El mendigo, Naguib Mahfuz

Mahfuz
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En la azora Nº 55 del Corán, llamada “El compasivo” o “El clemente”, según convengan los traductores, puede leerse, entre otras cosas, que el Señor “creó al hombre de arcilla, como la cerámica, y creó a los genios de fuego puro”.

Mustafá, el mejor amigo de Omar (protagonista), aunque no es religioso, reza esta azora en el momento en que no le quedan más caminos para implorar a Omar que vuelva a ser el de antes.

Y es que Omar, un exitoso abogado que lo posee todo (una esposa que lo ama, unas hijas maravillosas, una posición económica acomodada), se angustia por no poder comprender el sentido de la vida y se decide a abandonarlo todo y comenzar a transitar un sendero del que no se sabe si se puede regresar. Allí tiene experiencias frustradas con varias mujeres hasta que alcanza el paroxismo del abandono personal y social, que lo arrastran hacia un estado puro de locura.

No cabe duda: Omar, siguiendo los preceptos de “El clemente”, es de esos genios que ha sido creado de fuego puro, y su destino no es otro que consumirse lentamente, ardiendo con cada acción, con cada pensamiento.

Esta novela fue publicada en 1965 (cuando el autor tenía cincuenta años) y si bien se puede decir que su tema, el del individuo que abandona la vida cotidiana en busca del sentido de una existencia más profunda y oculta, es un tema “de época” (“Rayuela” se había publicado dos años antes), hay más argumentos para sostener que es un tema atemporal, y si se quiere, uno de los grandes temas de la literatura moderna.

Desde Melville y su “Bartleby, el escribiente” (1853), pasando por “La metamorfosis” (1915) de Kafka, “La náusea” (1938) de Sartre, “El pozo” (1939) de Onetti, “El extranjero” (1942) de Camus, hasta obras más actuales como “La vida nueva” (1995) de Pamuk, “El día de todas las almas” (2000) de Nooteboom o “La novela luminosa” (2005) de Levrero, el tema de la angustia individual y la búsqueda infructuosa de un sentido que sobrepase la esfera humana ha sido ampliamente desarrollado, con diversidad de argumentos y estilos de escritura.

Y esto último, tal vez, sea el mayor logro de “El mendigo”: un estilo sumamente poético, que en no pocos fragmentos alcanza una intensidad lírica como pocas veces he leído, alternando de forma magistral, y sin perder el hilo de la diégesis, la primera, la segunda y la tercera persona, sin previo aviso, confiando en la intuición y el intelecto del lector.

El alba enmudeció. En las riberas del Nilo, en el balcón y en el desierto, el alba enmudeció. Y no queda más testigo de que una vez habló que el aniquilado recuerdo. Ya de nada sirve continuar mirando hacia arriba, con el grito consumiéndose, oyendo retumbar sus gritos de amor, sin esperanza, en los cielos. Las burlas de los versos, el cabello dorado de Margaret, los ojos grisáceos de Warda y la imagen de Zainab saliendo de la iglesia; macilentos espectros que vagan por una cabeza vacía. Las risas de Mustafá anuncian la muerte de la esperanza mientras que Uzmán predica como si fuera un profeta del nihilismo. He hablado a las sillas, a las paredes, a las estrellas y a la oscuridad; me he peleado con el vacío; he galanteado con algo que ya no existe, hasta que por fin he encontrado consuelo en la esperanza de mi completa aniquilación. Ya nada tiene importancia; las leyes que rigen el Universo se han desmoronado y ya no volverá a salir el sol.

Calificación: bueno.

Título original: Al-Shahhadh (1965).

Traducción: –

Editorial: Plaza y Janés, Barcelona, 1994.

ISBN: 84-01-42287-6

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2 comentarios en “El mendigo, Naguib Mahfuz

  1. ¿Puede ser este escritor el autor de una vieja novela, HIjo de nuestro barrio? Muy interesante su comentario, invita a leer, un autor que no es común en uestras lecturas.Gracias

  2. Hola, María Esther. Según el dato que proporciona Wikipedia, “Hijos de nuestro barrio” es efectivamente una novela de Mahfuz, publicada en 1959. Gracias por tus palabras. Saludos y seguí visitándonos.

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