Micaela Moon, Miguel Avero

Con la reedición de “Micaela Moon”, surge el necesario planteo de si estamos o no ante una incipiente generación literaria. Cuando un libro se reedita es porque, al menos, desde el público lector, se ha definido una aceptación y una demanda, además de haberse demostrado cierta valía. Y Miguel Avero (1984) no se trata del único autor con un libro reeditado dentro de esta camada de escritores nacidos en los ’80 y que, como hemos dicho, bien podrían, aunque no haya una intención de manera explícita, ser partícipes de una generación. También se ha reeditado “El increíble Springer” de Damián González Bertolino (1980) tanto para nuestro público lector a través del sello HUM Estuario como para Argentina a través de la editorial Entropía. Y, para redondear con el género ensayístico, “Tomar el suelo por asalto” de Martín Palacio Gamboa (apenas mayor que los demás, nacido en 1977) es una compilación de textos críticos que ya habían visto la luz a través de medios virtuales y de prensa. Tres reediciones de libros de un grupo de autores “jóvenes” (para los demorados criterios uruguayos) cuya obra se comienza a publicar ya empezado el nuevo milenio dice mucho. Dice mucho de la expectativa, la confianza y la apuesta que generan en el público lector y en las editoriales locales y regionales. La nueva generación, que provisoriamente podríamos llamar “Generación del Milenio” (por haber nacido con el nuevo milenio), “Generación 21” (por el siglo en que surgen) o “Generación Blog” (en referencia a los nuevos soportes virtuales y digitales que forman parte ineludible del imaginario y la forma de producción de estos nuevos creadores) dará muchos frutos y se convertirá en un capítulo enriquecedor de la historia de la literatura uruguaya.

Pero dejando de lado los pronósticos, el relato que nos ocupa en esta reseña, relato o cuento, pero no novela, posee varios elementos que es necesario comentar.

Comencemos por lo ya adelantado en el párrafo anterior: no es una novela, es un cuento. Lo es por su brevedad, por la concisión escritural abocada a una sola acción, a un solo nudo narrativo, con un solo personaje realmente redondo, consciente y dotado de un lenguaje: el propio narrador. Los otros, al decir del poeta y crítico Mathías Iguiniz “no tienen profundidad ni volumen, son íconos sin un referente extralingüístico. Se trata de personajes-usuarios que se relacionan a lo largo del texto mediante las redes sociales”. En este sentido, en el final, se hace evidente la condición de solitario del protagonista, leyendo los poemas que fue a oír sin que nadie lo escuche realmente. El espíritu de “El túnel” de Sábato recorre sus líneas: con la muerte/no existencia de la amada se confirma la soledad enfermiza del amante.

“Micaela Moon” trata de la obsesión de un escritor/lector frustrado e improductivo por una hermosa escritora española, veinteañera, niña prodigio, que conoce por Facebook y que puede verse como su cara opuesta: exitosa, prolífera para su edad, ansiosa por conocer mundo (cuando la actitud del protagonista es más bien provinciana y ombliguista) y por relacionarse con los demás (de aquí surgen los celos del narrador por el amigo virtual de Moon llamado André). Esta escritora española promete visitar Montevideo para presentar su último poemario y el protagonista comienza una obsesiva cuenta regresiva hasta el día de la ansiada cita.

Por otro lado, el despliegue de la acción, basado en contactos a través de plataformas digitales, nos permite cuestionarnos el relacionamiento humano. Pero sería un error suponer que la referencia a las redes sociales es la causante de los males que infligen al protagonista: si este cuento es algo, ese algo es un revival del romanticismo, donde el héroe sufre por su propia obsesión hacia el amor imposible, no por el amor virtual en sí mismo.

Los males que aquejan al personaje no son virtuales, son demasiado reales. La soledad, la falta de sentido trascendente en su vida, lo obligan a abrazar la primera bandera que se le cruza. Del mismo modo, podemos cuestionarnos si Lotte es realmente el objeto de deseo de Werther o si esta es simplemente una excusa para que Werther queme lo que le resta de vida en una lucha por la búsqueda de la trascendencia.

También el tópico quijotesco de realizar una hazaña aparentemente imposible luego de la locura contraída por la lectura ensimismada adquiere una presencia insoslayable: la obra de Micaela Moon funcionarían como las novelas de caballería. El inconveniente del protagonista es la soledad extrema: es no tener un Sancho para medir su accionar, para reflejarse en un espejo opuesto, convexo, como sí pudo hacer Don Quijote, y lograr suavizar, relativizar, su perspectiva del mundo.

La brevedad es una virtud en esta obra. Si una sola cosa le sobra, es la parodia al crítico literario uruguayo Romario San Chiz; no porque no sea entretenido hacer este tipo de guiños, sino porque su introducción a la obra se da de forma muy aislada, poco orgánica, sin función narrativa alguna y sin retomar el guiño en otro momento de la obra. Simplemente se pierde.

El final de la obra es lo que hace de ella un muy buen relato: es el momento donde la lectura se vuelve vertiginosa, la trama se va cerrando sobre sí misma, perfecta, envolvente, vibrante, cargada de un aura mágica que llega a plantear cierto giro de literatura fantástica. El último poema del último libro de Micaela Moon justamente hace referencia al momento en el cual el protagonista lee dicho texto en esa noche: como una cinta de Moebius digna de “Continuidad de los parques” de Julio Cortázar. Y es allí donde se establece, a mi entender, la hipótesis central: Micaela Moon es ese “otro” que un poeta recluido, enfrascado en el anonimato, reprimido, desearía ser, necesita ser, para hacer púbica su obra. Es, al fin y al cabo, una alegoría de la heteronimia, del Nickname, de la relativización de la identidad. “Madame Bovary c’est moi”, expresaría Flaubert en su momento.

Estoy un poco mareado, demasiado alcohol, tengo que apoyarme en las paredes para no perder el equilibrio, siento el creciente sonido de un lejano tambor. Dios… es mi corazón! Miro hacia el tumulto, un montón de rostros que no conozco, una voz que me presenta (hasta mi nombre me parece ajeno), leerá un poema de Micaela Moon…

Calificación: bueno.

Montevideo: Trópico Sur Editor, 2015.

ISBN: 978-9974-735-00-2

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3 comentarios en “Micaela Moon, Miguel Avero

  1. Ese cuento es insalvable. Parece escrito por un botija de 12 años para un público también adolescente. Que por favor el autor se lave la boca al decir que es estudiante del ipa porque no parece. Le falta lectura y desconoce elementos básicos de la teoría literaria. Chabacano 100%

  2. Ese cuento es insalvable. Parece escrito por un botija de 12 años para un público también adolescente. Que El autor se lave la boca al decir que es estudiante del ipa porque no parece. Le falta lectura y desconoce elementos básicos de la teoría literaria. Chabacano 100%

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