Dublineses, James Joyce

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En 1914 se publicó la primera edición de “Dublineses” de James Joyce (Dublín, 1882- Zúrich, 1941). Sorprende leer un conjunto de quince relatos de corte más bien realista, siendo que uno asocia directamente a Joyce a la experimentación narrativa que alcanzaría uno de sus colmos en “Ulysses” (1922) y luego en “Finnegans Wake” (1939). A los 25 años, Joyce ya había ingresado al mundo de la literatura con “Música de cámara” (1907) y publica “Dublineses”, su segundo trabajo, con 32 años. Por lo tanto, es postulable que el naturalismo estilístico de estos cuentos no es producto de la inmadurez escritural sino que es resultado de una elección concienzuda, de una influencia notoria de Chéjov, y de un sincero intento de fotografiar las complejidades de la vida irlandesa, con todo lo que implica el hecho de “fotografiar” narrativamente hablando.
De todos modos, la diversidad de estos cuentos radica en la proliferación de temáticas y situaciones presentadas, además de la alternancia de narraciones en primera y en tercera persona. Como ejemplo, el vanguardismo cercano al futurismo de “Después de la carrera” no tiene casi nada que ver con “Las hermanas”, tal vez el cuento más extraño del volumen. Estos pares de antinomias pueden realizarse con casi todos los relatos de “Dublineses”. Sin embargo, dentro de la gran variedad de relatos, hay una intención común a todos ellos, o a casi todos ellos, y esta sería la puesta en escena de una sociedad en la que suele haber un enfrentamiento entre una individualidad y unos requerimientos o deberes sociales, teniendo esa tensión su desenlace, la mayoría de las veces, en una catástrofe o una desilusión.
Podremos centrarnos en los cuentos que, para quien escribe, representan lo mejor del volumen.
En el cuento “Las hermanas” se ilustran las diferentes intensidades con las que la muerte de un ser querido afecta a las distintas personas, pero sobre todo los diferentes planos de interpretación de la importancia que en vida tuvo el difunto. Las hermanas del reverendo Flynn parecen ciegas a aceptar que el reverendo, unos días antes de su muerte, o bien comenzó a ser influido por una extraña locura, o bien culminó sus días con una progresiva pérdida de fe.
En “Eveline” se nota claramente ese enfrentamiento del que hablamos como línea temática cohesiva de todos estos textos: el enfrentamiento entre los deberes sociales y los deseos individuales. Eveline es una muchacha que olvida su libertad y su amor, decide ignorarlos, para mantener su acostumbrada y perturbada vida en familia.
“La casa de los huéspedes” es el segundo mejor cuento del volumen. La joven y encantadora Polly, hija de Mrs. Mooney, una sufrida mujer que lleva adelante una casa de huéspedes, comienza una relación con uno de los inquilinos, Mr. Doran, hasta que la situación límite a la que llegan no admite otra solución que una decisión drástica e irreversible por parte de los amantes.
Y, finalmente, el mejor y más extenso cuento del volumen es “Los muertos”. Una gran danza festiva en la que, como en “Sarrasine”, la excepcional nouvelle de Balzac, se dejan entrever los intereses y deseos más ocultos de los integrantes de la vida burguesa.
Gabriel Conroy tiene preparado un discurso para inaugurar el baile anual que celebran sus tías en su gran mansión, colmada de invitados, y entre diálogos y situaciones inesperadas se entera de un secreto profundo de su esposa, suceso que lo conduce a replantearse toda una base existencial y moral que, como las arenas movedizas, aparentaba ser suelo firme pero, en realidad, no era más que terreno escabroso.

Lágrimas generosas colmaron los ojos de Gabriel. Nunca había sentido aquello por ninguna mujer, pero supo que ese sentimiento tenía que ser amor. A sus ojos las lágrimas crecieron en la oscuridad parcial del cuatro y se imaginó que veía la figura de un hombre, joven, de pie bajo un árbol anegado. Había otras formas próximas. Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos. Estaba consciente, pero no podía aprender sus aviesas y tenues presencias. Su propia identidad se esfumaba a un mundo impalpable y gris: el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose.

Calificación: excelente.
Título original: “Dubliners” (1914)
Traducción: Guillermo Cabrera Infante.
Editorial: Salvat, Barcelona, 1972.
ISBN: –

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4 comentarios en “Dublineses, James Joyce

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