El bastardo, Carlos María Domínguez

***
***
Domínguez
Domínguez
En una breve noticia sobre la vida de Roberto de las Carreras, y que figura como prólogo a una entrevista sobre el poeta realizada a Alberto Zum Felde, Arturo Sergio Visca desliza este desafío desde las páginas de la revista de la Biblioteca Nacional a fines de 1973: “(…) Roberto de las Carreras merecería que se le dedicara un libro. Un libro que sin dejar de atender a lo anecdótico y lo pintoresco no descuidara lo realmente importante del personaje: su representatividad histórica: ya que asumió con autenticidad las vigencias éticas, estéticas y sociales de ciertos grupos de la intelectualidad uruguaya del novecientos…” A este aserto cabría matizarle la opinión de que de las Carreras, quizás, más que asumir aquellas vigencias, las impuso con el amedrentamiento del vuelo rasante de un fantasma por la aldeana Montevideo de finales de siglo XIX y comienzos del XX. Y cabría agregar, también, que ese vuelo incluyó algo más que un aporte preciso desde lo estrictamente literario, como por ejemplo su influencia decisiva en el temprano y romántico Julio Herrera y Reissig, como sostiene Emir Rodríguez Monegal. En todo caso, Roberto de las Carreras ha parecido más un artefacto literario andante que un poeta cuyos versos recuerden lo mejor de su generación. Este es el punto central de “El bastardo”, la novela de Carlos María Domínguez sobre el poeta: observar cómo se hicieron carne en un solo individuo todas las tensiones finiseculares del Uruguay que demandaba una respuesta al influjo de la modernización. “El bastardo” es, en definitiva, un libro que suena como una respuesta convincente al desafío de Visca.
Nacido en 1875 y fallecido en 1963, de las Carreras fue uno de los principales animadores de la escena poética del 900 que entraba en contacto con el influjo del Modernismo. Luego de un largo recorrido por Europa (nunca estuvo bien claro si llegó hasta la tan admirada París por su generación) comenzó su amistad con Julio Herrera y Reissig y pasó a ser uno de los poetas de la Torre de los Panoramas, un altillo de la casa de Herrera y Reissig desde el que podían divisarse los extremos del aldeano Montevideo de aquellos años. Entre duelos fallidos, bravatas contra otros escritores y una ruptura con el propio Herrera y Reissig, los años de de las Carreras se van extinguiendo en los sopores de la vida de un pueblo bananero brasilero y en los laberintos de la locura heredada de su madre, ya de vuelta en Uruguay. En el prólogo a unos de sus poemarios, “Psalmo a Venus Cavalieri”, Ángel Rama sostuvo que en Gualeguaychú había un archivo que esperaba al escritor que le diera forma de novela. Ese archivo perteneció a Mateo García de Zúñiga y tras él fue Domínguez para poder establecer una genealogía que encontrase una línea explicativa de los arrebatos de su hija, Clara García de Zúñiga, y los de su nieto en cuestión: Roberto de las Carreras. Compañero de jóvenes andanzas de Justo José de Urquiza y de Juan Manuel Rosas, García de Zúñiga se estableció en Montevideo luego de que las idas y vueltas y las traiciones de aquellos dos terminaran por desplazarlo y hacer peligrar la vasta hacienda que poseía en el litoral argentino. En el minucioso archivo que dejó sobre su vida, constan los desvelos que padeció junto a su esposa luego de que su hija Clara se casase con José María Zuviría y fuera prácticamente alejada e incomunicada del hogar paterno. La novela de Domínguez comienza entonces a desplegar un doble movimiento, la narración de la vida de Clara y la de su hijo, continuación de la actitud desafiante que siempre mostró la madre ante las convenciones que el pudor rioplatense imponía. En ese sentido, el trabajo de Domínguez en “El bastardo” se vuelve un ejemplo de fineza y rigurosidad inestimables, así como un esfuerzo por arrojar nuevas luces sobre un período literario de nuestro país que siempre despierta intereses y relecturas a las nuevas generaciones. Lejos de los riesgos de quedarse en la cáscara del asunto mostrando el solo plano de un de las Carreras “tirabombas”, Domínguez efectúa una exploración de un personaje que es también la exploración de toda una sociedad. Si Monegal había señalado que de las Carreras “asume la imagen que otros le han impuesto, la hace suya, la elige”, Domínguez encuentra una explicación que en definitiva recuerda la que consignó Jean-Paul Sartre en su ensayo sobre Baudelaire, o sea la desesperante carrera por recoger de los otros la certeza de su propia imagen. El segundo aspecto que Domínguez subraya de de las Carreras es, obviamente, el de su papel de transgresor con respecto a la moral dominante. “La moral fue, en el 900, el sucedáneo de la fe y de la espada en el dominio de la voluntad del ciudadano, toda vez que la organización del Estado alentaba el fin de la época fratricida.”, afirma Domínguez, quien sin embargo deja entrever que el verdadero valor de la transgresión del poeta fue, más que vivencial, textual. El mérito de Roberto de las Carreras estaría en reconocer que la transgresión no podía darse sino en un plano textual, que la transgresión verdadera era el desplazamiento de ciertos discursos sobre la sexualidad hacia un sitio donde no habían sido colocados antes de manera premeditada, pues textos como la “Apología del carajo”, de Francisco Acuña de Figueroa se agotaban en su propia intención jocosa. “El bastardo” es, por lo tanto, una novela en clave de ensayo importante a la hora de considerar la intelectualidad uruguaya del 900.
No obstante, quizás pueda echarse en falta la presencia del humor tal como se lo podría esperar de un “personaje” como lo fue de las Carreras. El lector puede quedar preguntándose si todo el afán documental y la intención de mostrar el lado patético del poeta que la sociedad desprecia no conspiran contra aquello que puede intuirse de una personalidad como la de Roberto de las Carreras, y que es la distinguida desfachatez de la que hizo gala y que puede saborearse en semblanzas como las de Alberto Zum Felde en la entrevista de Visca citada al comienzo. Por ejemplo, el episodio en el que de las Carreras fuera baleado por Luis Mongrell, hermano de una de las doncellas que requebraba. Relatado por Zum Felde, lo tragicómico del hecho (y del hombre todo) se resume en la actitud de de las Carreras tratando de parar las balas con los revoleos de su bastón. En Domínguez, el bastón es el amuleto que salva al protagonista de una tragedia mayor, tal es el énfasis que el autor le da a la historia.

