De regreso al mundo, Tobías Wolff

Wolff
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En su madurez, Tobías Wolff, Raymond Carver y Richard Ford fueron compinches. Salían a cazar juntos, a pescar, a navegar; se reunían en ciudades equidistantes o se visitaban en sus casas, con sus parejas; se confiaban sus textos unos a otros antes de que se publicaran, los comentaban, los criticaban; competían entre sí, se admiraban y se querían. Estos compinches compartían, además, una cierta búsqueda en el campo de la literatura: muchos de sus relatos presentan similitudes en cuanto a ambientes, situaciones y lenguaje. Esas similitudes son las que han servido para que los críticos los presenten juntos como las figuras más visibles del “realismo sucio” de los 70.

Hacía unos minutos que había estado a punto de morir atropellada y ahora no tenía a nadie con quien hablar de ello, nadie que viera lo asustada que estaba y le dijera que no se preocupara, que ya todo había pasado. Que aún estaba viva. Que todo iría bien.
En ese momento, allí sentada, Marty comprendió que nunca habría nadie que le dijera esas cosas. No tenía la menor idea de por qué sería así; era simplemente algo que sabía.

(de “Hermana”)

Este libro de cuentos de Wolff puede ser leído en esa clave, como parte de una obra colectiva en diálogo recíproco con sus otros elementos, por lo cual es improbable que a un lector que haya encontrado interés y placer en los cuentos de Carver o los de Ford, no los encuentre también en los de Wolff. Vayamos al libro. Los diez relatos incluidos en De regreso al mundo están aglutinados por un espíritu común expresado en su título: los personajes están o han estado fuera del mundo, exiliados, marginados o expulsados (por muy diversos motivos: mala suerte, malas decisiones, un poco de cada una), y el relato los encuentra en el momento en que intentan volver y encontrar un lugar en el que poder vivir. Ese lugar puede ser prosaico: un nuevo trabajo, una nueva ciudad, un nuevo matrimonio; o simbólico: una nueva comprensión, una nueva manera de establecer un vínculo con los seres amados, un cambio íntimo, una revelación con la potencia secreta para reconfigurar el mundo. Este es el punto habitual en el que uno tira titulares y pretende reducir las situaciones de cada cuento en un solo enunciado. Dejaré pasar la ocasión. En lugar de eso, prefiero concentrarme en sólo un relato del libro. ¿Es el mejor? No estoy seguro. Lo que sé es que es el que más me gustó. El lector podrá conseguir el libro (es bastante fácil de encontrar en formato pdf) y formar su propia opinión.

Mi favorito del volumen es “Avería en el desierto, 1968”. Mark, Krystal (embarazadísima) y el pequeño hijo de ambos, Hans, se encuentran atravesando el país de este a oeste, hacia California. Mark espera encontrar trabajo en el show business. Su margen de acción es el tiempo que puedan quedarse de garrón en la casa de un antiguo compañero de Mark. Todo el plan tiene la pinta innegable de un manotazo de ahogado. Se detienen en una estación de servicio en algún punto entre Colorado y California y el cacharro en el que viajan se resiste a volver a encenderse. Es particularmente notable aquí cómo Wolff logra acompasar las dos líneas de sucesos, la situación general en la que se encuentras sus personajes, y la peripecia particular, de modo que la peripecia particular se convierte en una síntesis de gran poder connotativo. Para cuando Mark debe salir a caminar la ruta rumbo a un pueblo cercano en busca de un repuesto, la atmósfera del relato llena cada intersticio y adquiere el peso de la verdad. ¿Qué verdad? Una verdad expresada en forma de una serie de preguntas incómodas: ¿cuán cerca estamos de las personas que más cerca están de nosotros? ¿Por qué nos alejamos? ¿Podemos regresar o sólo nos queda seguir alejándonos como cuerpos inertes en el vacío? ¿Por qué nos olvidamos de lo fácil que es que un modesto y para nada dramático cambio de rumbo convierta una vida en algo totalmente diferente de lo que era hasta ese momento? ¿Por qué, a veces, nuestras decisiones parecen ser sólo una manifestación de la fatalidad? ¿Es tan poco lo que podemos hacer? Lo que hace que un relato, en mi opinión, es su capacidad de expandirse hasta tocar asuntos que, en apariencia, estaban muy lejos de su tema. Creo que “Avería en el desierto, 1968”, lo consigue con margen.

Para terminar, un par de apuntes: creo que sería interesante leer “El hermano rico” en relación a “El elefante”, de Carver; y “Leviatán”, como una especie de reverso o continuación de “Principiantes”. Es interesante ver la forma en que estos relatos hacen eco, unos en los otros, y cómo sus similitudes y sus diferencias, al contrastarse, resultan útiles para llegar más profundo en la exploración de cada uno por separado.

No puedo hacer eso, pensó. Pero sabía que no era verdad. Había decidido no engañarse, y eso significaba ser sincero en todo. Podía dejarlos. Las personas se abandonaban y eran abandonadas todos los días. Era algo terrible, pero sucedía, y la gente sobrevivía a cosas peores. Krystal y Hans también sobrevivirían. Cuando ella comprendiera lo que había ocurrido, llamaría a Dutch. Dutch se subiría por las paredes, pero al final vendría a buscarlos. No tenía elección. Y al cabo de cuatro o cinco años lo sucedido hoy sería únicamente un mal recuerdo.

(de “Avería en el desierto, 1968”)

Calificación: buena.
Título original: Back in the world (1985)
Traducción: Maribel de Juan
Alfaguara, Barcelona, 1992.
ISBN: 9788420424705

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