Sin destino, Imre Kertész

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Kertész
Kertész
En esta novela, la primera publicación de Imre Kertész, su autor afronta el problema de escribir sobre la Shoah y supera las exigencias principalmente en base a un precepto implícito en el libro: no limitarse a la enumeración y la descripción de las peripecias del protagonista y, por lo tanto, pasar por ellas para delinear al final un lenguaje, una estructura que le dé valor a la experiencia toda.
La historia comienza aproximadamente un año y medio antes de la derrota de los nazis. El protagonista, un adolescente húngaro y judío de unos catorce años, se dispone a despedirse de su padre, quien es obligado a prestar servicio en un campo de trabajo. Son instantes de duda, de desconocimiento de la información que se maneja en el mundo de los adultos, y el muchacho no logra entrar o hacerse eco de las preocupaciones del resto de su familia. Es en este punto que comienza a percibirse uno de los rasgos característicos de esta narración: el hecho de que el personaje principal sabe menos que su entorno adulto. Sin embargo, es posible que en la obra haya indicios de que el propósito de la misma exceda al de la novela de iniciación en su alcance, porque aquí el detalle de la inocencia está demarcado por el horror del exterminio y parecería entrar en otra lógica… Con el tiempo, el protagonista logra trabajar en una fábrica. Una mañana, el ómnibus en el que va hacia su trabajo es detenido y todos sus ocupantes, la mayoría muchachos como él, son obligados a descender y a recorrer un largo trecho hasta ser encerrados en un galpón. De allí, sin concesiones, a Auschwitz en tren. Más tarde, de Auschwitz a Buchenwald y de allí a otros sitios hasta recalar de nuevo en Buchenwald. Las peripecias, los detalles y las reacciones de los personajes no son novedosos ni ajenos a quienes están familiarizados con este aspecto de la Historia. La cuestión es que aquí empieza a tallar el lenguaje, porque todo el recorrido del protagonista es narrado de forma despojada, casi sin sobresaltos, como un pasaje hacia otro punto en el que cabría detenerse más adelante. Sobre todo porque el recorrido por los campos de concentración y sus sufrimientos perfilan la idea de que no hay una motivación o un entramado aparente o que este se halla difuminado. Y acá se hace presente, en esa indolencia del personaje de dejarse llevar, la consumación de la clarividencia kafkiana de “El proceso”, o “América”, y su horror incognoscible.
Pero Kertész no es Kafka, en el sentido de que si bien Kafka le tomó el pulso a un estado de la cultura europea de pre-guerra con una figuración particular, Kertész (también él un sobreviviente de campos de exterminio) está en condiciones de pasar a una explicación. “Sin destino” no es, por lo tanto, una obra que le sea indiferente al planteo de que “no hay explicación” para lo que fue la Shoah. Todo lo contrario. Y es en las últimas páginas, cuando el personaje regresa a su pueblo natal, en que se revela una tentativa de explicación, sobrecogedora y luminosa a la vez, pero también impactante, porque es un lenguaje que permite la entrada de la felicidad.

De aquella manera sólo podíamos haber estado viendo el paso del tiempo. Sin embargo, un solo beso podía tener la misma importancia que un día inmóvil en el edificio de la aduana o las cámaras de gas. Así es: si mirábamos hacia atrás nos equivocábamos; y también nos equivocábamos si mirábamos hacia delante, las dos cosas estaban equivocadas. Al fin y al cabo, veinte minutos son bastante tiempo, de manera relativa y también de hecho. Cada uno de aquellos minutos empezó, transcurrió y acabó; y después empezó el siguiente. Ahora, seguí explicándome, cada uno de aquellos momentos en realidad habría podido traer algo nuevo. No trajeron nada, claro que no, pero habrían podido hacerlo. Había que reconocer que cada instante hubiera podido traer algo nuevo, algo diferente de lo que trajo, en Auschwitz y también en casa, por ejemplo en la noche que habíamos despedido a mi padre.
Entonces el viejo Steiner se removió en su asiento y observó. “Pero, ¿qué es lo que habríamos podido hacer?”, pronunciando la frase con una expresión de enfado y de queja a la vez. Le dije que nada, por supuesto, o algo, cualquier cosa, lo que hubiera sido una locura, otra locura, como la locura de no hacer nada, claro, la locura de no hacer nada. “En realidad –traté de explicarles- tampoco es eso.” “Entonces ¿qué es?”, me preguntaron, casi perdiendo la paciencia, y yo seguí hablando más enfadado que ellos. Son los pasos. Todos habíamos estados dando pasos, yo también, y no sólo en la fila de Auschwitz sino antes, en casa. (…) Yo había vivido un destino determinado; no era ése mi destino pero lo había vivido. No comprendía cómo no les entraba en la cabeza que ahora tendría que vivir con ese destino, tendría que relacionarlo con algo, al fin y al cabo ya no podía bastar con decir que había sido un error, una equivocación, un caso fortuito o que simplemente no había ocurrido.

Calificación: Muy bueno.
Título original: Sorstalanság (1975).
Traducción: Judith Xantus.
Editorial: El Acantilado, Barcelona, 2001.
ISBN: 978-84-95359-53-7

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Un comentario en “Sin destino, Imre Kertész

  1. De acuerdo, amigo.- Y esas ùltimas páginas, después de todas las anteriores (calmas desde el inicio), se transforman en un torrente implacable y final.- Un magnífico escritor.- Un gran saludo.-

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