Open, J.R.Moehringer y Andre Agassi

***
***

Esta es la biografía de Andre Agassi, el famoso tenista de Las Vegas cuya carrera profesional se extendió durante veinte años a lo largo de tres décadas, entre 1986 y 2006. Una vez retirado, mientras repartía su tiempo entre su Andre Agassi College Preparatory Academy (un colegio y liceo pensado para brindar oportunidades educativas de excelencia a niños y jóvenes de –tal como se los denomina ahora- “contexto crítico”) y la familia que formó con la tenista alemana Steffi Graff; Agassi buscó a J.R. Moehringer, novelista y periodista ganador del Premio Pulitzer en 2000 y autor de un libro de memorias titulado The Tender Bar en 2005, para que lo ayudara a pasar al papel su propia historia. El resultado es esta biografía novelada: Open, que se convirtió en un best-seller en EEUU.

Moehringer
Moehringer
Agassi
Agassi

El trabajo entre J.R. Moehringer y Agassi consistió (tal cual se relata en la sección de Agradecimientos del libro) en una larga serie de conversaciones grabadas y luego transcriptas “que, de alguna manera, J.R. transformó en un relato”, y si bien el propio Agassi le pidió a Moehringer que firmara el libro “a él le pareció que solo un nombre podía figurar en la cubierta”. De modo que, a pesar de que la voz narradora es la de Agassi, Open es, en rigor, una autobiografía escrita en colaboración: Agassi aporta las historias, Moehringer aporta el oficio.

Luego de una especie de prefacio en la que se relata el penúltimo partido profesional de un físicamente maltrecho Agassi ante el chipriota Marcos Baghdatis en el US Open de 2006, el libro da un salto temporal hasta la infancia de Agassi: una bildungsroman en toda la regla. El escenario es perfecto y los actores están en sus posiciones y se saben sus parlamentos. El escenario es una casa fuera de Las Vegas, rodeada de desierto, el único lugar en el que el inmigrante iraní Emmanuel “Mike” Agassi puede comprar un terreno lo suficientemente grande para construir la pista de tenis que necesita para entrenar a sus hijos: Rita, Philly, Tami y Andre. El relato de la relación entre Agassi y su padre, marcado fundamentalmente por la exigencia marcial de perfección tenística, es poderoso, y rápidamente queda claro que la vida familiar es un tormento al que todos se someten: la voluntad del padre es incuestionable. El padre construye una máquina lanzapelotas a la que Andre bautiza como “el dragón”. Cada día tiene que luchar contra el dragón, porque, según su padre, “un niño que devuelva un millón de pelotas al año será invencible”. Sometido a esta tortura diaria, Andre aprende a odiar el tenis, y ese es el núcleo de contradicción (y el secreto) que arrastra a lo largo de toda su vida como tenista: posee un talento superlativo para algo que él no ha elegido, que le ha sido impuesto, y eso traumatiza seriamente toda su personalidad, ¿es un hijo para su padre o es, simplemente, una pequeña máquina perfecta de devolver las pelotas que otra máquina perfecta lanza? Solamente alcanzar la perfección le proporciona un poco de alivio del acoso paterno:

Tengo la sensación de que el brazo se me va a soltar del cuerpo y se me va a caer al suelo en cualquier momento. Querría preguntarle: ¿cuánto tiempo más nos queda, papá? Pero no pregunto. Hago lo que me dice. Devuelvo la pelota con toda la fuerza de que soy capaz, y después un poco más fuerte todavía. Con una devolución en concreto, me sorprendo a mí mismo de lo fuerte que he golpeado, de lo limpio que me ha salido el tiro. Aunque odio el tenis, me gusta la sensación de devolver una pelota perfecta. Es la única paz que encuentro. Cuando algo me sale perfecto, disfruto de una fracción de segundo de cordura y sosiego.

El libro sigue un orden cronológico y se estructura mediante el procedimiento de enlazar la carrera de Agassi con su vida personal, como cuerpos celestes orbitando uno alrededor del otro. El tenis proyecta toda su fuerza sobre la vida y la vida empuja con energía al tenis: las derrotas y las victorias en uno y otro campo están profundamente vinculadas.  El padre de Andre lo envía a un internado en la Academia de Tenis de Nick Bolletieri en el Estado de Florida. Bolletieri es la segunda “figura paterna” que el joven Andre aprende a odiar, pero la primera contra la que se rebela. Bolletieri, a su vez, comprende que el talento de Andre puede poner su Academia definitivamente en el mapa. La alianza entre ambos es, cuando menos, turbulenta. A los dieciséis años, Agassi se convierte en profesional, viaja junto a su hermano Philly para competir en sus primeros torneos y firma un contrato de esponsoreo con Nike que le reporta 25.000 dólares.

