Rabia, Sergio Bizzio

Bizzio
Bizzio
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Rabia (2004) transcurre en un universo modesto y realista. Acá no hay héroes ni antihéroes. Hay, en principio, una historia de amor entre un obrero de la construcción y una empleada doméstica. Hasta ahí la misma fábula de siempre. La historia de amor es un pretexto, un motivo desde donde partir para crear una novela en la que las acciones están más ligadas a la elaboración de una representación, a una postura; que a un acto genuino desprovisto de camuflaje.

José maría, el obrero de la construcción que se enamora de Rosa, mata al capataz de la obra donde está contratado. Al convertirse en prófugo decide esconderse en la buhardilla de la mansión de recoleta donde trabaja su novia. Desde entonces la fábula relativiza el tópico del amor convencional y deja lugar a la construcción de un simulacro: José María convertido en un hombre-fantasma, un voyeur que agazapado en los recovecos de la mansión, contempla la vida cotidiana de su objeto de deseo, se entera de que Rosa será madre y ve crecer a su hijo como si mirara un programa de televisión. Sin esfinges ni oráculos, Bizzio prepara el decorado en un barrio de Buenos Aires y monta allí la tragedia ontológica de aquel que siendo, no es.

“ Sus prevenciones, combinadas con su agilidad natural lo hacían desplazarse en la oscuridad con la sutileza de un fantasma. (…) en realidad parecía una imagen de cine mudo proyectada hacia afuera de la pantalla”.

En Rabia la poética del espacio maneja un código de encierro y de guarida -tópico recurrente en otros libros del autor: Realidad (2009), El Escritor comido (2010), Borgestein (2012)- , desde donde el protagonista construye su virtualidad. José María está sostenido, contenido y seguro allí entre las paredes que albergan su invención. Así como no hay súperhéroe sin guarida, tampoco parece haber creadores de simulacros sin ellas. En su proceso de camuflaje en la mansión, el protagonista aprende a vivir tratando de eliminar de su nuevo universo todos aquellos signos – desde un olor, hasta una cáscara de banana olvidada en una escalera) que atenten contra su virtual existencia.

“Decir que leía, se masturbaba y hacía gimnasia en su tiempo libre puede sonar disparatado, pero lo que presupone es razonable: realmente tenía mucho trabajo, alimentarse y satisfacer sus necesidades biológicas básicas eran actividades en las que invertía buena parte del día. En la aventura de bajar desde la mansarda hasta la cocina para robar un poco de comida estaba en juego la libertad, su libertad. Y para eso debía dominarse a sí mismo, más que a la casa”.

Rabia elabora un escenario en donde todas las acciones ocurren en un plano de segundo orden, o de mímesis. Bizzio no recurre a estructuras grandilocuentes, ni a claves de ciencia ficción (género en donde los esquemas del simulacro pugnan por hacerse visibles) que acabarían por robarle el verosímil de la historia; sino más bien todo lo contrario: se ocupa de que la idea de simulación impregne la novela de forma solapada (diálogos permanentes acerca de fingir; Rosa y José María disimulando su romance en el barrio; el entrenamiento a escondidas de José María quien se camufla en la casa como un fantasma) para lograr sobre el final, un golpe de efecto sin arbitrariedades argumentales.

“Volvió una hora después. La ventana de su cuarto seguía abierta. El cielo estaba despejado y muy de vez en cuando pasaba un auto, nadie a pie. La luna brillaba como una piedra radiactiva. Se acostó. Estaba a punto de quedarse dormido cuando oyó unos ruiditos en la parte superior del placard. No se movió. No siquiera pareció importarle que la rata no hubiera salido, que siguiera en el cuarto. Ahora sabía dónde estaba el hueso.
-Buenas noches- dijo.
Se oyó y se sorprendió. Hacía mucho tiempo que no escuchaba su propia voz”.

Calificación: Excelente.
Editorial: De bolsillo, Buenos Aires, 2004.
ISBN: 978-987-566-351-0

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3 comentarios en “Rabia, Sergio Bizzio

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