Más Afuera, Jonathan Franzen

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Franzen
Franzen

Este tipo de libros suelen ser una especie de residuo de la actividad central de algunos escritores. Me refiero a que un escritor cuya principal tarea sea la escritura de ficción difícilmente puede dedicarse a esa tarea de forma constante y exclusiva, dada la naturaleza misma de los procesos mentales (y, si usted quiere, espirituales) que intervienen en la escritura de ficción (al menos, cierto tipo de ficción). ¿Por qué? Porque en la escritura de este tipo de ficción hay muchas más cosas en juego que el talento, la inteligencia y la voluntad; no se trata simplemente de lo que uno puede y desea hacer, sino de si uno es la persona que necesita ser para poder hacerlo. Esto es más o menos lo que Franzen cuenta del largo proceso de composición de Las correcciones, la novela que lo convirtió en un escritor mundialmente conocido:

Cuando a principios de los noventa reanudé mis empeños en Las correcciones, seguía trabajando con una trama absurdamente complicada desarrollada mientras intentaba crear sin peligro dentro de mi lealtad. Tenía muchas razones para querer escribir una Gran Novela Social, pero probablemente lo más importante era mi deseo de ser todo intelecto, todo conocimiento mundano, y evitar así el revuelto asunto de mi vida privada. Durante uno o dos años más, intenté seguir redactando esa Gran Novela Social, pero al final fue evidente, por la falsedad cada vez más innegable de las páginas, que tendría que convertirme en un tipo de escritor distinto si quería producir otra novela. Es decir, convertirme en una persona distinta.

Asumir que uno no es el que necesita ser para escribir el libro que quiere escribir es un gran aprendizaje. Claro que esto implica mucho tiempo libre, tiempo aparentemente “improductivo” que en realidad es tiempo de reconstrucción, con las compuertas del embalse cerradas. ¿Qué hizo Franzen con los años que quedaron dentro del paréntesis formado por sus dos grandes novelas más recientes, es decir, entre 2001 y 2010? Se volvió un abnegado observador de aves; viajó a Chile, a Chipre, a China; pronunció un discurso en la ceremonia de graduación del Kenyon College; asistió con sorpresa a la invasión tecnológica del omnipresente smartphone; releyó y pensó en Kafka y en Dostoievski; descrubrió a Christina Stead, se maravilló con Donald Antrim; dio una conferencia sobre ficción autobiográfica; apoyó a su amigo David Foster Wallace en la crisis que acabaría con su suicidio, habló en su funeral y luego se llevó una parte de sus cenizas y las arrojó al mar en la isla conocida como Alejandro Selkirk (hasta 1966 llamada Más Afuera, y antes conocida como Isla de los Perros), a 800 km. de la costa de Chile. Y escribió sobre eso, artículos, crónicas y reseñas que se recopilan en este libro. El testimonio del tiempo entre dos novelas.

Los textos más ecológicos de Franzen (tales como El mediterráneo feo y El frailecillo chino) pueden ser un poco plúmbeos si uno no posee algún tipo de interés previo en estos asuntos. Las reseñas son otro asunto, allí Franzen muestra cómo su capacidad de análisis puede combinarse perfectamente con su entusiasmo de lector, y el resultado es contagioso, uno siente auténtica curiosidad por El hombre que amaba a los niños, de Stead, o Los cien hermanos, de Antrim.

Pero lo mejor del libro se encuentra en las páginas que Franzen dedica a Wallace; sin edulcorantes agregados. Hay dos momentos del libro que es necesario contraponer. Por detrás del discurso en el funeral uno puede percibir el enojo de Franzen, el deseo de decir un par de cosas verdaderamente incómodas acerca de su amigo muerto. La moderación se impone. No obstante, el panegírico está salpicado de indiscreciones tales como que en la presentación de La broma infinita Wallace “sobrevivió diciendo gracias una y otra vez, con formalidad penosamente exagerada”. Y es que a la vez que no se reserva ningún elogio para el talento literario de su amigo (y competidor), Franzen no deja de hablar de la ineptitud social de Wallace, su tendencia a autorrecluirse y aislarse, su forma de acceder “con demasiada facilidad a esas profundidades de la tristeza infinita”. El discurso cierra así: “Pero poseía una inocencia hermosa y anhelante, y estaba intentándolo”. El sabor de boca que queda es raro. Así que uno tiene que ir al texto que da título al libro y leer la crónica del viaje de Franzen a Más Afuera para observar al extraño pájaro llamado rayadito de Más Afuera (Aphrastura masafuerae), y es allí, con las cenizas del amigo en una caja de fósforos, que aparecen los verdaderos sentimientos de Franzen, no coartados por el contexto social de un funeral. Caminando por un risco de la isla, Franzen dice que Wallace murió de aburrimiento, que la lógica que a los ojos de Wallace lo dejó ante la única salida posible de matarse era una lógica implacable que él mismo había estado construyendo desde su primer intento de suicidio (a los 19 años). Franzen está enojado. Muy enojado. No todas sus acusaciones hacia Wallace parecen descabelladas, pero tampoco todas parecen justas, por ejemplo, esta, donde se habla de su suicidio como de una jugada promocional:

Para merecer la pena de muerte a la que él mismo se condenó, la ejecución de la sentencia tenía que resultar profundamente lesiva para alguien. A fin de demostrar de una vez por todas que en verdad no merecía ser querido, era necesario traicionar de la manera más horrorosa a quienes más lo querían, quitándose la vida en casa y convirtiéndolos a ellos en testigos presenciales de su acción. Y lo mismo puede decirse del suicidio como jugada de promoción en su carrera profesional, que era la clase de cálculo al servicio del anhelo de adulación que despreciaba y del que negaba ser consciente (si pensaba que nadie lo detectaría), y que luego (si uno se lo señalaba) admitía, riéndose o con una mueca atormentada, que sí, vale, en efecto era capaz de eso.

No dejo de pensar que este es el tipo de comentarios que sólo hay que hacer públicamente si la persona aludida tiene la posibilidad de un descargo. En nombre de la honestidad uno puede caer, embanderado en su propia estatura moral, en una deslealtad. Parece ser el caso.

Calificación: buena.
Título original: Farther Away (2019)
Traducción: Isabel Ferrer.
Ediciones Salamandra, Barcelona, 2013.
ISBN: 978-84-9838-488-8

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