Plan de operaciones y La única manera de vivir a gusto es estando poseído, Vicente Luy

Luy
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La antipoesía de Nicanor Parra, al menos en el ámbito latinoamericano, comenzó un proceso que (parafraseando los conceptos de “arte después del fin del arte” o “arte posthistórico” de Arthur Danto) podemos categorizar como “poesía después de la poesía”.
Desde Parra, entonces, se estableció una forma del quehacer poético, que se decantó luego de la propia reflexión sobre qué es la poesía, muy en boga por aquellos años ´50 y ´60. Entre otras cosas, comenzó a entenderse que los elementos constitutivos de la poesía tradicional (métrica, rima, versificación, ritmo, cadencia) no eran elementos imprescindibles para que exista el fenómeno poético. Y, como quien no quiere la cosa, comenzó un proceso de prosificación de la poesía.
En esta tradición de “poesía después de la poesía” es que se inscribe el argentino Vicente Luy (Córdoba, 1961 – Salta, 2012), quien ha hecho del lenguaje poético una forma de vivir, en primer lugar, y una manera de acceder a una suerte de descripción de la espiritualidad de la carne, en segundo lugar. Este segundo aspecto aparece transversalmente en los dos poemarios que componen este libro: “Plan de operaciones” y “La única manera de vivir a gusto es estando poseído”. Y el primer aspecto, el de la poesía como una forma de vivir, aparece de ese modo en “Plan…” y en “La única…” se convierte en el negativo de esa idea: la poesía como forma de morir.
Comencemos con el segundo aspecto: la poesía como forma de espiritualizar la carne. Explicaré mejor este punto luego de darle la voz al propio poeta:

De las chicas que hay en stock my choice sería Sofía, Sofía Gala. / Lástima que se la agarró el babasónico ese. / La sesión de fotos que hizo para la Rolling la muestra lista / sexual y espiritualmente.

Que de una foto pueda deducirse que una mujer está lista “sexual y espiritualmente” indica que el cuerpo, o al menos la imagen del cuerpo, es capaz de describir o mostrar el espíritu, el alma. Y si la poesía se encarga de hacer vivo el objeto poetizado, para Luy, a la vez, hace vivo su espíritu. Con imágenes tan ingeniosas como “Tu pecho propaganda de paraíso” se demuestra claramente esa preocupación de Luy por llegar a expresar el espíritu que hay en la carne. No se trata del recurso de la imagen erótica o pornográfica sin más: es la utilización de esas imágenes con el fin de ver que detrás de ellas, o dentro de ellas, siempre está presente el espíritu. “No soy idealista, soy una idea”, respondió en una entrevista, cuando se le preguntó sobre ese menester. Para redondear esta idea, en un poema donde hace referencia al flaco Spinetta, dice: “Estabas poseído entonces / y con tu música lograbas algo inusual: / unir espiritualidad y sexo”. Y, realmente sentimos eso cuando, en “Todas las hojas son del viento”, la voz del flaco declama: “Dame el aura misma de tu sexo”.
Luego, el segundo aspecto: la poesía como forma de vivir, en “Plan…”, y la poesía como forma de morir en “La única…”. Porque, justamente, tener un plan de operaciones, un plan para vivir de forma, si se quiere, organizada, es la preocupación central de este primer poemario.
En él, Luy pone el acento en las ganas de vivir:

Ya tengo decidido tomarme 2 días francos este mes. / Con mi carnet de discapacitado puedo viajar a todos lados. / Semi cama; es incómodo, pero se banca. / Voy a ver a los Flopas, y a la Ruiz. / Y el fin de semana, a trabajar a full con Hernán / un asadito en lo de Oswald… / Empiezo a disfrutar la vida / y aunque hay muchas trabas, recuperé la fe.

Contrasta notoriamente los Vicentes: el de “Plan…” se convierte en un yo lírico cuya inmensa mayoría de poemas trata sobre las relaciones sexuales y espirituales con varias mujeres, y cuya visión del hombre es optimista y llena de vida:

Acá estamos hambrientos de un hombre / que, como a la cuerda las chicas, / salte su destello. / Un tipo con timing / sexual y espiritualmente realizado / con olor a estrellas.

Sin embargo, el Vicente de “La única…” es oscuro, triste, fatalista, consciente de que le llegará su final a la brevedad y anhela ese final como alivio de la vida. Las drogas suplantan al sexo en esta parte del libro, así como la desidia suplanta a la esperanza.

Ahora en mi consciente nada existe. / Estoy vacío. No merezco crédito. / Soy un plumífero. Nulo. / Ya no más pedir que me oigan.-

Una particularidad de “La única…”, ya que comenzamos hablando de arte contemporáneo, es la apropiación que Luy hace de “Sabés” de Idea Vilariño, adjuntando una copia facsimilar de la hoja del poemario de Idea.
Varios versos de esta última parte del libro coquetean con el suicidio que finalmente concretará en la vida real. Para concluir la reseña, unos versos en ese tono:

Tengo que aprender a sufrir. / No es que no haya sufrido, pero no aprendí. / Siento que la muerte me llama / y vengo de intentarlo 6 veces en 15 días. / (…) / Ni puedo escribir un puto poema.-

Calificación: muy bueno.
Editorial Crack-Up, Buenos Aires, 2014.
ISBN: 978-987-28697-0-0

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