A veces tarda, casi nunca llega, Pedro Peña

Peña
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El género policial es extremadamente propicio para albergar sagas protagonizadas por el mismo personaje. Lo es desde sus orígenes- tanto en su construcción como novela policial de problema cuasi lúdico, con Sherlock Holmes, Hercule Poirot o Miss Marple- como cuando su traslado a la novela negra- y sus Sam Spade, Phillip Marlowe, Lew Archer, entre muchos otros. De hecho, un género tan rentable como el policial, propone sagas permanentemente, ya que el lector del mismo está acostumbrado a ellas y de hecho, las busca. Por eso, en nuestra actualidad, son tan populares las creaciones del sueco Henning Mankell con su comisario Wallander, el italiano Andrea Camilleri y Salvo Montalbano o el griego Petros Markaris y Kostas Jaritos.
Con la creación hace ya casi cuatro años de la colección Cosecha Roja de Estuario Editora- que con el título que da cuerpo a esta reseña alcanza las quince entregas- era de suponerse que dentro de la creación vernácula de policiales surgiera una saga propia, alimentada justamente por la posibilidad de tener una casa madre en la cual publicarse. Y así fue que el escritor maragato Pedro Peña dio nacimiento a Agustín Flores, un periodista particular quien, sin tener demasiado claras sus intenciones, termina involucrado en asuntos policiales demasiado personalmente para su propio bien.
Flores protagoniza, hasta el momento, cuatro libros: “Ya nadie vive en ciertos lugares” (2010), “No siempre las carga el diablo” (2011), “Tampoco es el fin del mundo” (2012 y la mejor de la saga hasta el momento) y la que aquí nos ocupa, “A veces tarda, casi nunca llega” editada este mismo año. La saga tiene algunas particularidades, como estar integrada en importante medida a una misma historia- sin ir más lejos, esta cuarta entrega encuentra a Flores recluído en la frontera con Brasil, escondido por los hechos acontecidos en las entregas pasadas que no se recuentan nunca y por tanto si uno no ha leído las mismas nunca se enterará de quien se esconde y porqué- y evitar el clásico formato del género donde cada relato es absolutamente independiente. A su vez, otra particularidad, es el cambio de tono a medida que avanza la serie, dónde se narran en un principio las desventuras de Flores con un tono lindero a la comedia para que a medida que transcurren sus aventuras nos alejamos de este, para alcanzar cotas dramáticas y en esta última entrega, cercanas por momentos a un delirio onírico.
“A veces tarda, casi nunca llega” es además una clara muestra de la prosa de Peña, que a cada libro escribe mejor. La narración que aquí propone es ambiciosa y apuesta al lector paciente: mientras vemos a Flores en su aislamiento y paranoia creciente, asistimos a la metódica investigación que un grupo policial especial realiza de una serie de asesinatos. Tres cuartas partes de la novela, las historias se narran en paralelo sin asomo de juntarse y, para cuando lo hacen como todos suponíamos que así ocurriría y el propio Peña lo daba a indicar, es lo de menos. Más allá de la explicación de porqué todo lo que pasó, pasó, la apuesta de Peña va más allá de la excusa policial- lo que puede dejar poco conforme al lector purista del género- y trata de crear un nuevo grupo de personajes- el equipo policial liderado por Elizalde, quien es (junto a Flores) el personaje más delineado del libro- que seguramente protagonizarán nuevas aventuras. Peña presenta aquí un nuevo universo que seguramente albergará nuevos relatos.
¿Y Agustín Flores? Pues parece que seguirá su calvario, por su lado, en la suya.

Después de pagar recorrí un par de veces las góndolas para ver qué otra cosa podía llevarme en algún otro momento. Al rato volví a la caja. La mujer había vuelto para adentro y un policía conversaba con el chico. No me pareció que aquello tuviera que ver conmigo así que no titubeé en acercarme y preguntarle por dónde podría encontrar algún lugar para pasar la noche. El hombre me indicó una serie de hoteles a la izquierda y a la derecha de la principal. También un par de cabañas de conocidos suyos y un hotel, aunque mucho más caro que el resto, que está del otro lado del Canal Andreoni, y al que se puede ir dando la vuelta por la ruta o cruzando por el puente colgante. Pero a usted, dijo, que anda sin vehículo, le va a convenir quedarse hoy de este lado y en todo caso tirarse hasta allí mañana, no sé, digo nomás, de atrevido.

Calificación: Bueno.
Estuario Editora, 2014
ISBN: 9789974699977

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