El gato que venía del cielo, Takashi Hiraide

Hiraide
Hiraide
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La anécdota no podría ser más simple, aparentemente. Una pareja todavía joven- apenas pasan los treinta y cinco años- se acaba de instalar en un pabellón de corte tradicional en una zona antigua de Tokio y por el jardín comienza a visitarlos un gato que pertenece a los vecinos. No hay, insisto, aparentemente, mucho más. El relato a priori pasa por autobiográfico- el protagonista y narrador en primera persona no tiene nombre y además es escritor, por lo que es simple comprender que se trata del propio Hiraide- y cuenta los pocos años que la pareja logra pasar en el pabellón, que si la descripción que se hace le hace justicia es un lugar paradisíaco, hasta que la venta del lugar los obliga a mudarse.
Y cuenta, claro está, la relación que la pareja desarrolla con el gato. El animal, de nombre Chibi (literalmente, chiquito en japonés) se va metiendo de a poco en sus vidas y en su cotidianeidad. En el medio, hay pequeños asuntos, mínimos. Los propietarios de la casa principal (en cuyo jardín está ubicado el pabellón) son una pareja de ancianos que pronto salen de escena y queda en el protagonista la tarea de cuidar de la casa y del mismo jardín, dónde se pasa las horas contemplando las flores y los insectos. Dada la línea de trabajo del protagonista (y de su mujer, que es correctora y editora de textos) ambos trabajan en casa y allí pasan las horas. Y a su alrededor se arma Chibi, el gato, su rutina.
La relación entre los protagonistas y el gato queda pautada desde el principio desde la distancia. La distancia que propone el mismo felino (todo aquel que haya tenido gato alguna vez sabe que lo cercano de la relación lo pauta siempre el animal) y la distancia que presupone que el gato no sea de ellos. En rigor, el gato “pertenece” (las comillas corresponden a que Chibi en verdad no tiene mucho dueño) a los vecinos de al lado, sobre cuyas rutinas el gato corresponde. Pero en el resto de lo que serían sus tiempos libres, Chibi pasa en el jardín y el pabellón.
La mecánica del libro, entonces, es clara. La relación entre los protagonistas y un gato. Y diría que depende mucho del amor que uno tenga por los animales como para transitar por la primera mitad del libro. El cariño que pronto prodigan los personajes al animal puede volverse desesperante para aquellos que nunca han tenido mascota, así como que pronto TODO gire alrededor de Chibi. Pero en cambio, para aquellos que aman a las mascotas (o lo han visto ocurrir) la plácida y enternecedora narración puede llegar a ser conmovedora.
Pero el relato de Hiraide no se limita a esto solamente, no. A medida que el libro avanza- e incluso, cuando uno lo termina queda girando en la cabeza, como un eco del mensaje original- uno va entendiendo que Chibi y la relación toda que el narrador y su esposa entablan con él, significa mucho más. Que la vida plácida que en definitiva viven los protagonistas es vacía. Y que el animal pasa a ocupar un lugar muchísimo más significante que el que debería (porque, al fin y al cabo, sólo es un gato) en sus vidas.
La prosa de Hiraide es bellísima. No existe otra palabra para definirla. Las imágenes que reconstruye el japonés son de esas que explotan en la mente del lector y le quedan grabadas a fuego. El pasaje dónde viven, la casa con su jardín, el pabellón, son además retrato de un Japón que casi que antiguo (el libro se ambienta a fines de los 90s), un Japón que seguramente ya no se encuentre (como casi todo el mundo de fines de los 90s) en ninguna parte.
“El gato que venía del cielo” tiene varias virtudes: una narrativa clara y sencilla que sin embargo es por demás poética sin evitar tampoco momentos humorísticos; una trama engañosamente simple que sin duda deslumbrará a los amantes de las mascotas pero que además deja entrever un mundo de vacíos existenciales a los que con todo no dramatiza o exagera sino que desarrolla de manera introspectiva y creíble; un relato calmo y hermoso de la vida, así, a secas, de la vida de dos personas y su gato. Bueno, del gato de los vecinos.

La casita que alquilamos era en realidad un discreto pabellón situado en un rincón del amplio jardín que se extendía entre el muro y la valla. Esta tenía una puerta de madera de un solo batiente que servía a un  tiempo de acceso para el servicio de la casa principal y de entrada para los inquilinos del pabellón. Los agujeros en la madera semejaban ojos invisibles.
Cuando alguien pasaba por el sendero, sufigura se reflejaba, sin saber muy bien cómo, en la ventana que quedaba justo detrás del muro hasta que chocaba con otro de ladrillo que sobre salía por el lado izquierdo. En ese punto, el camino casi llegaba a formar un ángulo recto. Tras ese quiebro inesperado, un poco más adelante, volvía a curvarse bruscamente a la izquierda y allí uno tropezaba con otra casa cuyo tejado es
taba cubierto por las hojas de un olmo portentoso. Como el sendero dibujaba esa forma de diente de sierra, lo bautizamos por pura diversión como el Callejón del Relámpago.
Título original:
Traducción: oko Ogihara y Fernando Cordobés
Calificación: muy bueno
Edita Alfaguara
ISBN: 9788420414751
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4 comentarios en “El gato que venía del cielo, Takashi Hiraide

  1. Estimado, Rodolfo, es un placer leer tus comentarios claros y sencillos, lo cual no es facil de lograr, hay una tendencia a la erudición ,por ahí, que mas que explicar o sugerir entorpece a los lectores poco avezados como yo. En resumen,bucearé por las librerías de usado para compartir, o no, tus comentarios. Gracias. Saludos. Esther López.

  2. Me gusto mucho, encontre poesía y música revolotendo en el aire del paisaje de un jardin en el que la vida transcurre apacible, por eso será que la busca el gato, para completarlo con su andar felino y elegante, por algo es un lugar bien preciado por sus dueños e inquilinos, buscan la misma armonia y paz, bien de la filosofía oriental. el sentido y la creencia de que algo nos pertenece. y el buscar en otros lo que vivimos una vez, cada cosa y cada sentimiento tienen su tiempo y nos brindan distintas e
    mociones, son todas validas. nada es para siempre. las luces y las sombras, y tantas emociones que me hicieron vivir un rato hermoso, es como escuchar una buena melodía.

  3. No se como este la contraportada del libro pero la reseña ya me hizo tomar nota para futuras visitas a la librería, durante mi adolescencia muchos recuerdos se enlazan con gatos, la casa de mis padres fue un verdadero imán gatuno, llegaban y llegaban y varios echaron raíces. Saludos.

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