Ni de Eva ni de Adán, Amélie Nothomb

Nothomb
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Comencemos con una cita:

Apuraba mi okonomiyaki con la mirada perdida, emitiendo alaridos de voluptuosidad. Hasta que terminé de zampármelo todo, no vi que los demás me estaban mirando con educada incomodidad. Cada país tiene sus costumbres en la mesa –balbuceé–. Acabáis de descubrir a los belgas.

Cuando uno lee a Nothomb (Kobe, 1967) tiene la sensación de estar continuamente encontrándose con ese tipo de premisas de autoobservación y vigilancia. Quiero comenzar suponiendo que esto es un hallazgo estilístico de Nothomb, y que, por tanto, escribe de esta forma con total conciencia. Hay, por decirlo de otro modo, una burla constante de sí misma, una autoparodia.

Nothomb realiza guiños al lector de forma constante: lo intenta hacer cómplice de las justificaciones que la protagonista-narradora dispone en cada suceso rememorado. En suma, al hacerlo cómplice lo conmina a la comprensión, a la compasión y a la simpatía. Entendemos, aunque no sea del todo verosímil, el comportamiento y los juicios de Amélie, hasta el punto de consentir el radical giro que la protagonista toma, hacia el final de la novela, con respecto a Rinri, su novio japonés al que tanto admira y quiere.

En realidad, Amélie venera todo lo que es japonés, y si critica algo de Japón lo hace desde una mirada japonesa, como si un japonés criticara algo de su propia sociedad. Aquí se establece un punto interesante: podemos concluir que en esta novela Nothomb se posiciona en lo que hoy en día se da a conocer como teoría descolonialista. Amélie es una joven belga que quiere ser japonesa. Hay una oposición con respecto al vínculo habitual entre continentes: por lo general, o al menos en base al prejuicio occidental, los habitantes de países no europeos quieren ser europeos. Esta ruptura con el eurocentrismo es formidable: tan así que una de las razones por las que la protagonista se parodia a sí misma en su relato es para demostrar cuán ridículas pueden resultar la cultura y las costumbres belgas en un contexto cultural diferente. Nothomb rompe con el universalismo abstracto que viene a ser un dispositivo mental de larga data en los europeos francófonos.

Lo siguiente que es importante, en esta línea antieuropeista o antioccidentalista, es que Nothomb, al igual que todos los japoneses, logra sentir esa vibración comunitaria, como una especie de “sentimiento oceánico” freudiano, al subir el monte Fuji y ver salir el sol junto al resto de los alpinistas.

Y, culminando en esta línea, comprendemos la inminente incompatibilidad entre Rinri y Amélie: mientras ella quiere ser una samurái, él quiere ser un templario medieval o Jesús. Y al cruzarse de ese modo los modelos culturales que cada uno toma como referencia y medida, se van desencontrando las cosmovisiones que cada uno iba descubriendo como ideal. Una historia de desamor cultural. De todos modos, la historia de amor o de desamor es una excusa para lo esencial de la novela: la autoparodia. Amélie Nothomb se burla de sí misma como ser insignificante y ridículo en un mundo totalmente complejo y diferente a cualquier sociedad occidental. Propone, con su estilo hiperbólicamente autorreflexivo y burlesco, que Europa no es omnipotente.

De repente, un fragmento encarnado apareció en el horizonte. Un escalofrío recorrió la callada asamblea. Luego, a una velocidad no exenta de majestuosidad, el disco entero surgió de la nada y dominó toda la llanura. Entonces se produjo un fenómeno cuyo recuerdo me sigue conmoviendo: de los cientos de pechos reunidos allí, entre ellos el mío, se elevó el siguiente clamor:

Banzai!

Aquel grito era una lítotes: diez mil años no habrían sido suficientes para expresar el sentimiento de eternidad japonesa suscitado por semejante espectáculo. Debíamos de parecer una reunión de extrema derecha. Sin embargo, la buena gente allí reunida debía de ser tan poco fascista como ustedes o yo. En realidad, no estábamos participando de una ideología sino de una mitología, probablemente una de las más eficaces del planeta.

Calificación: bueno.

Título original: “Ni d’Ève ni d’Adam” (2007).

Traducción: Sergi Pàimes.

Editorial: Anagrama, Barcelona, 2010.

ISBN: 978-84-339-7382-5

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2 comentarios en “Ni de Eva ni de Adán, Amélie Nothomb

  1. Ese fenómeno de amor por lo japonés está bastante extendido en determinadas tribus sociales desde hace tiempo, me sorprende que al autor de la crítica lo sorprenda. De cualquier forma, llevar esa “niponmanía” al territorio de la literatura sí es novedoso, al menos para mí

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