La noche del día menos pensado, Héctor Galmés

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Galmés
Galmés

 

Un conjunto de relatos como el que nos convoca da claras muestras de la calidad narrativa de Héctor Galmés. Un narrador que supo incursionar con igual destreza en la novela y en el cuento. Un narrador cuya prosa no se limita a la finalidad tradicional del género narrativo, es decir, contar una historia, sino que posee grandes vetas de género lírico: son narraciones, al decir de Carina Blixen, “atravesadas por la sensibilidad y la actitud propias de la poesía”. Un escritor emparentado a la familia de los que Rama bautizó “raros”, interesándose en los procedimientos narrativos que, de alguna forma u otra, recurriendo a lo fantástico o a lo extraño, busca formas de la percepción distintas a las frecuentadas y gastadas por el realismo.

 

Este libro agrupa once relatos que, si bien heterogéneos, pueden pensarse como un conjunto orgánico, en un sentido al menos atmosférico: ronda por todos los cuentos un afán cosmopolita, en el sentido en que Rama opone cosmopolita a transculturador: la obra de Galmés es la típica obra de un individuo, que más allá de su condición rioplatense, busca trascender sus fronteras y asoma la pretensión de “literatura universal”. Es uno de los uruguayos más borgianos, en ese sentido preciso de estética cosmopolita.

Los temas y el estilo borgiano, además, están notoriamente presentes en al menos dos cuentos: “El puente romano”, que trata el motivo del puente eterno, circular, que nunca termina de cruzarse, y que termina por enloquecer a quien desafía su infinitud; algo así como “Los dos reyes y los dos laberintos” de Borges; y “El inimaginable juego de Hermógenes”, donde no solo se toma como eje central el tema del ajedrez, sino que las referencias metaliterarias de alto nivel, así como las referencias falsas o ficticias (al estilo de “Pierre Menard, autor del Quijote”) y las notas al pie pensadas como parte del cuerpo mismo del texto literario (no como meros apéndices extradiegéticos), son claras resonancias del autor de “El Aleph”.

“El hermano”, primer relato del libro, trata de la tensión que se genera entre dos hermanos siameses que tienen visiones políticas, filosóficas y religiosas opuestas.

“La infancia de Adán” hace una relectura y una recreación de los mitos bíblicos, fuente literaria que ha nutrido a Galmés en más de una ocasión (por ejemplo, en “Necrocosmos”).

“El malacara”, en apariencia, es simplemente el relato de la muerte de un caballo muy querido por su dueño, pero en el fondo es la devastación moral de un individuo y, por qué no, de un poblado, así como el intento vano de mantener erguido un mundo que se cae por su propio peso, simbolizado en el embalsamiento del finado equino. Otro guiño borgiano: el bar del pueblo se llama “La esquina rosada”.

En “Contrabajo solo” el centro es la soledad de un individuo que sueña con ser centro pero su destino lo ha marcado con el sello de la periferia, de la subalternidad insoslayable: no hay conciertos para contrabajo solo, es un instrumento gregario por naturaleza.

En “El maná” se vuelve a navegar por la Biblia, esta vez para reescribir el diluvio universal, pero desde una óptica delirante que permuta las gotas de agua por migas de pan. Una de las joyitas del volumen. El cuento cierra con la maravillosa frase “Volar es humano”, y este es posiblemente uno de los motivos por los cuales Galmés hizo literatura: para volar, para escribir con las alas de la fantasía.

“Suite para solista” es, a la vez, una alegoría del mundo privado y hermético del artista, y un texto cuyo centro temático es la locura, los límites difusos entre lo que percibimos como realidad y lo que se vuelve onírico, efecto de la embriaguez, delirio.

En “La noche del día menos pensado” incursiona en el tema del doble, otro tópico borgiano, en el que incursionaría otras veces, por ejemplo, en “Sosías”. Curiosidad: un personaje canta “I’ts only love” sin mencionar el autor de la canción. ¿Será la de The Beatles?

“Crimen robado” es la búsqueda de darle sentido a una vida monótona y vacía, aunque sea por medio de la inculpación de un delito. Breve pero contundente.

El volumen culmina con “Regreso al Aqueronte”, donde la fuente metaliteraria es la “Divina Comedia” de Dante, donde al protagonista se lo refiere como “el poeta” y donde el acto de narrar, el hecho mismo de la literatura, se vuelve el propio tema del cuento.

En Galmés tenemos una de las voces más interesantes y recientemente recuperadas de la literatura uruguaya de la segunda mitad del siglo XX.

Tiene el sabor que uno imagina: a fruta, o a mazapán, o a liebre guisada, o a pollo con ciruelas, o a lomo de cerdo con baño de chocolate amargo. Eugenia estaba convencida de que se trataba del verdadero maná, que el Señor había derramado generosamente sobre el mundo al borde del colapso, para que la humanidad tuviera al fin paz, abrigo y alimento. La convenció uno de los innumerables predicadores que gritaban: “¡Es el maná!” en las esquinas, en las plazas y en los estadios repletos de creyentes que entonaban himnos de alabanza; aunque no faltaron teólogos prudentes que exhortaron a no caer en frivolidades.

(Del cuento “El maná”)

Calificación: excelente.

Editorial: Banda Oriental, “Lectores”, Montevideo, 1981.

ISBN: –

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