El fondo, Damián González Bertolino

****
****
González Bertolino
González Bertolino

Si admitimos que todo texto literario se inscribe en una tradición, debemos hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo ubicar a “El fondo” en determinada tradición literaria uruguaya? Cabe tener en cuenta las propias declaraciones que hace el autor: al ser interrogado por autores que lo influenciaron en su labor literaria, González hace hincapié fundamentalmente en dos nombres: Felisberto Hernández y Juan José Morosoli. Aunque en la dupla parezca presentarse una dicotomía insalvable, el intento de conciliar estas dos estéticas se logra de una manera decorosa en la obra de González Bertolino.

Teniendo en cuenta que Hernández escribe cuentos de registro más bien urbano, y Morosoli decididamente de campo (salvo en contados casos, como en el relato “El disfraz”), podemos plantear que la narrativa de González Bertolino se desarrolla en un escenario intermedio: un pueblo a caballo entre el campo y la ciudad, notoriamente influido por el lugar de nacimiento del autor: el barrio Kennedy de Punta del Este, y que sería como un primer “justo medio” a tener en cuenta a la hora de conjugar estos dos autores uruguayos.

Por otro lado, el predominio de personajes infanto-adolescentes (presentes tanto en “El increíble Springer”, en “El fondo”, o en el cuento “Los Alienados”) también es moneda corriente en los autores mentados, sirviendo como ejemplo el maravilloso “Por los tiempos de Clemente Colling” o “La pelota” de Hernández, y “Perico” o “El cumpleaños” de Morosoli.

Además se vuelve insoslayable la ligazón de la literatura de González Bertolino con la narrativa de Giselda Zani. En su excelente cuento “Luz de limbo”, de 1956, Zani narra el proceso de fundación de un pueblo que, debido a las referencias dadas, bien puede ser Manantiales o José Ignacio, en el departamento de Maldonado. Teniendo en cuenta que “El Increíble Springer” está ambientado más o menos en la misma fecha, aludiendo a la transición de pueblo a ciudad de Punta del Este, y que ambos cuentos desarrollan una especie de vertiente fantástica, la vinculación se vuelve exigida.

Y hablando de filiaciones, las de Bertolino también apuntan a la literatura universal: el suceso y las descripciones de la ballena anclan en la historia de Jonás, en Pinocho o en Moby Dick; mientras que la enana parece salida de “El cerebro musical” de César Aira. También el modo de narrar del autor se asemeja al de Aira.

Por otra parte, no debemos evitar la mención de una característica, más bien de una inclinación, en que ha ido deviniendo la literatura de Bertolino. El autor ha dado un paso de la literatura fantástica, o al menos extraña, para ubicarse en una suerte de realismo introspectivo. Nótese que el hecho plenamente fantástico de “El increíble Springer” (el crecimiento desmesurado, de un momento al otro, del cuerpo de un personaje) en “El Fondo” se divide en pequeñas anécdotas increíbles que no exceden el plano intra-ficticio (ficciones, relatos del padre, dentro de la ficción misma que es la novela), de modo que a pesar de la ballena, la extraña tribu y los rusos, el realismo de “El fondo” permanece inmaculado. Podemos hacer una salvedad si tenemos en cuenta la extrañeza, la fantasía quizá, de establecer el hecho de la ingesta de veneno de ratas como causa de la enfermedad de la enana.

La narración de la historia se desarrolla de forma impecable (utiliza una delicada primera persona del plural que, si bien podría entenderse como simplificadora de la diversidad entre los niños, es un acierto que estos conformen un “personaje en bloque”, según la terminología de Forster), con pericia estilística, logrando la redondez necesaria para cerrar el libro, suspirar, tal vez un poco entristecidos, y decirnos que sí, que todo cerraba nomás.

–Coman –dijo papá de repente–. No se olviden de comer… Y nosotros hicimos caso. Hasta ese momento de nuestras vidas nunca se nos había ocurrido que aquella cantidad de comida existiera toda junta. Comimos hasta que no pudimos más. Luego de un rato, ya teníamos toda la ropa sucia de la comida y los refrescos que se nos habían volcado. Mamá continuaba bailando como una loca. Subía y bajaba los brazos, hacía con la cola para atrás y para adelante. Y la tía bailaba con ella y hacía lo mismo. Parecían dos novios bailando juntos. Más tarde se acercó a la mesa y nos miró de arriba abajo. Era esa mirada fulminante que nosotros ya conocíamos y que nos decía que nos aguantáramos hasta llegar a casa. La tregua nos daba un alivio; pero para papá era distinto, y ahí nomás discutieron un par de minutos. Antes de volver a bailar con la tía, mamá le preguntó si todavía tenía la llave. Papá le decía que sí, que la tenía, y se la mostró. Cuando mamá se entreveró con el resto de la gente, él se puso a comer. A cada rato levantaba la vista y nos recordaba que había que aprovechar esa comida.
–¿Ustedes qué saben cuándo van a volver a comer estas cosas en su vida?… Saquen hambre de cualquier lado y aprovechen… No sé qué más decirles… Hagan de cuenta que son un perro flaco que anda en la calle y encuentra una carnicería abierta y sin gente…

Calificación: muy bueno.
Editorial: Estuario, Montevideo, 2013.
ISBN: 978-9974-699-44-I

 

Anuncios

2 comentarios en “El fondo, Damián González Bertolino

  1. Una realidad que no debemos olvidar…en mi barrio, la aguada había una famila que les llamaban “los muchos” pues tenían diez hijos, un día con la mesa servida con un huevo para cada uno hubo un choque en la esquina, cosa rara en esos tiempos…todos menos uno salieron corriendo a ver…el que quedó se comió todos los huevos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s