Hablemos de langostas, David Foster Wallace

Wallace
Wallace
****
****

¿Qué tienen en común el festival de la langosta de Maine, la entrega de premios de la revista “Adult Video News”, la campaña del senador McCain para las primarias republicanas, la autobiografía de la tenista Tracy Austin y un diccionario de uso del inglés americano moderno? Acertaron: cada elemento de esta serie ecléctica es abordado por Wallace en los ensayos, crónicas y reseñas que forman parte de Hablemos de langostas. El resultado es efervescente. Y si bien los artículos más literarios (o que versan sobre asuntos literarios) como el que se refiere al humor en la obra de Kafka, o al machismo-solipsista de Updike (y de Mailer, Roth y otros) son interesantes, Wallace consigue los picos más altos cuando proyecta su mirada sobre asuntos no-literarios. Por ejemplo, su crónica “Gran Hijo Rojo”, sobre una convención del porno y su posterior ceremonia de premiación anual, es particularmente lúcida y divertida, porque si bien cuenta con detalle lo que todo lector curioso quiere saber sobre lo que pasa tras las bambalinas de algo así, también hay momentos para pensar en las formas en que el fenómeno de la pornografía actual (su evolución hacia modos cada vez más brutales y aberrantes) se conecta con aspectos no siempre evidentes de la cultura de masas: la exacerbación del deseo hasta límites que no jamás podrían ser satisfechos y la soledad de los individuos encerrados en su propio deseo exacerbado. Por otro lado, Wallace no es un observador objetivo. Demos gracias. Así se despacha acerca de Max Hardcore, el autoproclamado creador del género “gonzo” (no pregunten): “El bueno de Max Hardcore, por ejemplo, es un psicópata total: es verdad que es algo que forma parte de su personaje en sus películas gonzo, pero es que también lo es el Max/Paul Steiner de verdad”.

Otro de los momentos notables del libro es la crónica que Wallace escribe (originalmente para la Rolling Stone) acerca de su cobertura de una semana de la campaña del senador republicano John McCain en Carolina del Sur (McCain perdería esas primarias con George W. Bush). Se plantean aquí asuntos muy delicados y trascendentes acerca de nuestros conceptos de liderazgo, confianza, lealtad, pertenencia, escepticismo, más como ciudadanos que como votantes.

Vale la pena plantearse por qué. Vale la pena pensar mucho en por qué, cuando John McCain dice que quiere ser presidente a fin de inspirar a una generación de jóvenes americanos a entregarse en cuerpo y alma a causas más grandes que su propio interés personal (lo cual significa que está diciendo que quiere ser un líder de verdad), muchísimos de esos jóvenes americanos van a bostezar o a poner los ojos en blanco o a hacer alguna broma irónica en lugar de sentirse inspirados como lo hacían los jóvenes con Kennedy. Cierto, la audiencia de JFK era en algunos sentidos más inocente que nosotros (…) pero también hay algo más. La ciencia de las ventas y el marketing todavía estaban en pañales en 1961 cuando Kennedy decía lo de “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti…”. Los jóvenes a los que inspiró no habían sido hábilmente bombardeados por el marketing durante toda su vida. No conocían la manipulación. No estaban total y terriblemente familiarizados con los vendedores (…).

Vendedor o líder, o ambas cosas, o ninguna, la paradoja final –la verdaderamente minúscula que hay en el centro de todo, en el fondo de todas las cajas y recuadros giratorios de los embrollos de la campaña que cubren capa a capa a McCain- es que la cuestión de si de verdad “es real” ahora ya no depende tanto de lo que hay en el corazón de él como de lo que puede haber en el de ustedes. Intenten permanecer despiertos.

El esfuerzo de Wallace está dirigido a una tarea ciertamente difícil, la de problematizar lo que la cultura contemporánea ha naturalizado. Todos los fenómenos de la vida actual que, a fuerza de sistematización, de repetición mecanizada, se han vuelto “naturales” para nuestras mentes, y eso sólo lleva a un destino: problematizar la forma en que vivimos nuestras vidas. ¿Para qué? ¿No sería más fácil vivir en un mundo de mentiras naturalizadas como verdades, teniendo en cuenta que de hecho no existe algo así como la verdad, la verdad última? Probablemente lo sería. ¿Recuerdan aquel personaje de Matrix que traiciona a sus compañeros con tal de que las máquinas lo vuelvan a conectar a la simulación? Se trata de eso, en parte, de lo difícil y dolorosa que puede ser la libertad que surge de vivir conscientemente, permanecer despiertos. La libertad que surge de hablar de asuntos de los que no parece que haga falta hablar, las langostas, por ejemplo.

Calificación: muy bueno.
Título original: Consider the Lobster (2006)
Traducción: Javier Calvo
Debolsillo, Buenos Aires, Argentina, 2008.
ISBN: 978-987-566-428-9

Anuncios

Un comentario en “Hablemos de langostas, David Foster Wallace

  1. hablar de langostas…interesante, los cerdos del mar. maravilloso comentario, excelente y recomiendo a todos los lectores…estamos leyendo, se aprende e incita nuestro cerebro a crear nuevas sinapsis, saludos y gracias.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s