Filosofía del Plata y otros ensayos, Mateo Dieste

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Dieste
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¿Puede la filosofía dar la mano al humor sin caer en la banalidad? ¿Se pueden crear conceptos rioplatenses para intentar explicarnos a nosotros mismos? Mateo Dieste (Montevideo, 1987) parece responder que sí. Hace ya bastante tiempo que estudia e investiga filosofía en Berlín y, lejos de distraerse con los problemas del viejo mundo, Dieste está totalmente enfocado en la realidad rioplatense, intentando comprendernos para comprenderse.
Proponer una filosofía propia no es tarea sencilla. Hacerlo sin un nombre rimbombante o medianamente conocido parece ser un pecado de arrogancia, una osadía que la academia probablemente no perdonaría. A Dieste no le importa nada de esto. Sus preocupaciones están muy alejadas de lo institucional, y se dedica decididamente a tejer una red de conceptos implacable, renovadora, y curiosamente, rigurosa y fácil de comprender a la vez.
Muchas son las innovaciones de este libro si lo comparamos con los libros tradicionales de filosofía. En primer lugar, está hermosamente decorado por los geniales dibujos de Manuel Kaplún. En segundo lugar, está escrito con un estilo sumamente coloquial, creando fantasmas, personajes y diálogos que discrepan con los propios postulados del autor, intentando emular nuestras ganas de detener el ritmo vertiginoso de las ideas por un momento, para gritar nuestro desacuerdo o nuestras ganas de romper todo lo que nos rodea al darnos cuenta de algo que nos conmueve o nos excita realmente. En tercer lugar, lejos de ser un tratado que expone paso a paso una sola secuencia de hipótesis, este libro es un compendio de textos variados, a veces relacionados entre sí, a veces totalmente divergentes, lo cual enriquece sin dudas la calidad de la obra, y no nos permite cerrar el libro hasta que lo hayamos terminado.
Hay tres grandes secciones bien delimitadas. En la primera (que en realidad está subdividida en los apartados “Conciliar la escritura”, “Siempre pienso igual y salgo perdiendo” y “Sufrir y gozar el lenguaje”)  se escribe sobre la escritura, haciendo un meta-análisis del lenguaje y de la posibilidad de decir cosas con el lenguaje que tenemos, que es un lenguaje impuro y esencialmente inclinado a crear confusiones y ambigüedades. Por lo tanto, el libro comienza con un intento de abandonar la postura extremadamente escéptica por la cual uno se resigna a no decir nada por miedo a errar, a contradecirse o a confundir más que aclarar. Es un decidido adiós al miedo de expresarse y una radical bienvenida al pensamiento propio. Este pensamiento propio llegará a su máxima expresión en la segunda gran sección, “Pensar la actualidad”, donde se cuestionan una cantidad de tópicos que en el siglo XXI parecen estar ahí, estáticos, como dinosaurios en un museo en ruinas. Estos tópicos son ser joven en el siglo XXI, acabar con el machismo, la libertad de pensamiento y de espíritu, al modo nietzscheano, vincular al progresismo como una forma de microfascismo, y reflexiones por demás interesantes sobre pensadores tan disímiles como Carlos Maggi o Günter Grass. Concluyendo esta segunda parte, se desenvuelve, como una anaconda que desde el principio amenazaba con atacar, el largo y concienzudo ensayo titulado “Filosofía del Plata”, que vale la pena devorar con entusiasmo, tanto para comenzar a transitar un camino nuevo, una forma de pensamiento inusual en la juventud uruguaya, como para discrepar y tener este puntapié inicial para pensar de otro modo los temas y enfoques que propone Dieste, entre los cuales se propone el concepto de “Santa María”, sin duda la más arriesgada y plausible incursión del autor en el tenebroso y maravilloso (valga el oxímoron) mundo de la creación de conceptos. “Santa María” es un concepto que toma su nombre de la ciudad imaginaria de Onetti y que, de algún modo, es un intento de pensar desterrando, de manera auténticamente vazferreriana, las falsas oposiciones que se presentan en el desarrollo de ciertas nociones arraigadas. También, de cierto modo, es una filiación a las premisas hermenéuticas gadamerianas, por las cuales se retoman los prejuicios de una cultura y de una forma de pensamiento, no para desdeñarlos como querían los Ilustrados dieciochescos, sino para trabajar desde ellos con la finalidad de alcanzar otro modo de pensar, verdaderamente superador. Los prejuicios, pensados con Gadamer y Dieste, no son obstáculos, son trampolines.
Finalmente, hay una sección en la que, sin abandonar el pensamiento, se incursiona en la escritura descontracturada de las misceláneas, en las que podemos leer desde consejos para pasar lo mejor posible en una fiesta en la que no queremos estar, hasta plantearnos el alcance ontológico de un chino sacando fotos. El humor y las ideas conviven de forma impecable hasta que uno acaba con la última página, preguntándose impacientemente cuándo publicará Dieste su segunda obra.

El señor Joan Corominas me informa que en la primera mitad del siglo XIII encontramos el término latino felixo también felicis, traducido como «feliz», y que de éste, para el año 1438, se derivó felicitas(o felicitatis) alcanzando la significación actual. Más tarde, a principios del siglo XVII, apareció una nueva acepción de la palabra, felicitare, que quiere decir «hacer feliz». El término latino beare también significa «hacer feliz» y tiene como participio la expresión beatus, cuya traducción es «feliz», lo cual coincide efectivamente con el significado de felix. Sin embargo, en el 1387 beatusdio origen a la palabra «beato» que, como bien se sabe, es sinónimo de bienaventurado. Interesante, ¿no? Tanto que hablamos de la felicidad, de «querer ser feliz»… ¡y resulta que era un deseo de arrebatarle las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro!

Bueno, esto no es así. La felicidad no es una cosa, una roca ahí tirada. Que a unos monjes glotones se les haya antojado que podría ser así, una especie de bombón de dulce de leche revestido con chocolate repostero ante el que se nos hace agua la boca, es bien cosa de gordos pasteleros (por no decir de gente con mucha abstinencia sexual). Así que yo te voy a decir qué es la felicidad.

La felicidad es ser vos mismo, siempre. Es olvidarte de todo tipo de exigencia social para sentirte bien. Es dejar de medir y calcular en función de una meta. Es renunciar a intentar preverlo todo. Es perder el miedo a cambiar y descubrirse a sí mismo. Y te digo esto: en español podemos realizar una distinción que a veces no es posible en otros idiomas, a saber: la diferencia entre ser y estar. En efecto, no se es feliz: se estáfeliz. ¿Qué es eso de «quiero ser feliz»? ¡No, no, no y no!

(Fragmento del texto “¿Qué es la felicidad?”)

Calificación: muy bueno.
Editorial: epubli, Berlín, 2013 (versión digital).
ISBN: 978-3-8442-7778-4

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Un comentario en “Filosofía del Plata y otros ensayos, Mateo Dieste

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