Mi ángel tiene alas negras, Elliot Chaze

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Chaze
Chaze

Los lectores apasionados de un género no se cansan nunca de buscar más y más obras que completen su afán coleccionista. De esta manera es que uno se construye su propio catálogo como lector, y así, título a título, autor por autor, va completando una larga lista de lecturas que lo termina con constituir en un amante del género. Esto ocurre especialmente con el género policial (y con la ciencia ficción) y en particular, rastrear obras y autores de las décadas treinta, cuarenta y cincuenta en Estados Unidos es un deporte particularmente practicado por los fans del mismo. Pasar de los autores más conocidos a aquellos de segunda línea, leer la obra de teóricos al respecto, bucear cada vez más y más profundo en nombres, siempre buscando esa joyita desconocida.

Una colección imprescindible a la hora de hacer esto mismo es Black, editada por Plaza y Janés a principios de la década de los noventa y coordinada por uno de los mayores expertos en novela negra de habla hispana como es Javier Coma. Esta colección era un verdadero baúl de tesoros desconocidos, dónde se podía encontrar- traducidos por primera vez al castellano- obras imprescindibles del género como nunca antes, autores de la talla de Don Tracy, Jonathan Latimer o Dorothy B. Hughes y descubrirlos como verdaderos maestros del género.

Esto viene a cuento de que el rescate que hace la editorial argentina La bestia equilátera de la novela “Mi ángel tiene alas negras” de Elliot Chaze perfectamente hubiera ingresado en la colección Black de Coma. Una novela escrita según los cánones de su año original de publicación- 1953- pero que no tiene nada que envidiarle a los grandes maestros del subgénero crook story (historias de criminales) como lo son Jim Thompson, James M. Cain o William Riley Burnett, todos ellos considerados de segunda línea en comparación con la santa trinidad del policial negro como son Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Ross MacDonald (que deben- en cierta medida, más allá de su innegable talento- su popularidad a dedicar su obra a la figura del detective privado, siempre más aceptado por el publico lector que el criminal). Al igual que Thompson, Cain o Burnett, Chaze retrata con detalle y profundidad la vida del marginal, del criminal profesional, desencantado de la vida y de la rutina que tiene el “hombre de bien” buscando algo que aunque consiga nunca lo colmará.

“Mi ángel tiene alas negras” nos cuenta la historia de Tim y Virginia, dos criminales en fuga- el primero un prófugo de una penitenciara, la segunda una prostituta de lujo acusada de asesinato- que se encuentran y terminan planeando un asalto perfecto. Haze no se aleja ni medio paso de las reglas del género- Tim es recio, desencantado, con un conflictivo pasado, Virginia es toda una femme fatale pero con acciones que la redimen- pero narra con una fuerza y una profundidad que ya quisieran para sí muchos narradores modernos. La novela- breve, 220 páginas- se lee a toda velocidad y nos narra a toda prisa el descenso a los infiernos de la pareja. Porque como casi toda la literatura negra es profundamente moralista y sabemos que- en la ficción- el crimen no paga y ya desde el principio del relato, sabemos a Tim y Virginia condenados.

Elliot Chaze nació en 1915 y falleció en 1990. Fue en su vida periodista, editor y escritor de al menos 10 novelas, siendo esta que nos ocupa la más popular de todas. El interés por su obra- considerada de culto pero no siempre accesible- se reactivó hace un par de años con la reedición de esta novela (y que llevó a esta edición en castellano) a raíz de una muy postergada adaptación al cine- que ya ha anunciado a Tom Hiddleston como Tim y a Anna Paquin como Virginia- que todavía se encuentra en fase de preproducción. Ojalá esto reactive aún más y propicie más reediciones del trabajo de Chaze, un injustamente olvidado imprescindible autor de género negro.

Había pasado más de dieciséis semanas deslomándome en una plataforma petrolera del río Atchafalaya, acomodando los grandes tubos plateados, acarreando bolsas de lodo desde la barcaza hasta la costa, trabajando con la espalda y las tripas y dejando que mi mente divagara. Necesitaba mucha divagación. A los dos mil metros anularon el tubo, abandonaron el pozo, nos pagaron y nos dijeron que regresáramos en un par de meses.

El bizco Benson, operario de perforadora, me dijo que yo había sido un buen peón: la mayoría de los hombres corpulentos eran chapuceros y lerdos en una plataforma, pero yo manejaba mi peso como un hombre menudo. Pensaba que cuando abrieran un nuevo pozo yo estaría preparado para trabajar en la torre. Dijo que yo era demasiado hábil para “que me desperdiciaran en tierra con las mulas”, y que quería verme arriba, con el pelo al viento y mejor salario. Traté de no reírmele en la cara.

Ahora disfrutaba del agua jabonosa en la anticuada bañera del pequeño hotel de Krotz Springs.

Calificación: muy bueno
Título original: Black Wings Has My Angel
Traducción: Carlos Gardini
La Bestia Equilátera, 2013
ISBN: 978-987-1739-56-1

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