Génesis, Bernard Beckett

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Beckett
Beckett

Si tienen ganas de leer una novela policial-filosófica de ciencia ficción, este es el libro para ustedes. En tal caso, les pido que dejen de leer la reseña, porque no voy a andar con vueltas para proteger las sorpresas que su trama les depara. Las objeciones que tengo para con esas sorpresas son inherentes a mi opinión acerca del libro, a saber: se trata de un libro tramposo. Dicho esto, argumentemos. Pero antes, una breve presentación. Bernard Beckett es un neocelandés nacido en 1967, profesor de matemática y literatura, y escritor de novelas juveniles y ensayos de divulgación científica, que dio el salto (“hoyo en uno”, “la pegó”, “se paró para el resto del viaje”), precisamente gracias a Génesis, publicada en Gran Bretaña y traducida luego a nada menos que 25 lenguas.

Vamos al libro. Es el futuro. Probablemente, el siglo XXIV, aunque eso no se especifica. La joven Anaximandro se presenta ante el Tribunal de Examinadores para presentar la prueba de ingreso a la Academia. La estructura de la novela, entonces, está pautada por la exposición que Anaximandro hace a partir de las preguntas planteadas por los Examinadores, lo cual nos permite tener una idea de lo que ha ocurrido entre nuestro presente y ese futuro distante, mediante el racconto grueso de la postulante.  Y, ¿qué creen ustedes que pasó? Exacto. Una guerra. Un conflicto entre Estados Unidos y China que acabó por implicar al resto del planeta. En este contexto aparece una especie de patriarca, un magnate: Platón. Este exitoso capitalista, previendo que todo acabará por pudrirse sin vuelta, decide llevar adelante su sueño utópico: se muda a una isla y, como todo rico en un vecindario nuevo, lo primero que hace es buscar seguridad, para lo cual construye la Gran Valla Marina de la República. Gracias a su cerca eléctrica de gran tamaño, la isla sobrevive a la debacle mundial. Para estas alturas, Platón es el indiscutido gobernante. Luego, corre el rumor de que afuera hay una peste. Lo que los buenos habitantes de la isla (de ahora en más, La República) hacen es disparar sus rayos láser (sic) sin aviso previo contra todo aquel que se acerque a la isla. Aviones, barcos, todo. La utopía de Platón es previsible: un Estado totalitario dividido en castas (Obreros, Soldados, Filósofos) en el que los padres le entregan al Estado a sus hijos y este, mediante un examen del genoma, decide a qué casta pertenecen. La sociedad ideal, perfectamente controlada, que para funcionar sólo necesita que las personas cedan sus libertades individuales. Como ven, la historia puede parecer un auténtico catálogo de algunos de los más populares lugares comunes de la ciencia ficción blanda. El tema de los tópicos se salvaría mejor, pienso ahora, si los aspectos científico-tecnológicos no fueran, justamente, tratados de manera tan blanda. Aunque, claro, eso podría haber convertido la novela en una obra más árida, más difícil de ser vendida a un público masivo. Quiero decir que el somero repaso de siglos de historia necesitaría más cuerpo: desarrollo, detalles, rigor, etc. Estas son meras especulaciones, provenientes, quizá, de mis gustos para con este tipo de historias. Continuemos.

El tema que la joven Anaximandro ha elegido para su examen es “la leyenda de Adán”. No se trata de nuestro Adán, sino de Adán Forde. Resulta que Adán Forde era un muchacho muy inteligente, perteneciente a la casta de los Filósofos. Claro que también era pasional, rebelde, impulsivo. El arquetipo del sujeto creado para chocar con un Estado que necesita, para perpetuarse, mantener bajo control (y, si es posible, anular) a los sujetos. Adán es la anomalía, la primera anomalía de la República, como una grieta finísima en un jarrón perfecto. Luego de mandarse un par de chiquilinadas, a Adán lo destinan a la Valla. Esa es una buena idea, ¿verdad? “Oigan, tenemos a un hombre que es muy inteligente, quizá un verdadero genio, pero es demasiado volátil e imprevisible, ¿qué hacemos con él?”. “Lo tengo: dale un láser”. Así que Adán se convierte en custodio (junto a un tal José) de una sección de la Valla. Un día, aparece un bote. Es el turno de Adán, tiene que ir a la torre y pulverizar al extranjero, que resulta ser una joven. Adán dice que no puede hacerlo y convence a José de que lo haga él. Cuando José se dispone a convertir a la joven en un montón de cenizas, Adán lo liquida por la espalda. Eso es un héroe. No tuvo estómago para eliminar a la desconocida, pero no dudó un segundo en freír como a un pollo a su amigo. Este es el punto en el que Adán se convierte, definitivamente, en el arquetipo del rebelde. Adán es atrapado. No lo ejecutan porque la gente comienza a simpatizar con él, así que lo recluyen y, finalmente, lo utilizan para un proyecto que es el corazón de la novela.

