Smith, Gonzalo Paredes

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Paredes
Paredes

Voluble. Pusilánime. Sorprendido. Permanentemente asombrado. Así es Smarmarough Smith, el protagonista de cinco de los seis relatos que dan cuerpo a “Smith”, libro del autor Gonzalo Paredes editado por Estuario Editora. Las caracterísiticas personales de Smith, y el propio personaje, es lo único que se mantiene relato a relato y le dan hilo conductor que termina por asemejar al libro más que a una antología a una novela con pequeños momentos episódicos. Smith es un grandioso personaje. Las situaciones hilarantes y disparatadas en las que se va viendo envuelto- que no dejan nunca, sin embargo, de tener un matiz siniestro o sombrío, englobando no poco riesgo para el protagonista- en ocasiones alcanzan un inverosímil techo de absurdo. Y cuando tal cosa sucede, la mirada del siempre-con-los-pies-en-la-tierra Smith propone un choque de realidades que provoca la rápida carcajada. El mundo en el que Smith se mueve es delirante, mientras que el propio Smith es la máxima expresión del hombre común, apocado, tranquilo, vergonzoso y mundano.
Los seis relatos que componen el libro son buenos. El primero, “El futuro es nuestro”, se vincula temática y estilisticamente con “Nick Carter (se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo)” de Mario Levrero, generando una parodia al género policial muy a la usanza de esa nouvelle, en el caso de Paredes tomándose a broma el subgénero de “Misterio de Cuarto Cerrado”. La comparación con Levrero no es casual. Paredes publicó su primer libro de relatos, “Un puente largo y antiguo”, en 2001 en la colección De los flexes terpines, dirigida por Levrero. Sin embargo, la comparación empieza y termina en este ejemplo, ya que a partir del segundo cuento- “Smith lee una novela” y el favorito del volumen para quien firma- los relatos, y la creación de Smarmarough Smith, toman un inequívoco vuelo propio.
En el segundo relato, Smith lee “Extraños en un tren” de Patricia Highsmith y de su interpretación creo yo que podemos encontrar cómo se para Gonzalo Paredes ante la literatura, al menos en este caso puntual. Paredes realiza un duelo estilístico con el estilo estadounidense, en especial con el policial estadounidense de los cuarentas o cincuentas, pero pasado por un tamiz propio (que no uruguayo, no hay ninguna intención de uruguayez en su interpretación). Cada uno de los relatos avanza vertiginoso y se suceden las situaciones absurdas dónde Smith se ve involucrado- casi siempre tangencialmente, muchas veces mero testigo de lo que ocurre sin participación real- como es el ya mencionado “El futuro es nuestro”, “El gran muchacho Joe” o “Sylvia Rachel”. En otros- “Smith lee una novela” o “Estados Unidos de América y el mundo”- Smith es la voz narradora del hecho y tiene algo más de involucramiento (aunque en el segundo ejemplo también está reconstruyendo una anecdota puntual de la que fue simple testigo) pero siempre desde su órbita lejana, distante, no pocas veces incomprendida.
El humor de Paredes es sutil. Está clara su parodia al género policial, pero es una parodia bien entendida. Paredes disfruta del género y se ríe con él, para beneplácito de aquellos que amamos y respetamos el policial, nunca se burla ni lo bastardea. Mucho puede escribirse de los límites entre la parodia y la burla. Sin entrar en esas disquiciones, queda claro que Paredes se mueve con mucha comodidad en un terreno escabroso y sale bien librado siempre.
Un libro de relatos muy parejo- tan sólo el último, “El hombre mosca”, pierde algo de interés y mucho puede tener que ver que no está protagonizado por Smarmarough Smith- que sirve además como nacimiento de un inmenso personaje del que – como dice Felipe Polleri en la contratapa- se esperan con impaciencia más cuentos.

Miss Alicia Summers era una mujer común y corriente. Estaba allí, de pie en medio de la sala y, aunque rubia y agraciada, no tenía el corpachón atractivo imaginado por Smith (era menuda y esbelta), ni vestía de marrón (su vestido era beige, un poco ajustado al cuerpo y nada similar al de la criada) ni tenía, al menos en la cara, marcas visibles de golpes (su cutis, por el contrario, lucía liso, claro y rozagante, como si jamás hubiese sido tocado). “Miss Alicia Summers no es, en realidad, Miss Alicia Summers”, pensó Smith, casi decepcionado.

Calificación: bueno
Estuario Editora, 2014
ISBN: 978-9974-699-93-9

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