¿No has oído hablar de Cardoso?, Mateo Arizcorreta y Diego Ruiz

Arizcorreta-Ruiz
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Cuando se trata de novelas, hay una combinación que debe ser muy armónica y equilibrada para que funcione: la combinación entre humor e inteligencia. Por lo general, las novelas inteligentes (aquellas que se nutren de la filosofía, de las ideas políticas, de las referencias al arte en general) tienen un tono serio y sobrio; por otro lado, las novelas humorísticas, “cómicas” si cabe el mote, tienden a una banalización del contenido en pos de construir una trama cuya serie de efectos risibles la haga, digámoslo así, “llevadera”.

Entonces, lograr que una novela sea lo suficientemente ágil (esto siempre depende del tiempo de lectura que cada uno tenga en su rutina diaria, pero es seguro que este libro se lee en menos de una semana), pero que a la vez esté sobrecargada de referencias (parodias, críticas sociales, chistes, pies de página) y que experimente con los estilos de escritura, sin perder de vista que no hay que ser un lector especializado para disfrutar de “¿No has oído hablar de Cardoso?”, no es tarea sencilla. Sin embargo, el libro que escribieron a cuatro manos Mateo Arizcorreta y Diego Ruiz, estos treintañeros híbridos entre la capital y el departamento de las termas, las naranjas y Horacio Quiroga, cumple con creces estas pautas recién señaladas.

El argumento es digno de un episodio del dibujo animado delirante “Hora de aventura”: Manuel Barrios se encuentra con mucho dolor de muelas en una sala de espera, ojeando revistas que descarta instantáneamente, hasta que da con una que tiene unos poemas que lo maravillan, pues “cada palabra reverberaba, pues estaba escrita dos veces. Descubrí así que el español era más que un idioma: era un instrumento”, arguye Barrios. El autor firmaba con seudónimo: Toro Sentado. Sin poder olvidar ese hallazgo, Barrios emprende un viaje de descubrimiento, parodia de la literatura barroca española mezclada con una road movie y con el relato detectivesco-policial, para hallar la identidad del misterioso autor, apellidado Cardoso, junto con la hermosa Lorena, llegando a extremos tales como entrar en la casa del poeta y ser sorprendidos infraganti o jugar un campeonato de tejo hasta llegar a la final contra Cardoso y su colega inseparable Moreira. Cada vez más cerca de develar la verdadera identidad de Cardoso (y a su vez intentando hallarse a sí mismo), Barrios se ve envuelto por una sociedad secreta que también va tras los pasos del misterioso poeta, pero por motivos muy distintos a los suyos.

Pero si el argumento es delirante, eso no le quita mérito para leer la novela en clave de una verdadera mirada aguda sobre muchos problemas sociales de la actualidad, como las paradojas de ciertas organizaciones, movimientos, ONG´s, movilizados por derechos de minorías (animales, personas de etnias o orientaciones sexuales subalternas, o simplemente calvos, como parodia la novela) que buscan los privilegios que presuntamente tiene la mayoría sin querer dejar de ser reconocidos en sus particularidades de minoría. De la misma manera, no se salvan los estereotipos de artistas, adoradores de las teorías conspirativas, ecologistas, hippies, hipsters, en fin, la enorme variedad de tribus que nos regala la sociedad posmoderna.

Por último, y no por eso menos relevante, sino tal vez lo más enjundioso, está el juego del lenguaje, de la escritura, de los estilos, que atraviesan los 88 capítulos breves de esta increíble novela, que cuenta además con un “anexo” final, donde se recopilan muestras facsimilares de la misteriosa, coloquial, profunda, reflexiva, a veces de tintes vanguardistas, poesía de Cardoso. Es interesante constatar que la creación de un poeta ficticio, y el juego de heterónimos, parece ser una búsqueda de interés en algunos escritores uruguayos actuales. Véase como ejemplo Martín Uruguay Martínez en “Poemas de la pija” o los heterónimos poéticos y periodísticos de Fernández de Palleja. Pessoa está más vivo que nunca. Pero sobre todo, lo que está vivo es la toma de conciencia de la inutilidad del intento de develar el sentido último de la poesía por el camino de la búsqueda de la identidad civil del poeta, basado en el concepto ingenuo de que la identidad es monolítica y sin fluctuaciones.

Cada capítulo va encabezado por un título al estilo de Don Quijote de la Mancha, y de la novela barroca en general, y de ahí la asunción de la contratapa de que esta es “la mejor novela que se ha escrito desde el Quijote”. Obviamente, y como ocurre constantemente en el libro, hay una reflexión sobre el lenguaje que lleva todo el tiempo a pensar en la polisemia de las palabras. Nada se puede dar por sobreentendido, pues los personajes, y fundamentalmente el narrador, se corrigen todo el tiempo en los empleos de tal o cual vocablo, develándolo en su multiplicidad de sentidos y generando con eso, las más de las veces, chistes dignos de carcajadas.

Entonces: esta es, o no es, la mejor novela escrita “desde” el Quijote, dependiendo si “desde” significa “del 1605 a la fecha” o si quiere decir “influida por el Quijote” o “rescatando el espíritu quijotesco”. Sin duda, en este último sentido, se emparenta, casi diría se iguala, a “La conjura de los necios” de John Kennedy Toole y, en cine, a “Mr. Kaplan” de Álvaro Brechner.

En resumidas cuentas: no sé si es verdad, como ostenta la contratapa, que esta es la mejor novela que voy a leer este año, pero si no es verdad, al menos es verosímil, debido a su “talante”, y para entender esto último es preciso leer la novela.

No solo percibía la ciudad de otra manera, sino también al mismísimo Cardoso. Lo miré con la mente detenida. Al fin y al cabo, no era más que un hombre, un hombre capaz de condimentarse el zapato con mostaza y de volcarse la bebida sobre sus prendas. En resumen, un simple mortal; un ser humano que podía equivocarse y que, de hecho, lo hacía. No necesitaba un espejo para comprender que el que había cambiado era yo.

Calificación: excelente.

Editorial: Tajante, Montevideo, 2015.

ISBN: 978-9974-8519-0-0

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