La célebre descarga de la caballería ligera, Gonzalo Fonseca

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En un momento como el nuestro, en el que la crítica literaria pone el énfasis en una categoría como la de “escrituras del yo” (muy a colación en tiempos de selfies), también nos haría falta un conjunto de herramientas hermenéuticas que conformaran otra categoría no menos útil: las “escrituras del nosotros”.

El elemento esencial de las escrituras del nosotros tiene que ver con una voz enunciativa que configura su visión del mundo haciendo prevalecer no su existencia individual sino su pertenencia a un clan o colectivo, ya sea territorial (barrial, nacional, regional o inclusive mundial), lingüístico-cultural (dialectal, subalterno, lunfardo), familiar, económico, etc.

En clave de “escrituras del nosotros” podríamos releer, por ejemplo, “El fondo” de Damián González Bertolino, donde la voz narrativa está claramente ligada a un nosotros coral, a una visión grupal de la propia infancia, y no tanto a un intimismo individual. O “Noite nu Norte” de Fabián Severo, en tanto rescate de una voz dialectal que representa a un conjunto y no a un individuo. El individuo no puede ser “dueño” de su lenguaje, porque “Artigas tem uma lingua sin dueño”, una lengua inherentemente construida en colectivo, y que enunciada representa siempre a un colectivo.

En estas mismas coordenadas, es que podemos leer “La célebre descarga de la caballería ligera” de Gonzalo Fonseca.

Este es el punto que, al parecer, comprendió el profesor Gabriel Di Leone al escribir el prólogo del libro: lo une indivisiblemente a textos (¿reales, ficticios?) escritos por el padre y el abuelo del escritor Fonseca. Se establece, entonces, una visión caleidoscópica de tono claramente familiar, además de regional (una voz que ilustre ciertas anécdotas pintorescas del departamento de Rocha).

Y en esa otra palabra también hay una clave para decodificar el libro: lo pintoresco. La anécdota hecha poesía es un estilo que le interesa mucho a Fonseca, y es por esa razón que gran parte del libro está escrito en prosa poética: hay un ritmo en la prosa que Fonseca necesita para desarrollar la anécdota, que en la rigurosa estructura del verso es mucho más complicado lograr.

Entonces, poesía pintoresca, por momentos vallejiana, con influencias y referencias a la poesía española, más narrativa que lírica, de rescate del pasado y no de captura del presente, de retrato de grupos y no de sentimientos individuales: por las páginas de libros atraviesan familiares, amigos, conocidos, desconocidos, y el yo lírico los va construyendo a todos ellos a través del ejercicio de la memoria. Es notorio, además, el insoslayable empleo de formas verbales en segunda y tercera persona del singular, así como en primera del plural, dando siempre la pauta de que esta es una poesía para el “otro”, para retratar o recordar a los demás.

Esta es una poesía grupal y mundana, casi opuesta a la individual y metafísica:

“¡hete aquí!

con ojos milenarios

parada en el fondo de la vida

la casta / no la quimera

el abolengo / no la nube.”

Y aunque a veces el peso del pasado y la tradición sean como una “mochila vietnamita” (buena metáfora, pues en la más tierna niñez del autor se desarrollaba trágicamente la guerra de Vietnam), esta se carga sin chistar:

“tengo ese sabor culpable como mochila vietnamita

de padre lituano

servidumbre de antepasados impune”.

En el medio del libro se intercala un ejercicio repentista y payadoril realizado en Maldonado, llamado “Campoemato de improversación”, en el que, luego de la propuesta de ciertas temáticas, los participantes tenían un tiempo determinado para escribir poemas sobre estas. Cabe destacar que en Fonseca siempre hay un tono irónico y humorístico en el tratamiento de los temas, que sugieren lo sexual y que interpretan siempre de forma metafórica los términos: como ejemplo, en la temática “La escoba y la pala”, la pala sugiere el órgano sexual masculino; en “Los pecados capitales” hace referencia a la película protagonizada por Morgan Freeman y no a los pecados en sí.

Y el último tema que interesa rescatar es el del alcohol: beber como homenaje al pasado, a los muertos, a los vivos, al paso del tiempo, a la angustia, beber ante todo, es una máxima de los “Rubaiyat” de Omar Khayyam que Fonseca revitaliza en un poemario publicado anteriormente a este libro, por la editorial Trópico Sur, pero que integra también en este volumen: “Bebamos contra tal impertinencia”.

Es claro que el alcohol facilita un sentimiento “oceánico”, de unión con el todo, de olvido del yo, que refuerza el tono colectivo y de dedicatoria al otro que tiene el poemario de Fonseca.

Claramente, estamos ante un poemario que va a perdurar, por su sincera capacidad de brindar por el otro, por el lector.

“ya te vuelves

al final del camino

sabes bien lo sabes

que hay otro tiempo y alguien

nos espera”.

Calificación: buena.

Editorial: Trópico Sur, Maldonado, 2014.

ISBN: 978-9974-8504-0-8

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