Bom dia camaradas, Ondjaki

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Ondjaki
Ondjaki

Ondjaki, nacido Ndalu de Almeida, es un escritor angoleño que se acerca a los treinta y siete años y lleva ya un recorrido destacado en la literatura africana, si se hace un corte geográfico, y en las letras portuguesas, si se considera la lengua. El libro que nos ocupa ahora fue editado en Uruguay por Banda Oriental, lo cual no deja de ser un hecho destacable ya que abre la ventana a unas letras y unas vidas que para nosotros suelen ser ignoradas con toda calma. Por lo que leí en las primeras páginas de esta edición uruguaya, la traducción era buena. No obstante, opté por el texto original, lo cual siempre recomiendo a cualquiera que se tenga un mínimo de fe para el portugués, especialmente en casos como este, en los que resulta de especial interés qué ha pasado con la lengua en su contacto con sus vecinas africanas.
La narración se compone de capítulos breves y vivos a cargo de la mirada de un niño cuya situación social se percibe como bastante acomodada. Se ha dicho que la historia tiene fuertes trazos autobiográficos y que el gurí no es otro que el propio autor, lo cual no es difícil de ver desde las propias dedicatorias del libro, donde figuran los nombres de los que después serán los personajes. Este niño tiene unas experiencias infantiles que oscilan entre la escuela y su casa, además de algunos paseos por Luanda, la capital, ciudad cuyas historias resultan muy caras al autor, que hoy la recuerda desde su residencia en Brasil. En casa, está el “camarada António”, un sirviente madrugador que añora el pasado colonial, un personaje muy bien trazado con aires de símbolo, con la capacidad de ser la voz que le transmita al niño las historias de un pasado del cual el discurso oficial se desentiende. El resto de la familia aparece más bien como un conjunto de extras, a no ser por la anhelada visita de la tía que viene de Portugal, con lo que se establece la necesidad de la mirada ajena (o de mirar hacia afuera), de contrastar una realidad muy estructurada por el régimen de orientación comunista. Esta rigidez se observa especialmente en el discurso (de ahí la utilización indiscriminada del término “camarada”, sobre el cual necesariamente se ironiza) y en las prácticas sociales, rubro particularmente visible en la vida escolar, así como en los hábitos económicos, de los que son un fuerte indicador las tarjetas de racionamiento.
Las descripciones de la sociedad, a través de unos ojos que todo lo están aprendiendo, terminan por ser una crítica firme a un régimen autoritario y militarizado en medio de una sociedad violenta y armada en la que todos temen ser atacados, incluso los niños en la escuela. Este temor propicia algunas de las mejores escenas del libro, como cuando los niños huyen en estampida al ver una polvareda que se acerca o cuando el niño y su tía se cruzan con la delegación presidencial.
La historia no está exenta de ternura y humor, suscitados especialmente por los profesores cubanos de la escuela, que son observados como unas personas muy valientes y de cierto modo ingenuas y, por momentos, aun más carenciadas que los propios angoleños. Estos forman parte de la ayuda del gobierno cubano y, pese a ser sostenes también del discurso oficialista, rezuman buenas intenciones y cariño desde la mirada infantil. No falta el trazo que esboce la situación de pobreza en la que se encuentran sumidos algunos sectores de la sociedad, particularmente a través de la figura de un niño que no sabe leer en cuya casa todos los hermanos se turnan para dormir los días de lluvia.
La narración discurre ágil gracias a los capítulos breves y la prosa fresca y los préstamos lingüísticos africanos confieren un atractivo especial al lenguaje, amén de ser muy efectivo para situarse en el lugar infantil. El libro es breve, uno se queda con ganas de seguir leyendo al autor y esto, en Uruguay, impone visitar los territorios del libro electrónico, como ocurrió en este caso.

Mas, camarada António, tu não preferes que o país seja assim livre?, eu gostava de fazer essa pergunta quando entrava na cozinha. Abria a geleira, tirava a garrafa de água. Antes de chegar aos copos, já o camarada António me passava um. As mãos dele deixavam no vidro umas dedadas de gordura, mas eu não tinha coragem para recusar aquele gesto. Servia-me, bebia um gole, dos, e ficava à espera da resposta dele.
O camarada António respirava primeiro. Fechava a torneira depois. Limpava as mãos, mexia no fogo do fogão. Então, dizia.
-Menino, no tempo do branco isto não era assim…
Depois, sorria. Eu mesmo queria era entender aquele sorriso. Tinha ouvido histórias incríveis de maus tratos, de más condições de vida, pagamentos injustos, e tudo mais. Mas o camarada António gostava dessa frase dele a favor dos portugueses, e sorria assim tipo mistério.
-António, tu trabalhavas para um português?
-Sim… –sorria. –Era um senhor diretor, bom chefe, me tratava bem mesmo…

NOTA: Tengo el libro electrónico, original, no pirateado. Cambio pelo a pelo por otros libros del autor, de Mia Couto o de José Eduardo Agualusa. Promoción no válida para integrantes del Club de Catadores, si lo quieren arreglamos por abajo de la mesa.

Calificación: muy bueno
Editado por Caminho, Portugal, 2001
ISBN: 9789722123761

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Un comentario en “Bom dia camaradas, Ondjaki

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