Los enamorados, Alfred Hayes

Hayes
Hayes
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Chico conoce chica. Chica conoce chico. Se enamoran. Su relación avanza, caracolea, se complica, se separan, vuelven. El destino final de su relación permanece desconocido. O no. Se separan definitivamente o viven felices para siempre. Las múltiples variables de las relaciones humanas han sido tratadas hasta el infinito por el mundo de la ficción. ¿Qué puede aportar diferente esta novela del rescatado por la Bestia Equílatera, Alfred Hayes, publicada originalmente en 1951? Argumentalmente, nada. La historia que cuenta Hayes no es ni más ni menos la misma que hemos visto muchas veces antes y muchas veces después, amén de que no cabe duda que la seguiremos viendo muchas veces más con el correr de los años. Es más, en las primeras treinta páginas de lectura de “Los enamorados”, el lector desconfiado- incluso cínico- se pregunta “¿y que va a pasar con esto?”. Porque en un principio no parece que Hayes pueda lograr que una historia tan manida y en la que, a priori, no pasa nada termine por volverse interesante.
Y es ahí dónde ese lector se equivoca (que se embrome por cínico). Hayes apuesta a profundizar muchísimo en sus personajes- especialmente en el masculino, ya que la novela está narrada en una cuasi primera persona (es clave lo de “cuasi”, es una primera persona que a veces pasa por tercera, dada su omnipotencia y omnisapiencia)- y como los avatares de su relación los van afectando. Esta pareja, que no difiere de muchas otras parejas en circunstancias parecidas, será sometida a un escrutinio minucioso y detallado. Y es allí dónde Hayes reluce. Esa psiquis de sus personajes vista hasta los poros, hasta cada respiración, cada suspiro, cada duda, cada paso en falso, cada declaración dada de rodillas y con el rostro bañado en llanto, cada pequeño acto de crueldad que suele estar tan ligado al amor, en la pluma del escritor inglés (criado en Nueva York, que es además dónde ambienta su novela) reluce, destaca, y se vuelve un placer de leer.
Los “rescates” de la Bestia Equilátera se han vuelto imprescindibles de buscar y encontrar. Tanto los de variante policial negro (“Uno es un número solitario” de Bruce Elliot o “Mi ángel tiene alas negras” de Elliot Chaze) como los de costumbrismo sardónico (el increíble “Una vida plena” de L.J. Davis) son recomendables en extremo. De Hayes han publicado hasta el momento tres novelas: “Mi perdición”, “Que el mundo me conozca” y la que aquí nos ocupa que suma- y casi que le da a la editorial el viso de infalible- esta pequeña historia de amor algo misógina -no olvidemos que estamos en la década del cincuenta, cuando la corrección política no era el flagelo que es hoy- de seres solos, desesperados, que se aman, se odian, se separan, se reencuentran, se pierden y se vuelven a encontrar. Una historia que se construye a fuego lento y que, para aquellos lectores pacientes, será sin duda un disfrute.
No haga caso a la contratapa- que habla tonterías de libro único y otros conceptos publicitarios que dificilmente suelen estar asociados a la buena literatura- e introdúzcase en la prosa profunda e hípnotica de Alfred Hayes. Viaje a la Nujeva York de 1950 y conozca a los enamorados.

Pero prefiero pensar que es el acróbata, como en mi sueño, con su vida peligrosa y llena de vanidad y carente de sentido, el que más se parece a nosotros. Al menos, me da esa impresión: me la da el traje barato, el orgullo de lograr la proeza de nuevo sin caerse. Justamente, lo único que puede salvarnos es una gran caída. Eso de quedarse ahí arriba en la cuerda floja, haciendo equilibrio con una sombrilla insignificante y contentándonos con darle miedo a la audiencia, es lo que nos consume. ¿No estás de acuerdo? Una gran caída, es eso lo que necesitamos.

Calificación: bueno
Título original: In Love
Traducción: Martín Schifino
La Bestia Equilatera, 2013
ISBN: 9789872492694

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