Aunque digan lo contrario, Rodrigo Clavijo Forcade

Clavijo Forcade
Clavijo Forcade
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Leer la primera novela de Rodrigo Clavijo Forcade (Montevideo, 1988) es una empresa difícil, pero gratificante. Difícil porque es un libro que está escrito, notoriamente, como un ejercicio de estilo. Gratificante porque es un libro que está escrito, notoriamente, como un ejercicio de estilo. ¿Cómo es posible que una misma característica de la novela sea la que gratifique y, a la vez, la que dificulte? Por el hecho de que dificulta la lectura del primer tramo del libro y gratifica de ahí en más, cuando logramos comprender que no hay nada que comprender; que la trama, los acontecimientos ficticios, “el engaño” o “la trampa”, como se les llama en la novela, son las excusas para que se levante este pequeño homenaje a la escritura misma, de poco menos de 100 páginas. Lo que en los primeros capítulos parece una madeja de errores sintácticos gruesos va cobrando sentido e, inesperadamente, terminamos aceptándolo como una estrategia estilística realmente bien lograda. La polifonía de la novela queda clara por el hecho de que los capítulos están escritos con diferentes niveles sintácticos: desde una entrecortada serie de frases mal puntuadas y dubitativas, como el pensamiento del narrador que las emite, hasta la delicadeza adjetivada y barroca de frases largas y bien construidas del otro narrador, el “demiurgo”, pasando por diversos estilos de escritura, como el periodístico al mejor estilo John Dos Passos, el monólogo interior reflejo de una borrachera del protagonista, o incluso unas dos carillas de líneas punteadas dignas de un revival del dadaísmo.

Se pasean por las páginas los espectros de Onetti, de los clásicos que tanto leen y comentan los personajes (Dante, La Biblia o Shakespeare), de la novela policial, de Levrero, Kafka y Borges. Porque, además, este libro tiene un interés desmedido por establecer intertextualidades y maniobras típicas de un escritor que busca exhibir sus lecturas. Es una novela escrita por un ávido lector, un homenaje a la literatura más que una novela autónoma y autosuficiente. Esto queda claro en todo momento: los personajes se vuelven conscientes de ser personajes, deciden salir y entrar como fantasmas de una trama que ni siquiera logran descifrar, ni nosotros logramos descifrar. Es decir, sí sabemos lo que sucede, sí podemos “entender” (en el sentido de decodificar) los hechos de la novela, pero lo que no podemos, porque el propio autor se lo ha propuesto de ese modo, es llegar al fondo más profundo del asunto, que con tanta insistencia se ha planteado: una misteriosa serie de treinta y tres libros, al parecer sin parangón en la literatura uruguaya, ha sido encontrada y ha puesto en ridículo a la crítica, al público lector, a todos los que intentan introducirse en el misterio de esos libros. Pero resulta que al final ni siquiera los lectores, que se supone que debemos superar el conocimiento limitado de los personajes, podemos tener una visión cabal y completa de la tan mentada trampa, del engaño del que se jacta de ser autor, con tanto celo, el demiurgo. El juego, el engaño, la trampa, terminan en nada, y las ilusiones que se habían elevado como un globo aerostático terminan desinflándose como un globo de cumpleaños abandonado en un rincón.

De todos modos, a pesar de ese abandono voluntario de la trama, la novela se salva. Los acontecimientos quedan todos truncos porque no interesan, no son el centro del libro: el centro, como ya mencionamos, es la escritura misma, el cultivo del estilo, del mero acto de narrar. En última instancia, la literatura porque sí, “el arte por el arte”, también merece ser llevada a cabo, y Clavijo Forcade parece haber abierto un camino poco sondado en esta nueva generación de escritores que, por lo general, trabaja con sumo cuidado la anécdota y la construcción psicológica y biográfica de los personajes; desde González Bertolino a Martín Bentancor; desde Camilo Baráibar a Pedro Peña, la novela tienen otros propósitos; se escribe con sumo cuidado y refinado trabajo, pero para que la escritura desaparezca, para que la historia, la anécdota misma, se enfrente directamente al lector y lo remueva, lo haga sentir la magia de la literatura. Clavijo Forcade destruye esa magia, escribe intentando que se vean las costuras de la escritura y no es otro, ni busca ser otro, el propósito de su primer trabajo. Esperemos que este proyecto parnasiano no desaparezca, y que su autor siga desarrollando esta veta poco transitada en las letras uruguayas actuales, para darle otra variedad, otros tonos (ni mejores ni peores, solo distintos), al ámbito literario local.

Declinó su suerte de abstracción, de cúmulo de potencialidades inciertas, tornándose en un ser palpable y concreto. El pretérito apéndice de mis pensamientos se mueve hoy por sus propios medios, por su propia voluntad: no alcanzo a imaginarlo, a presagiar cómo actuará. La totalidad de la trampa ya no depende de mí, ya no me pertenece. Imagino sentir la misma confusión de emociones que inundarían a un padre que confirma, súbitamente, la existencia de su hijo como una entidad apartada de su carne, de su sangre, de su semen. Aunque tengamos idéntico origen, aunque provengamos de la misma simiente elemental, el tiempo ha logrado transformarnos en cosas disímiles, en sujetos independientes.

No he dicho, sin embargo, lo más curioso del caso: jamás desconocí estos datos que menciono sobre él; los supe, por el contrario, desde el momento en que decidí integrarlo al juego.

Calificación: bueno.

Edición de autor, Montevideo, 2015.

ISBN: 978-9974-99-890-2

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