La potencia narrativa del libro es fluctuante, como un chorro de agua que perdiera presión cada tanto. Dicho de otro modo, cuando el modo expresivo se vuelve más literario, la narración gana en fuerza y en poder connotativo; cuando, en cambio, se acerca más a la crónica, la intensidad languidece. Hay algo que debe ser tenido en cuenta: Agassi tiene, hoy, 45 años. Todavía es un hombre joven y nunca dejará de ser una figura pública. Mucha de la gente a la que menciona todavía está viva y puede sentirse molesta, herida o traicionada por sus comentarios. De modo que no es extraño notar, en muchos pasajes del libro, que es su reticencia la que cierra la canilla, la que baja la presión del relato y la que pide, sin pedirlo, discreción sobre ciertos aspectos incómodos de la historia. Esto no quiere decir que no haya espacio para los dardos o los comentarios poco amables, después de todo, una cosa que queda clara es que Agassi no tiene pelos en la lengua a la hora de machacar a los colegas que no soporta (Jimmy Connors, Michael Chang y, muy especialmente, Boris Becker, al que evidentemente detesta) y se preocupa de ser sutil, aunque no por eso menos ponzoñoso, para referirse a su némesis, Sampras. “Pete, siempre Pete”, repite como una salmodia a lo largo de los capítulos.

Lo peor del libro, probablemente, es la parte romántica: los devaneos con sus primeras novias, la ruptura con Wendi, su relación fallida con Brooke Shields, hasta su romance perfecto con Steffi Graff, constituyen el sector más pueril de la historia. Que si le mandé un fax, que si le mandé rosas, que si le hice una tarjeta de cumpleaños, que si no me respondía las llamadas, que si la paso a buscar con la capota subida o bajada… En estas partes a uno le dan ganas de pedirle discreción. Agassi, no me cuentes eso. O no me lo cuentes así. La otra parte increíblemente sensiblera está referida al preparador físico de Agassi, Gil Reyes, que se convierte en un padre sustituto para él. De hecho, Agassi va por ahí, casi literalmente, como un niño que busca reemplazar al padre afectuoso que no tuvo, del mismo modo en que al armar su equipo parece estar queriendo reconstruir una especie de familia paralela en la que él es siempre el centro. Un psicólogo se adentraría en este libro como un perro en una fábrica de chorizos.

Se suceden las temporadas y los campeonatos. Agassi asciende, cae en desgracia y vuelve a ascender, completa el Grand Slam de carrera (esto es: haber ganado al menos una vez, cada uno de los cuatros torneos de Grand Slam: Roland Garros, Wimbledon y los Abiertos de Australia y Estados Unidos), gana el oro olímpico, humilla a sus rivales y es humillado por sus rivales, llega al primer puesto del ranking ATP y cae hasta el puesto 147, un control antidoping le da positivo por consumo de metanfetaminas, se ve obligado a comenzar de cero, a jugar otra vez contra amateurs del fondo del tarro, y la rueda sigue girando. El relato es entretenido y por momentos es interesante, pero hace rato que abandonó las pretensiones literarias que se vislumbraban en las primeras páginas. Ahora, la voz predominante es la de Agassi, y sentimos que la influencia de Moehringer cede terreno hasta apagarse, finalmente, el relato es un relato moral, edificante, aleccionador, no en vano Agassi declara sin ambages su cristianismo y, en un momento especialmente difícil para él, busca consejo y consuelo en un predicador que acaba convirtiéndose en parte de su equipo. Y para el momento en que nos cuenta que cada vez que pasa por el colegio (que fundó y sustenta) les pide a los niños que se pongan de pie y reciten junto a él el “Código de Respeto”, uno ya ha comprendido que la finalidad última del libro es dejarnos una imagen enaltecida de Agassi, el niño terrible del tenis que se ha redimido hasta convertirse en un hombre de bien, un hombre que se considera a sí mismo fuente de esperanza y modelo posible para jóvenes con problemas.

Finalmente, nos desplazamos hasta un club de campo de la ciudad para grabar una última toma. El director me viste con un traje blanco y me pide que llegue hasta la puerta principal montado en un Lamborghini. Bájate del coche, me dice, vuélvete hacia la cámara, bájate las gafas de sol y di: “La imagen lo es todo”.
¿La imagen lo es todo?
Sí. La imagen lo es todo. (…)

A las pocas semanas, empiezo a oír ese eslogan dos veces al día. Y después, seis veces al día. Y después, diez (…) De la noche a la mañana esa frasecilla empieza a representarme. Los periodistas de la prensa especializada identifican el eslogan con mi naturaleza interior, con mi esencia (…) Mis fans durante los partidos, empiezan a gritarme la frase: “¡Vamos, Andre: la imagen lo es todo!”. Me lo gritan si demuestro la más mínima emoción. Me lo gritan si no la demuestro. Me la gritan cuando gano. Me la gritan cuando pierdo.

Calificación: buena
Título original: Open, An Autobiography (2009)
Traductor: Juanjo Estrella González
Duomo Ediciones, Barcelona, 2014
ISBN 978-84-15945-88-8

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s