Obras completas (y otros cuentos), Augusto Monterroso

Monterroso
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A pesar de que este juicio pueda verse como una generalidad sin rigor, no puedo pensar en otro escritor que haya buscado defender en su literatura, como principio estético y moral, la máxima atribuida a Terencio (“Homo sum humani nihil a me alienum puto”) de manera más vehemente y concienzuda que Augusto Monterroso (Guatemala, 1921 – México, 2003).

Su objetivo, si podemos plantearlo en esos términos (mejor sería decir “su obsesión”), es indagar sobre los vaivenes del ser humano cuando este queda depurado de las parafernalias burocráticas y protocolares de la cultura refinada y civilizatoria, y se encuentra, cara a cara, con la dimensión más primitiva de su naturaleza.

“Obras completas (y otros cuentos)” es un conjunto de once relatos en los que se abunda en esta situación de minuciosa deconstrucción de los procedimientos civilizatorios y moralizantes. Pero no aburre a pesar de su recurrencia al mismo punto. Y esto, en pocas palabras, se debe a la increíble pericia del autor en el manejo de la prosa narrativa, así como de las diferentes experiencias con el cuento (desde unas pocas palabras o líneas, hasta relatos de diez o doce carillas). Del mismo modo, la experiencia con las voces narrativas se vuelve de un crisol tal, que es difícil abandonar la lectura o caer en el tedio monotemático. Porque por otra parte, la recurrencia de la que hablaba no es hacia un tema o situación en específico, sino a una preocupación, a un objetivo o una obsesión, y eso es parte del estilo personal del autor, un sello que no pudo ni quiso abandonar.

El primer cuento del volumen es “Míster Taylor” y en él se narra que en un pueblo semitribal amazónico se comienzan a exportar cabezas reducidas, siguiendo la técnica de los jíbaros, a EEUU, donde comienza a ser furor el negocio con cabezas hispanoamericanas.

“Uno de cada tres” se centra en el envío de una carta al protagonista, por la cual se lo invita a participar de un extraño programa de radio, caracterizado por la queja existencial continua. Narrado en segunda persona formal (“usted”) y con un consciente sentido de la musicalidad en la prosa.

En “Sinfonía concluida” un organillero guatemalteco, tras un intenso trabajo investigativo y reflexivo, concluye la “Sinfonía inconclusa” de Schubert. Este cuento es, sobre todo, una gran experiencia técnica, al estar compuesto sin una sola coma y sin un solo punto a lo largo de sus tres carillas de duración, valiéndose del estilo indirecto libre y otras habilidades.

“Primera dama” expone la vida de la mujer del presidente, que busca cualquier evento social para participar con lo que ella cree que es su vocación: la recitación de poemas. Se pone en evidencia un juego triple de poderes: el machista, el estatal y el internacional.

En “El eclipse” Fray Bartolomé Arrazola, perdido en la selva guatemalteca, es sacrificado sin compasión por los guerreros aztecas en el marco de un rito, pese a su creencia de poseer una cultura superior que le permitirá salvarse.

“Diógenes también” es un relato alucinatorio narrado por los tres personajes (padre, madre y niño), en busca de reconstruir la dolorosa historia familiar, cuya punta de madeja es la muerte del perro Diógenes.

“El dinosaurio”, microrrelato debido al cual han corrido ríos de tinta crítica, fue por largo tiempo el relato más breve del mundo escrito en español (hasta que Luis Felipe Lomelí publicó “El emigrante”, quizás de mejor calidad, por otra parte).

“Leopoldo (sus trabajos)” narra la historia de Leopoldo Ralón, un escritor que hace años promete una gran obra cuyo eje central es la pelea entre un perro y un puercoespín. Este cuento puede leerse como una parodia al realismo extremo (Monterroso gusta de la alegoría y la fábula, que son géneros por definición antirrealistas), así como, en términos más generales, una sátira al esnobismo del mundillo literario.

“El concierto” es un cuento de solamente cuatro carillas, en el que muy magistralmente Monterroso desenvuelve por completo los pensamientos y los sentimientos de un exitoso empresario, justo en el momento en que su hija, reconocida concertista de piano, está por salir al escenario a dar uno de sus conciertos.

“El centenario” cuenta la historia del sueco Orest Hanson, que a fines del siglo XIX es el hombre más alto del mundo, con dos metros cuarenta y siete centímetros de altura, y su fama es cada vez más amplia, hasta que su ambición terminó por liquidarlo. Digna de una película de Tod Browning.

“No quiero engañarlos” es un cuento en el cual, en medio de la instancia inaugural de un festival de cine, una actriz se sincera con el público y da un memorable discurso.

“Vaca” es un microrrelato humorístico en el que se narra la sorpresa de un hombre que viaja en tren al mirar por la ventanilla y ver una vaca muerta, percibiendo el hecho como una especie de epifanía.

Por último, en “Obras completas”, Fombona es una eminencia en materia literaria y su séquito de jóvenes lo admira e idolatra. Pero Fombona irá descubriendo, paulatinamente, que uno de sus discípulos, Feijoo, comenzará a descollar con respecto al resto. Entonces, Fombona lo apadrinará especialmente.

Para cerrar, nada mejor que la transcripción completa de “Vaca”.

Cuando iba el otro día en el tren me erguí de pronto feliz sobre mis dos patas y empecé a manotear de alegría y a invitar a todos a ver el paisaje y a contemplar el crepúsculo que estaba de lo más bien. Las mujeres y los niños y unos señores que detuvieron su conversación me miraban sorprendidos y se reían de mí pero cuando me senté otra vez silencioso no podían imaginar que yo acababa de ver alejarse lentamente a la orilla del camino una vaca muerta muertita sin quien la enterrara ni quien le editara sus obras completas ni quien le dijera un sentido y lloroso discurso por lo buena que había sido y por todos los chorritos de humeante leche con que contribuyó a que la vida en general y el tren en particular siguieran su marcha.

Calificación: bueno.

Editorial: Anagrama, Barcelona, 1998.

ISBN: 84-339-6616-2

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