Recuerden que todo lo que les he contado hasta ahora el lector llega a saberlo a través de la exposición de la joven Anaximandro. De modo que este es también un libro sobre la fiabilidad de las versiones y la distancia entre la verdad y el discurso oficial, pero no hay ningún aporte nuevo al asunto, es tan solo la repetición de algo que sabemos de sobra: “la verdad nunca es como te la cuentan”. Quizá, el problema de la novela se reduzca a eso, a que la autoconciencia que la sobrevuela pretende creer que se está abriendo un nuevo camino cuando, de hecho, todo lo que hay allí es la reutilización de formas clásicas. La sensación que esto deja es que la novela se queda corta, que para realizar las intenciones del autor (las intenciones bastante evidentes de trascendencia) hacía falta una capacidad muy superior a la que las páginas demuestran. Lo bueno de Beckett es que su forma de fracasar no es aburrida. Sí, es trillada; sí, su afán de asombrar es previsible (y, por lo tanto, muy poco asombroso); pero el ritmo de la novela es bueno, y si uno le concede indulgencia y apaga la incredulidad el tiempo suficiente, la lectura se disfruta. Es algo.

El proyecto al que destinan a Adán es la educación de Artfink, un tosco robot con cabeza de orangután, un intento avanzado de Inteligencia Artificial. Mediante sesiones diarias de interacción, Artfink comienza a aprender de Adán. Es en este punto de la novela en que se plantean las cuestiones filosóficas más interesantes. ¿Qué es la inteligencia? ¿Qué es la conciencia? ¿Qué es lo que una máquina no puede replicar de nosotros? ¿Qué nos hace humanos? Beckett vuelve a caer, sin remedio, en lugares comunes aquí, y la voz de Artfink nunca suena creíble, su lógica es demasiado humana para que nos creamos que es la lógica de un robot aprendiendo a pensar (pero, ¿cómo hablaría un robot así?).

-La dificultad que plantea ese argumento –dijo- es que, desde donde tú estás, así es precisamente como debe parecerte. No discuto tu definición, sólo tu opinión de que yo no puedo pensar también a ese nivel. Es natural que te sientas como te sientes. Has visto muchas máquinas. Has visto cómo las construían, y sabes que no son más que partes móviles y sistemas de circuitos. Sabes que no piensan. Las puertas que se abren automáticamente no piensan. Un horno no piensa. Una pistola no tiene mente propia. Y por eso concluyes que ninguna máquina piensa. Al parecer, para ti el pensamiento requiere cierta sustancia especial adicional. Pero intenta verlo desde mi punto de vista. Yo veo muchos seres con cerebro. Un gusano, por ejemplo, una mosca de la fruta, un abejorro. ¿Piensan esos seres, o son sólo máquinas? Puedo hablarte en siete idiomas. Puedo razonar contigo en todos ellos. Puedo construir una versión de mí mismo empezando desde cero. Puedo escribir poesía, puedo ganarte jugando al ajedrez. ¿Quién se parece más a un ser pensante, un abejorro o yo? Yo sólo soy una máquina, mientras que el abejorro tiene cerebro. Seguro que, según tu razonamiento, el abejorro es más pensador que yo.

