El Libro de un hombre solo, Gao Xingjian

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Xingjian
Xingjian
Si existe una línea que haga visible un desarrollo del tema del individuo ante el poder en la literatura del siglo XX, “El Libro de un hombre solo”, de Gao Xingjian, podría colocarse con las obras que ocupan un tercer y definitivo lugar. En un comienzo podríamos colocar a Kafka, el de “El castillo” y el de la historia del hombre que aguarda junto a la puerta toda su vida; historias simbólicas que, como dijo George Steiner, son un “latigazo de clarividencia”. En una segunda instancia podríamos situar al Orwell de “1984”, una historia ambientada en un futuro distópico, que en sí es, entre otras cosas, un disfraz de la Unión Soviética de Stalin y de tantos otros gobiernos. Si en Kafka las relaciones entre el individuo y el poder son la clarividencia del horror que está por llegar y en Orwell la alegoría encubre una situación que era de dominio público, en el ejemplo de Xingjian hay una tercera forma, que es la del individuo que narra la experiencia desde el interior, y en este caso a manera de memoria desplazada o diferida.
En “El Libro de un hombre solo” no hay alegoría ninguna. Su autor recuerda los años de juventud y primera adultez viviendo en la China maoísta y presenta una realidad en la que el ser humano es azotado por el poder, rebajado, maltratado hasta dejarlo como una pulpa, o, para recordar a Kafka, como una sabandija llena de indefensión. Sin embargo, queda, como un coletazo o un residuo, una de las partes del procedimiento que retrata lo insondable y lo violento del poder, y es el extrañamiento. Esto es lo que vuelve a esta novela un libro áspero y de memorias desplazadas… ¿Quién es el sujeto de la enunciación? ¿Quién es el narrador? Probablemente no la misma persona, aunque sí el mismo “ciudadano”. La novela parece estar recorrida por una imposibilidad del “yo”. El narrador cuenta su vida en China a través de una tercera persona gramatical, y su vida actual a través de una segunda. Las penurias, la persecución y el dolor de la vida en la China posterior al Gran Salto hacia delante y de los primeros años de la Revolución Cultural son presentadas como a otro que quedó en el pasado, fosilizado a esas experiencias. El escritor reconocido internacionalmente del presente de la historia y que pasa de mujer en mujer, acechando un placer que lo libere de la carga de sí mismo, es un “tú”, alguien más cercano con el que se dialoga, pero no plenamente un “yo”. El “yo” puede ser rastreado en la sexualidad… En la China maoísta, las relaciones sexuales podían envolver a sus protagonistas en las circunstancias más penosas. Fuera de China el narrador encuentra en el desarrollo de la experiencia sexual la manera de exaltar (o su contrapartida: anularlo por decisión propia), por fin, el “yo”. Los encuentros del escritor al inicio de la novela con Margarita dan la pauta de que la sexualidad es para el protagonista la posibilidad de diluirse en un estado en el que la Historia no hace mella, un estado en el que el cuerpo, aquello tan escamoteado por el poder, es recuperado.
Este es un libro áspero, sí, pero de una aspereza bella, más bien; un libro en el que la desesperación por vivir y por enfrentar la muerte en lo que se le ha dejado de vida al protagonista llega a niveles de una poesía que trasciende la desesperanza, o la conjura.

¡No importa que seas un insecto o un dragón! Más bien parece un perro perdido, sin dueño, ya no tienes que hacer lo que otro quiera, ya no tienes que buscar que alguien te quiera. Eres como el topo que escarba en la tierra, te gusta la oscuridad, en la que no se ve nada, no se ven las escopetas, se pierde el objetivo que hay que conseguir; de hecho, ¿para qué sirve tener un objetivo?
Has conseguido una nueva vida, esa vida la utilizas como te da la gana, todavía quieres saborear lo que te quede de ella. Lo más importante es vivir con alegría, vivir para ti mismo y ser feliz, no te importa nada de lo que digan de ti.
(…)
La libertad no se da, no se compra, más bien es tu propia conciencia de la vida, el deleite de tu vida. Saborea esta libertad como el placer que sientes cuando haces el amor físico con una bella mujer. ¿No es lo mismo?
(…)
La libertad puede aparecer bajo la forma del dolor y de la tristeza, si estos sentimientos no la ahogan. A pesar de estar sumergida en ellos, aún puedes verla. El dolor y la tristeza también son libres. Necesitas un dolor libre y una tristeza libre, si por algo vale la pena vivir es por esa libertad que por fin te proporciona alegría y serenidad.

Calificación: Muy bueno.
Título original: Yige ren de shengjin (1998).
Traducción: Xin Fei y José Luis Sánchez.
Editorial: Ediciones del Bronce, Buenos Aires, 2ª edición, 2002.
ISBN: 978-84-8453-082-5

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2 comentarios en “El Libro de un hombre solo, Gao Xingjian

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