Ópera Prima, Nicolás Alberte

Alberte
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Creativa publicitaria de 30 años, soltera y sin hijos, habitual consumidora de cocaína y atractiva por encima del promedio, va y viene por esta novela con todo su desencanto a cuestas, su ironía, su sarcasmo, su nihilismo pueril y su cansancio existencial. El gran proyecto de esta chica ordinaria (ordinaria más allá de sus atributos mamarios tantas veces destacados a lo largo de las páginas), el proyecto siempre postergado, es literario: la escritura de una novela sobre la vida de María Callas. Intercalados con los capítulos que refieren a las circunstancias cotidianas de la creativa publicitaria aparecen los fragmentos de esa novela inconclusa sobre la Callas. El contrapunto que se establece entre ambas secciones es muy interesante; de hecho, a medida que las páginas pasan es probable que uno comience a leer las secciones de la novela dentro de la novela desde la perspectiva más o menos sutil de la proyección subconsciente de aquella narradora aparentemente pueril y mordaz, para ver en ella algo más que puerilidad y mordacidad. ¿Cuánto proyecta de sí misma esta mujer, que se sometió a un aborto a los 22 años, cuando narra el episodio en el que el hijo de María Callas muere dos horas después de nacer? Este es el tipo de conexiones que vuelven pertinente, y no un mero ejercicio de yuxtaposición metaliteraria, el entramado de los dos arcos argumentales.

A su vez, el procedimiento de entrelazar ambas historias vuelve evidente el amplio registro del estilo de Alberte, capaz de variar de una prosa tradicional (casi todos los episodios de la supuesta novela de Callas mantienen un tono narrativo neutro con destellos muy contenidos de lirismo) a un relato paródico lleno de epítetos homéricos, sin ningún pudor. El juego formal se convierte en parte de lo que se está diciendo, es la puesta en práctica de una evidente vocación del texto: “Los asuntos de gran importancia deberían ser tratados ligeramente. Los asuntos de poca importancia deberían ser tratados seriamente”. Reírse de la frontera entre alta y baja cultura, entre lo culto y lo pop, o incluso entre lo refinado y lo terraja, esa parece una de las intenciones de Ópera Prima, un texto que se deja atravesar por versos de Paul Eluard y de Desnos, canciones de Pink Floyd y Leonard Cohen, fragmentos de óperas de Puccini, pero que también tiene tiempo de hablar de Onetti, de Jaime Roos, de Sabina, por sólo mencionar algunas de las innumerables referencias que aparecen prácticamente en todas las páginas.

La novela se desinfla un poco al final, cuando el ritmo se apaga al influjo de ciertas disquisiciones excesivamente intelectuales entre la protagonista y su amigo-amante, un médico pintor ex preso político y torturado. Las largas citas de Houellebecq sobran. De todos modos, la conclusión fallida no malogra un libro lleno de ideas y de recursos para hablar de ellas.

Pedazos de una vida no muy definidos, sin un orden exacto. Un relato que no tenga demasiada lógica en donde vos no encuentres a un escritor sino a varios. Que no se siga de un día al otro. Es decir, hay dos historias, la de la mujer que escribe y la de Callas. La parte de la mujer que escribe es como un diario del fracaso. El de Callas es como cuando ponés random en el equipo de música, las canciones aparecen en cualquier orden. Pero, como dice Charly, “random is not whatever”.

Calificación: buena.
Artefato, Montevideo, 2007.
ISBN: 978-9974-8006-3-2

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