¿Por qué dije antes que estábamos ante un libro tramposo? Piensen en “La casa de Asterión”, de Borges. ¿Recuerdan que el narrador es el Minotauro, pero ese dato sólo se desliza hasta nosotros al final del relato? Bueno, “La casa de Asterión” no es un cuento tramposo, porque su intención no es la de conseguir un efecto simple y directo: el asombro. Borges muestra con maestría cómo los puntos de vista clásicos se convierten en haces de luz que iluminan sólo una porción del mundo a la vez que nos hacen creer que no se trata sólo de una porción, sino de todo el mundo. Nunca hemos oído la voz del Minotauro, jamás lo hemos concebido como a una criatura con lenguaje, con pensamiento, con punto de vista. No hemos sido capaces de pensar en el Minotauro como en un sujeto, un prisionero, una víctima. Nuestro punto de vista clásico nos impedía acceder a este lado del mito; el cuento de Borges nos abre una puerta y enciende una luz. El procedimiento que elige no es un truco o una trampa, es, simplemente, el procedimiento más efectivo y memorable que se le ocurrió. ¿Por qué hablo de este cuento? Porque Bernard Beckett decide, en Génesis, ocultarnos durante 150 páginas que su narradora no es humana, sino un robot con cara de orangután; y que tampoco son humanos los Examinadores, ni el tutor de Anaximandro, porque la verdad es que la raza humana se ha extinguido y que las máquinas ganaron. Eso es todo, el gran golpe de efecto final. Este procedimiento no abre ninguna puerta, no proyecta ninguna luz, sólo busca una reacción: la sorpresa del lector (y la consigue, sí, aunque el lector no reciba esta sorpresa como un regalo, sino como la constatación de que lo han sometido a un engaño desleal e innecesario). Porque la verdad es que la historia no cambia cuando por fin accedemos a toda la información, como sí cambia para siempre el mito del Minotauro cuando llegamos al final de “La casa de Asterión”, esa es la inmensa y maravillosa diferencia. Y, por último, hay que decir que los fines más o menos trascendentes que persiguen las partes más filosóficamente sustanciosas de la novela se ven menoscabados por el truco final, como si el acto de prestidigitación viniese a negarles la posibilidad de ser algo más que un entretenimiento liviano.

Calificación: regular.
Título original: Genesis (2006)
Traducción: Gemma Rovira Ortega
Ediciones Salamandra, sello Quinteto, Barcelona, 2009.
ISBN: 978-84-9711-130-0

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6 comentarios en “Génesis, Bernard Beckett

  1. n da de estos puedas comentar ms a fondo el cuento de Borges al que haces refrencia. Te felicito y recomiendo la lectura de Leo Cabrera por toda la res…que manwera!, de hacer agradable el que leerte sea un placracias lLeo Cabreras, eres mas entretenido que la propia novela, y…quis alguna vez, puedas referirte al cuento de Borges con ms detenimiento y profundidad. Gracias Leo.

  2. Caramba, que alijo de errores al dedo, disculpa Leo, lo cierto es que eres muy buen escritor.

    El 31 de octubre de 2013 15:51, enrique gonzalez escribi:

    > n da de estos puedas comentar ms a fondo el cuento de Borges al que > haces refrencia. Te felicito y recomiendo la lectura de Leo Cabrera por > toda la res…que manwera!, de hacer agradable el que leerte sea un > placracias lLeo Cabreras, eres mas entretenido que la propia novela, > y…quis alguna vez, puedas referirte al cuento de Borges con ms > detenimiento y profundidad. Gracias Leo. > > > El 30 de octubre de 2013 17:38, Estamos leyendo <

  3. Totalmente de acuerdo con la crítica. Creo que no supo dar la forma adecuada a un argumento que hubiese dado para mucho más. Y, efectivamente, la “sorpresa” final acaba por desbaratarlo todo. Esa manía por “cerrar” los relatos….

  4. Si bien mi comentario viene de un lector povo frecuente, en contraste a las metodologias nerrativad empledas por el autor, en las cuales poseo nula experticia, paso a defender el meollo, el pretexto fundamental porel cual el autor, como cientifico que es, escribe esta novela. Él claramente no pretende innovar en la estructura narrativa de su cuento, sino mas bien exponer nuevas problematicas, perspectivas y enfoques en la filosofia cientifica, quizas no ciento por nuevas, de manera entretenida y agil. Para un lector que proviene del mundo de la ciencia este libro es una excelente lectura que habre mentes sin el atadeo de un simpocio o publicacion cientifica o filosofica eternamentes afligidas por la estructuracion y metodica justificacion

  5. Hola No me preguntéis porqué, pero a mi me enganchó desde la primera página, y me entusiasmó.
    Creo que es un libro para recomendar.

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