davis? Es formidable, ¿verdad?… ¿Quién dará los próximos conciertos parisinos?… ¡Roland Kirk! Va usted a oír algo serio… ¿Qué aforo tiene la Salle Pleyel comparado con el Olympia?… ¿La acústica es buena?… ¡Eh! ¿Aquí tampoco atropellan a los polis? (Esto tras una maniobra intempestiva de adelantamiento y un retorno al primer carril al ver la gorra de un policía! Este hombre, que es la calma personificada, la contención, la timidez en persona, es también un bromista cuando le da por ahí.)

Calificación: Bueno.
Título original: Je pars d’un point et je vais le plus loin possible (2011).
Traducción: Isabel Núñez.
Editorial: Alpha Decay, Barcelona, 2012.
ISBN: 978-84-92837-50-2

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