El gran surubí, Pedro Mairal y Jorge González

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Así explica el propio Pedro Mairal, en su blog, de qué va la cosa: “Escribí una novelita en sonetos que se llama El gran surubí. La historia ocurre en una Argentina de pesadilla. El país se quedó sin carne y hay poca comida. En medio del caos, el Ejército recluta a los varones mayores de edad. Los saca de sus casas, de los bares, de donde sea. Los arrastra a empujones, los uniforma y los obliga a pescar. En los afluentes del río Paraná crecieron surubíes enormes que son atrapados por gomones de Gendarmería y suministrados a los habitantes del conurbano. En las profundidades viscosas, además, existe un surubí gigante (una especie de Moby Dick) que todos los Regimientos quieren pescar como trofeo. Los soldados pasan hambre, frío, tienen sexo entre ellos, pescan de noche, mueren ahogados, quieren escapar. El gran surubí está escrito en seis capítulos de diez sonetos cada uno, ilustrados por Jorge González. La revista Orsai lo fue publicando como folletín en los números del 2012”.

Mairal
Mairal

Se puede discrepar con Mairal en una cosa: El gran surubí tiene poco de novelita y mucho de gran novela, o de gran novelita (respetemos su brevedad) que se conecta, voluntaria o inconscientemente, con novelas míticas, fundacionales, monstruosas, del tamaño de su surubí (ese simbólico leviatán criollo), pero especialmente con una: el Martín Fierro. Para hablar de la forma (por qué elegir contar una novela en 60 sonetos en vez de recurrir a la prosa), habrá que recurrir otra vez a Mairal. Esto se lo dijo a Mercedes Cabrera, en 2013, en una entrevista para la Revista Llegás: “En la prosa tenés que explicar muchas cosas, como hay espacio no hay nada que te demande sintetizar. Tenés que explicar quién es el personaje, en qué barrio vive, cuál es su background. En cambio, en la poesía no. Aunque parezca paradójico, encerrarme en la cajita del soneto es una liberación porque ya no tengo que explicar nada. Creo que la poesía me ayuda a ubicarme en el espacio de lo incuestionable porque lo que no está lo completás vos, está en tu cabeza”.

Así es como funciona esta novela, se amplía en los inmensos resquicios que habilita la poesía de Mairal, pero para amplificarse usa la fuerza de esa poesía: quiero decir que la historia no solo tiene el permiso de extenderse a los territorios que la palabra no tocó, sino que es empujada hacia esos territorios por la inmensa fuerza connotativa de aquellas palabras, una potencia que se luce en cada soneto con cualidades mutantes: de lo coloquial a lo fantástico, de lo cruento a lo sensual, siempre arrolladora, y por debajo, cuánto: la política, la economía, la degradación, el fin.

González
González

Y si hablamos de amplificación, qué se puede decir del trabajo de ilustración de Jorge González, excepto que es magistral. La simbiosis entre el arte de González y la poesía de Mairal llega a un punto en el que es imposible pensarlos por separado. Hay una apropiación mutua, algo que, en el proceso de creación de la obra, se fue enredando hasta el punto de lo indisoluble. Dice Mairal: “Cuando terminaba un capítulo se lo mandaba y él (González) me enviaba de vuelta las ilustraciones que iban para cada soneto. No lo podía creer, me provocaba y me sigue provocando un estado de euforia mirar sus ilustraciones porque es como ver más allá de las palabras que vos escribiste”. Hay muchas cosas ocurriendo a la vez en cada ilustración: conviene detenerse en ellas, observarlas realmente, dejarse imbuir de la forma que tienen de hablar sobre el texto, de crear el ambiente, de construir el espacio, de adentrarse. Mucho más que ilustrar escenas, cada página de González vuelve a crearlas. No es lo mismo.

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VII.

no entendíamos nada nos mirábamos
con un fondo de risa descreídos
daban ganas de hacernos forajidos
trepando el alambrado pero estábamos
vigilados por cuatro metralletas
dispuestas a borrarnos de este mundo
mejor era aguantarse el rato inmundo
haciéndonos los buenos y los tetas
ser teta era ser blando en ese entonces
lo explico por si alguno no lo entiende
mi relato es sencillo y no pretende
llegar hasta la fábula y los bronces
solo quiero contar eso que vi
el río dios la muerte el surubí

Aquí, un video con el audio del primer capítulo leído por Mairal, acompañado de las ilustraciones de González.

Calificación: excelente.
Edita Orsai, mayo 2013.
ISBN 978-84-15525-02-8

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Un comentario en “El gran surubí, Pedro Mairal y Jorge González

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