El tema siempre provocó controversias porque nadie supo si los poemas de Roberto de las Carreras debían leerse como confesiones reales o enmascaramientos, cuánto había en ellos de ficción y cuánto de verdad, si su irreverente dandismo era una máscara o quien la arrancara se llevaría rastros de piel en la mano. Ricardo Goldaracena prefiere explicar esta ambigüedad por la adhesión de Roberto al modernismo, que habría asociado el arte a “una carga que se debe llevar sobre los hombros hasta quedar aniquilado, como una pena que hay que expiar hasta la propia destrucción”. Otro insisten en la incorregible vanidad que lo llevaba a ocupar el centro de sus textos; algunos, entre ellos Emir Rodríguez Monegal, prefieren leer ciertos escritos como confesiones; y los más escandalosos, los que atraviesan el pudor y el sentido de la privacidad hasta lo intolerable, como alarde, bufonada y artificio. Pero fue en ese límite insoportable donde Roberto afirmó su identidad. Si confundió las cosas, es que no halló otro espacio que el de su privacidad, violentada por la confusión pública. Una confesión de falsa sinceridad porque, no contando con otra naturaleza que la del antifaz, se convirtió en reflejo de una moral que lo condenaba al silencio. Expuso lo que todos querían ver y nadie podía tolerar. La superficie fue su excelencia.

Calificación: Bueno.
Editorial: Alfaguara, Buenos Aires, 2006.
ISBN: 978-04-0589-4

Anuncios

Un comentario en “El bastardo, Carlos María Domínguez

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s