Cultura y simulacro, Jean Baudrillard

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Baudrillard
Baudrillard

El ensayo más interesante para mí de los que forman parte de Cultura y simulacro es La precesión de los simulacros, en el que Baudrillard se despacha a gusto con uno de sus temas favoritos y donde resulta particularmente subyugante su hilación de reflexiones, ejemplos y sentencias marmóreas. Para Baudrillard, lo real se extinguió o, al menos, está en vías inevitables de extinción, víctima de un sistema que ha reducido dramáticamente las posibilidades de que lo real se produzca. Este sistema es un sistema de simulación. Baudrillard lo dice así: “No se trata ya de imitación ni de reiteración, ni siquiera se trata de parodia, sino de suplantación de lo real por los signos de lo real, es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo, máquina de índole reproductiva, programática, impecable, que ofrece todos los signos de lo real y, en cortocircuito, todas sus peripecias”. Si el pensamiento de Baudrillard falla, al menos es poderosamente sugerente; en cambio, si acierta es aterador.

En este ensayo, el francés se presenta especialmente didáctico, de modo que quizá estemos ante una buena puerta de entrada a conceptos que aparecen también en otras de sus obras, más desarrollados, pero también más opacos e intrincados. “Simular es fingir tener lo que no se tiene”, dice. La simulación, entonces, enmascara una ausencia. Esto es lo esencial: la simulación no es imitación, el sistema de simulacros no imita la realidad, sino que crea la realidad o, mejor dicho, crea los signos que nos hacen creer que la realidad sigue existiendo en alguna parte. Baudrillard ejecuta un acto de virtuosismo intelectual cuando, en este esquema de pensamiento, introduce el caso de Disneylandia:

Lo imaginario de Disneylandia no es ni verdadero ni falso, es un mecanismo de disuasión puesto en funcionamiento para regenerar a contrapelo la ficción de lo real. Degeneración de lo imaginario que traduce su irrealidad infantil. Semejante mundo se pretende infantil para hacer creer que los adultos están más allá, en el mundo “real”, y para esconder que el verdadero infantilismo está en todas partes y es el infantilismo de los adultos que viene a jugar a ser niños para convertir en ilusión su infantilismo real.

El gigantesco escenario de la cultura del mundo contemporáneo es para Baudrillard, un entramado complejísimo de simulaciones que ofrece espacios y momentos de aparente falsedad para obtener, por oposición a esos espacios y momentos, el estatus de real. Así, el mundo infantil de Disneylandia se opone en apariencia al mundo adulto que se extiende fuera de Disneylandia, y oculta así la verdad: que el mundo entero es ya Disneylandia. Y este concepto puede extenderse: un escándalo político funciona para alimentar la idea de que hay algo en la política que no es escandaloso, de que lo que ha producido el escándalo puntual es una excepción, una anomalía, en lugar de ser sistemático, una simple manifestación de la verdadera naturaleza del sistema: “antaño se ponía empeño en ocultar un escándalo, hoy el empeño se pone en ocultar que no lo es”.

Calificación: muy bueno.
Ediciones originales: La precession des simulacres, Traverses (1978); L’effet Beaubourg (1977)
Traducción: Pedro Rovira
Editorial Kairós, Barcelona, 1978

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