El vino generoso, Italo Svevo

Svevo
Svevo
***
***

La narrativa del siglo XX estuvo signada por el influjo psicoanalítico. El balazo para que comenzara la carrera lo disparó Freud en 1900, tras la publicación de “La interpretación de los sueños”, y, desde entonces, los escritores e intelectuales comenzaron a tener una visión mucho menos inocente con respecto al tema onírico y su simbolismo. De la misma forma, el tratamiento del yo como una entidad compleja, a veces escindida en varias voluntades o fuerzas que se oponen, ha sido recurrente. También la relación del hijo con la madre, en un vínculo edípico, ha sido no menos tratado.
El sueño, la identidad, la culpa, el complejo de Edipo, repito, han sido problemas recurrentes en la literatura del siglo pasado, si bien, obviamente, no han sido los únicos.
Este conjunto de cuentos de Italo Svevo, seudónimo de Aron Ettore Schmitz (1861-1928), conjuga de forma insistente dichos temas a lo largo de los cinco relatos que lo componen. No es casual, en este sentido, que Svevo haya sido traductor de la obra freudiana al italiano.
En el primer cuento, que da título al libro, se nos introduce en una cena familiar por vísperas de un casamiento, en la que el protagonista disfruta de la concesión médica: esa noche puede comer y beber lo que quiera. Su mujer y sus hijos parecen representar un control constante y molesto, y los demás invitados censuran su comportamiento gastronómico: todas las miradas le sugieren la culpa. Por la noche, tiene una pesadilla espantosa y eso lo hace consciente de la importancia de la censura médica.
En el segundo cuento, titulado “El asesino de la calle Belpoggio”, vuelve a repetirse la fórmula dostoievskiana: el crimen comienza a generar culpa en el asesino, hasta el punto de que la conciencia trabaja para cavar su propia tumba.
El tercero, titulado “La madre”, es una alegoría fabulada: las gallinas de una granja desean conocer a “la madre”. Este cuento ilustra la necesidad humana de tener un gran referente, una “madre” genérica y total, un dios que custodie y ampare la vida de sus criaturas.
El cuarto cuento se llama “El cuento del buen viejo y de la bella joven” y es, junto con el último cuento, el relato más largo del volumen. Un anciano se enamora y comienza a escribir sobre conjeturas éticas y sentimientos humanos con la finalidad de sentar las bases de una moral universal, hasta que termina por quedar atrapado en su propia telaraña kantiana.
El último cuento, “El específico del doctor Menghi”, consta de una técnica narrativa distinta del resto: un científico lee en una reunión de la comunidad médica la carta-testamento que dejó el doctor Menghi al morir, debido a los intentos por aplicarse a sí mismo la Annina, una sustancia que podría detener el deterioro de la vida y lograr la inmortalidad.
En todos estos cuentos, más allá de la intensa carga autoanalítica de los personajes, aparecen en todo momento las instituciones de disciplinamiento y control, ya sean médicas, educativas, laborales o familiares.
Entendiendo todo esto es que podemos conciliar con la opinión de Eugenio Montale al referirse a Svevo como un autor moralista. En general, todos estos cuentos intentan ridiculizar un aparente acto heroico individual para culminar enfatizando la importancia de la moral social, los acuerdos culturales y el comportamiento concienzudo y autoflagelante custodiado por la culpa.
De esta forma, concluimos que los excesos del vino se pagan con el acercamiento a la muerte; el asesinato por ambición nunca podrá salir bien; la búsqueda ansiosa e individual de “la madre” termina por alejarte tanto de ella como de los demás; los deslices amorosos de un anciano no son buenos para la “salud”; el intento de sobrepasar los límites “naturales” de la vida conlleva a la autodestrucción trágica.
En suma, un conjunto de cuentos que ilustra, con un estilo personal y bien logrado, el malestar que generan las contradicciones y represiones de la vida en cultura.

En efecto, ¿cómo demostrarle a los viejos que su deber era cuidar a esas muchachas, que ellos gustarían de tomar en calidad de amantes, como si fueran hijas –si esto fuera permitido–? La práctica enseñaba que los viejos solo están dispuestos a tomarse a pecho el destino de las jovencitas que ya fueron sus amantes. Había que probar que no era necesario pasar por el amor para llegar al afecto.
El pensamiento del viejo avanzaba de este modo: hasta ahora sonreía porque consideraba que mediante la investigación metódica lograría ver con mayor claridad los detalles del problema.

Calificación: bueno.
Título original: “Vino generoso” (1926).
Traducción: Luciana Daelli.
Editorial: AZ editora, Buenos Aires, 1994.
ISBN: 950-534-011-7

Anuncios

Un comentario en “El vino generoso, Italo Svevo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s