Rebeldes, soñadores y fugitivos, Osvaldo Soriano

***
***
Soriano
Soriano
Esta es una recopilación de textos sin un género preciso: hay cuentos, hay reportajes que giran en torno a la figura de una personalidad (ya sea política, literaria o deportiva), hay crónicas e investigaciones y hasta semblanzas y apuntes costumbristas. Incluso sostener que en estas páginas coexisten la ficción y la no ficción es un problema, porque los cuentos que ocupan el principio del libro están asimismo teñidos por circunstancias de la experiencia vital de su autor, tal como lo asume el propio Soriano en los prefacios que acompañan a cada texto. Por lo tanto, podría pensarse que aquí el género es Soriano mismo, ya que se aprecia en cada ejemplo una dicción particular o un tono plenamente reconocible, un tono que más que de Soriano es del “Gordo” Soriano, o sea: una capacidad empática como pocos autores generaron por estas latitudes.
Los cuentos (salvo por la intercalación de una crónica periodística: “La leyenda de la rusa María”) son la apertura de este libro, y principalmente aquellos que tienen, al menos en su superficie, al fútbol como tema. Se sabe que en su juventud Osvaldo Soriano fue un centrodelantero, un nueve grande de área, como los que parecería que hoy fueran relegados. Las anécdotas grotescas y de un realismo delirado de las que parten los relatos “El Míster Peregrino Fernández” o “Gallardo Pérez, referí”, son intercambiables por varios de tantos sucesos que el Soriano jugador protagonizó. (Muchos de ellos muestran una época ya romántica de un fútbol salvaje, una era previa al influjo de las multinacionales y las teconologías, de la que todavía podría haber algún resabio hoy día en el interior tanto de Argentina como de Uruguay.) De todos ellos, quizás el más elaborado y hasta entrañable, el que trasciende más una anécdota de juego que ya de por sí es muy buena, es “El penal más largo del mundo”.
Luego vendría, a golpe de vista, la sección de los grandes personajes, semblanzas de artistas cuya influencia es inocultable para el escritor: Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Carlos Gardel, Stanley Laurel, Oliver Hardy, Erskine Caldwell… En algunos casos, como en los textos dedicados a Gardel, Cortázar o Borges (así como un poco atrás en uno que se ocupaba de Diego Maradona), Soriano realiza retratos sentidos, pero a la vez poco alejados de un aire condescendiente, que a su vez refracta algún que otro lugar común del ‘ser argentino’. (Antes, sin embargo, está la vertiginosa investigación sobre la historia de la Coca-Cola, un texto tan bueno que hace que uno se quede pensando qué habría hecho con dicha materia un escritor como David Foster Wallace, a la luz de lo que había realizado a partir de McDonald’s en “Hacia el oeste, el avance del imperio continúa”.) El libro levanta sobre el final con la serie de textos vinculados con los procesos revolucionarios y con los dictatoriales en América Latina, como “Nicaragua, la revolución más vigilada del mundo” y, principalmente, de un modo conmovedor y en el que se revela la agudeza visual de Soriano, en las descripciones del Buenos Aires de la dictadura que hay tanto en “Buenos Aires después del largo insomnio” como en “Recuerdos de los años de plomo”.
Al final de “Rebeldes, soñadores y fugitivos”, con las últimas páginas dedicadas a la política y en las que el presidente Alfonsín pasa a ser el centro, comienza a formarse como una cierta nube de desencanto en las reflexiones de Soriano. La reapertura democrática no es suficiente; y aun cuando resta hacer justicia con los crímenes de la dictadura, la Argentina que se ve en el horizonte es menos auspiciosa. Un atisbo de tono profético parece advertir la llegada de un problema de difícil resolución, tanto como la controvertida o fatal estabilidad del gobierno de Menem en la que Soriano vio irse sus últimos días de vida.

Esa misma noche, un Renault 12 toma la avenida Corrientes a contramano: tres muchachos bajan del auto, empujan a cuatro paseantes contra la vitrina de un negocio y enseguida, de casi todos los bares, salen otros hombres armados para participar del operativo. Todo es muy lento: uno de los tipos del Renault cruza la calle, entra en el bar donde estamos nosotros y va hacia el mostrador rascándose la nariz con el caño de la pistola. Pide el teléfono y hace un par de llamadas mientras recorre el salón con una mirada insolente.
En esos pocos minutos se puede escuchar hasta el vuelo de una mosca; los clientes han interrumpido sus conversaciones y desvían las miradas hacia el pocillo del café. Hacía mucho que yo no escuchaba un silencio tan cargado de temor, de rencor. Al fin el hombre sale del bar y vuelve a atravesar la calle. Entonces las conversaciones se reanudan en voz baja, con un tono de impotencia y de culpa. “Llegaste justo”, me dice uno de mis amigos, “hace un año que ya no se veían estas cosas.” Más tarde, en el taxi, comenta en voz baja: “Lo que más miedo me da no es la cana, sino nuestro silencio”.
Dos días más tarde viajo a Mar del Plata. Regreso al amanecer, bajo una llovizna terca. A la altura de Quilmes, en medio de la ruta desierta, hay un Ford Falcon parado, con las luces prendidas. Tres hombres se empapan, ametralladora en mano, vigilantes, mientras el otro trata de cambiar una goma pinchada. El tipo, gordo y pelado, se ha quitado el saco: de su cuello cuelga un chaleco antibalas amarillo con el cinturón desatado.
Ver un grupo de paramilitares sudando en una tarea tan poco heroica es un espectáculo que vale la pena. Nuestro coche aminora la velocidad con prudencia y observamos a los tres hombres que acompañan nuestro paso con los caños de las metralletas. De pronto se los ve como deben ser en los momentos más insignificantes de sus vidas: tienen un aire de impotencia, miedo de estar allí, a la intemperie, fuera del auto que ha sembrado el miedo durante tantos años. No olvidaré nunca esta breve imagen de una Argentina en la que hasta los criminales pueden sufrir un percance.

(de “Buenos Aires después del largo insomnio”)

Calificación: Bueno.
Editorial: Seix Barral, Buenos Aires, 2010.
ISBN: 978-950-731-630-2

Anuncios

2 comentarios en “Rebeldes, soñadores y fugitivos, Osvaldo Soriano

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s