Los trabajos del amor, Damián González Bertolino

González Bertolino
González Bertolino
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En su reseña de “Antichrista” de Amélie Nothomb, publicada en este mismo sitio web, Damián González Bertolino (Punta del Este, 1980) ha desarrollado una idea estética que ahora parece comprobarse con la publicación de “Los trabajos del amor”. La idea es la siguiente: que la calidad literaria, en algunos casos, se une indisociablemente a la cantidad. Los ejemplos del realismo abundan: las largas parrafadas descriptivas de autores como Stendhal o Tolstoi necesitan la extensión que tienen para alcanzar la calidad que buscan. Si la regla en la narrativa del siglo XX parece ser la economía narrativa, durante el siglo XIX se asoció la cantidad a la calidad del modo en que los asocia González Bertolino en el juicio susodicho.

De este modo, comprendemos que DGB haya necesitado casi 300 páginas (podemos considerarla una novela “larga” en relación a las producciones de sus congéneres) para desarrollar esta nueva (¿nueva?) historia. Si tenemos en cuenta que el resto de su obra, es decir, los dos relatos de “El increíble Springer”, “El fondo”, “Los alienados”, “Standard” o “A quién le cantan las sirenas”, está conformada por libros breves (ninguno supera las 200 páginas y varios de ellos tienen menos de 100), podemos asegurar que, en términos de “calidad/cantidad”, está es la obra cumbre de DGB.

El argumento es sencillo y dista bastante de ser un argumento policial (tampoco puede decirse que sea una novela negra), a pesar de estar publicado en la colección “Cosecha roja” (a lo que voy: los puristas del género reprocharían varias cosas de esta obra).

La cosa viene así: el Toto y Morales, dos delincuentes bastante torpes como para haber sobrevivido tanto tiempo en ese ámbito, han sido conminados por don Gallet, un mafioso de traje y corbata, adinerado y manipulador, cuyo apodo es “Cara con semen”, para realizar un trabajo en apariencia sencillo, pero que oculta toda una serie de tensiones de poder (resumidas en don Gallet y sus satélites vs. Gurisito Macho y sus secuaces) que hará de nuestros dos protagonistas algo menos que marionetas cuya tragedia consiste en no poder verse los hilos, o verlos demasiado tarde. El trabajo consiste en llevar el cadáver del presunto amante de don Gallet desde el motel donde murió de forma misteriosa hasta su propio apartamento antes de que su mujer llegue de un viaje al exterior. El toto y Morales tienen toda la madrugada para realizar el trabajo, pero constantemente se verán en pugna el deber y el placer, la obligación y el sentimiento de libertad, y esa pugna los llevará a un final nefasto.

El barroco perfuma y ambienta toda la novela: el epígrafe de “Historia de la vida del buscón” de Quevedo ( bien pensada, “Los trabajos del amor” tiene algo de novela picaresca); la dupla de personajes en busca de aventuras, al mejor estilo cervantino (incluso las ropas “finas” que don Gallet obliga a vestir a Morales y el Toto nos hace acordar a las armaduras improvisadas de Don Quijote y Sancho, así como todo el juego contrastante de apariencia y realidad que esas vestimentas conllevan); el título que hace referencia a olvidadas comedias shakespeareanas (“Trabajos de amor perdidos” y “Trabajos de amor ganados”); la sangre del Toto que Morales no puede quitarse de las manos en cierto pasaje de la novela, notoriamente asociado a la culpa ladymacbethiana… y podríamos seguir…

Y es que el propio escenario maldonadense es barroco: Punta del Este y su condición de riqueza desmesurada y ostentativa, frente a Cerro Pelado, o al propio barrio Kennedy (barrio del autor), donde la necesidad arremete constantemente las puertas de todos los vecinos.

Cabe, además, en esta reseña, detenerse a pensar el proyecto narrativo de DGB, pues se trata de un caso tremendamente curioso: si bien el propio autor ha declarado públicamente que su proyecto se asocia al realismo, en su obra vemos constantemente acercamientos a los sueños o a las percepciones constructoras de un mundo puramente subjetivo, extraño, a veces fantástico, al modo de Felisberto Hernández (o al modo del surrealismo italiano, pues en varios momentos parecemos estar frente a la pantalla grande y es como si se estuviera proyectando “Roma” o “La strada” de Fellini), que nos hacen al menos poner en tela de juicio el paradigma realista en el que supuestamente se inscribe el escritor puntaesteño. Pero además de los sueños y de las percepciones distorsionadas de los personajes, en “Los trabajos del amor” DGB lleva al paroxismo un experimento discursivo que había comenzado, tímidamente, con ciertas parrafadas en cursiva en “Threesomes”. En la presente novela, se logra con sumo acierto el discurso monológico cuasi “interior” en el capítulo XII 1/8, subtítulos paródicos a la novela de caballería o a la barroca en el capítulo IX, el “Epílogo” desmesurado de risas y portador de un escenario ominoso, la imposibilidad de decidir si el capítulo XV (tal es la “vacilación” todoroviana en la que nos vemos al leerlo) forma parte de los “hechos” o de los “sueños”…

Resumiendo, quien lea “Los trabajos del amor” se encontrará frente a la novela más lograda, madura y poderosa de Damián González Bertolino. 

Se produjo un ánimo general de vigilancia. Don Gallet, el hombrecito y también los otros dos ayudantes miraban hacia la abertura del camión conteniendo la respiración. Morales vio cómo algo cobrizo vibraba en la penumbra y en seguida una mancha alargada en el mismo tono unió ese espacio con el interior del círculo. Tanto el hombrecito como los ayudantes habían dado un respingo, pero don Gallet siguió el desarrollo de la situación con ambas manos apoyadas en la cadera y una aparente autosuficiencia que parecía renovarse. Don Gallet se hacía más grande… El hombrecito, por su parte, había caminado hasta la cabina y se había puesto al volante. Hizo una seña rápida y los muchachos se separaron de don Gallet con diligencia. Cada uno de ellos se paró frente a una hoja del círculo. Cuando el camión avanzó un metro los muchachos empujaron las hojas con rapidez, pero no había ningún temor visible en ellos. En el centro exacto del círculo, Morales distinguió la nitidez pacífica de un león que se afirmaba en sus patas y elevaba también él su cabeza hacia lo alto del firmamento, apenas como si estuviera respondiendo a un llamado.

Calificación: excelente.

Estuario Editora, Montevideo, 2015.

ISBN: 978-9974-720-14-5

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2 comentarios en “Los trabajos del amor, Damián González Bertolino

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