Ratas, Lalo Barrubia

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Barrubia
Barrubia

Un lugar común en la crítica literaria es aquel que afirma que toda antología de cuentos tiene puntos altos y bajos, no siempre regidos por la calidad del libro sino también por la mirada del propio crítico lector. “Ratas” escapa a este lugar común ya que se trata de un libro extremadamente parejo, dónde ningún relato es flojo y apenas un par destacan mínimamente sobre los otros. La docena de cuentos que componen el libro editado por Criatura Editora son más que cuentos pequeñas anécdotas que podrían tener la misma voz narradora (que no es el caso) ya que retratan una y otra vez lo mismo: “la violencia, el abandono y la decadencia” al decir de la propia contratapa del libro.

Barrubia (Montevideo, 1967) forma parte de una generación de escritores a los que la crítica ha tenido a bien tildar de “crueles” (Ricardo Henry, Gustavo Escanlar, Gabriel Peveroni, Daniel Mella, entre otros) que supieron hacer sus primeras armas literarias en los 90s, siendo una de las pocas mujeres que puede integrar este movimiento (si tal cosa se aplica), con menos promoción que la mayoría de ellos y mucho más talento que alguno. Su presencia en esa década fue más visible mediante performances y lecturas y no tanto editorial, situación que en cierta medida se invirtió a partir de mediados de la década de los 2000, con la publicación de su novela “Arena” (2004) y la imprescindible “Pegame que me gusta” (2009) esta última ganadora de los Fondos Concursables 2008 y editada por Trilce.

La mirada de desencanto, angustia y en ocasiones miseria es la misma en estos libros que en “Ratas”, que es además su primer libro de cuentos. Relatos cargados de realismo sucio que sin embargo no llegan nunca a ser deprimentes, ya que la mirada de la autora sobre sus personajes no es condescendiente nunca y por el contrario, por momentos es casi piadosa, casi tierna.

De la docena es muy difícil destacar ninguno, como decíamos en un principio. De estar obligado a hacerlo, “Ambulancia” y “Misa de Once” son dos de los más llamativos, el primero con su giro de humor casi cruel y el segundo por desarrollar un intenso erotismo. Y probablemente es “Angelito”- quizá el menos desencantado de todos- el mejor del libro, siendo además el más extenso.

De su pertenencia a dicha generación y su mirada crítica a ella misma se desprenden las palabras casi autobiográficas de Barrubia en el último cuento “la vida en un segundo” (aunque todos los relatos del libro aparentan tener un hilo testimonial en común) que arranca diciendo:

Para la gente de mi generación la supervivencia se convirtió en desarrollar estrategias para cambiar la realidad, por pura incapacidad de meterse en ella. Y claro que a esta altura nos da un poco de envidia a veces la ingenuidad con que algunos jóvenes –y algunos congéneres también- creen en la unidad del pueblo y en los cambios políticos, o en las organizaciones no gubernamentales, o en los grupos de apoyo a las comisiones de ciudadanos y asociaciones civiles unidas para la preservación de la lucha por los derechos intrínsecos de los ciudadanos y las asociaciones civiles.

Nosotros también creímos en la revolución, en el partido comunista o en los grupos anarquistas revolucionarios (…) Por lo que fuera pero creímos, cuando todavía éramos niños enojados y no habíamos visto tantas cosas. Y luego vino el fin de la dictadura, la promesa de un futuro mejor, una victoria sin victoria, un desconcertante señor presidente democrático con su soberbia a cuestas. Porque de pronto tuvimos que aceptar que eso era la democracia, que nosotros éramos parte de un circo que había devuelto el poder político a los señores poderosos que de un modo o de otro habían llevado al país a la catástrofe en que nosotros lo conocimos.

Más allá de la mirada que abraza casi la crónica reflexiva- y que importa y mucho en sí misma a la hora de leer a una generación de escritores no tan leídos como se quiere creer- lo que aporta “Ratas” son doce cuentos breves de notable intensidad y coherencia. Doce cuentos tan recomendables como el libro que los integra.

Pero algunos no tuvimos familias, solo tuvimos padres de esos que se deslizan por inercia en las cuerdas flojas de la vida, y tienen hijos sin darse cuenta. Un día se sintieron fascinados por la experiencia inigualable de tener tres orgasmos la misma tarde, vieron en el otro la personificación de la dicha y no se les ocurrió ni siquiera pensar que existiera otra forma de celebrarlo y prolongarlo que creando bebés que se convirtieron en la personificación de la dicha. Pero poco a poco todo comenzó a desteñirse y desgastarse día tras día y año tras año hasta que se apagó para siempre en algún momento que nunca pudieron identificar. El que fue el amante quedó sentado en la sala con la televisión prendida chupando el mate con una boca llena de caries y el que fue el bebé se llenó las orejas de alfileres y se encerró misteriosamente con un montón de amigos extraños en el cuarto. Y esos tuvimos que salvarnos solos, de algún modo, confiando en el veganismo, en el yin-yan, en el teatro independiente o en el horóscopo maya. Aprendiendo a vender a tiempo para quedarse con algo de guita. Resistiéndose a dejar que te hicieran pelota tan fácil. Hicimos fuerza y dribleamos el campo hasta llegar a los veinticinco, y con una maniobra aguantamos hasta los veintiocho. A los treinta respiramos hondo y nos conseguimos un trabajo malo pero lo asumimos con madurez y no dejamos que eso nos destruyera. Tuvimos algún hijo sin darnos cuenta pero al menos sabíamos de entrada que todo era mentira y que por más fascinados que estuvieran el cuerpo, el corazón y el pensamiento reproduciendo hasta al cansancio imágenes y sensaciones de la piel querida no había ninguna posibilidad de que aquello no se desmoronara.

(Del cuento “La vida es un segundo”)

Calificación: Muy bueno.
Criatura Editora, 2013
ISBN: 9789974831391

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2 comentarios en “Ratas, Lalo Barrubia

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