Cuentos completos, Amy Hempel

Amy Hempel nació en 1951 y creció en Chicago y Denver. Cuando Hempel tenía dieciséis años, se fue a vivir a San Francisco. Dos años después, su madre se suicidó. Poco tiempo más tarde, su tía hizo lo propio. Hempel sufrió dos accidentes automovilísticos. El ciclo terrible se cierra, tres años más tarde, con la muerte de su mejor amiga, víctima de leucemia.

Hempel
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En 1975, Hempel llegó a Nueva York y comenzó a asistir a un curso de escritura creativa en la Universidad de Columbia, dictado por Gordon Lish. La relación entre Lish y Hempel sería, a partir de ese momento, larga y fructífera. En 1985 aparece el primer conjunto de relatos de Hempel, Razones para vivir. La buena repercusión del libro le abrió las puertas de numerosas revistas y magazines, además de situarla en buena posición para acceder a dictar cursos de escritura creativa a nivel universitario. En 1990, publicó su segundo volumen de relatos, En las puertas del reino animal. En 1997, el tercero, Tumble Home, que incluye la nouvelle homónima; y en 2005, el cuarto, El perro del matrimonio. Estos son los cuatro libros reunidos en este volumen recopilatorio, editado por Seix Barral en 2009.

Razones para vivir está compuesto por quince piezas breves o muy breves. Entre ellas figura la conmovedora “En el cementerio donde está enterrado Al Jolson”, cuya sección final difícilmente deje indiferente a su lector y, muy probablemente, lo mueva hacia las lágrimas. Esto puede ser interpretado de forma errónea, de modo que habrá que explicarlo un poco mejor. El relato en cuestión narra la historia de dos amigas: una de ellas está internada en las fases terminales de un cáncer y le pide a su amiga: “Cuéntame cosas que no me importe olvidar –dijo ella-. Que sean banalidades, de lo contrario, déjalo”. Estas banalidades que la segunda amiga va lanzando como pelotas a una cesta tienen la cualidad de ser lo bastante inocuas como para no conectarse con el dolor que ambas están atravesando, a la vez que cumplen la función de mantener viva la comunicación, la compañía, como si estuvieran atrincheradas y solo el largo catálogo de banalidades las mantuviera a salvo. Esta superficie explícita del relato no es totalmente opaca, claro está, y comienza a dejar pasar la luz que trae al primer plano no solo la historia de la amistad entre ambas, sino también las circunstancias actuales que ya no pueden ser apartadas de la vista. Lo que Hempel hace en este texto es, en buena medida, un prodigio, pues se acerca al centro de un inmenso dolor indefinible y hace que éste hable por sí mismo a través de un artificio que no parece, de ninguna manera, un artificio.

A medida que uno se adentra en la literatura de Hempel, algo está todo el tiempo a punto de volverse evidente, pero nunca es sencillo concretar ese algo. Esa cualidad difusa proviene, en mi parecer, de cierta libertad de movimiento y cierta tendencia a encontrar su material donde otro escritor no vería nada. Y es que la literatura de Hempel está hecha de momentos que pasarían inadvertidos no solo para la mirada de la mayoría de los escritores, sino también de los lectores. A veces, es difícil ver lo que Hempel vio en su relato; quiero decir, ver eso que hizo que ella pensara que allí había algo digno de ser estructurado en la forma de un relato. Sin embargo, hay que pactar; pactar con ella y con su olfato. Y se trata de un pacto hecho sobre la confianza. En este caso, la confianza de que nada es caprichoso o gratuito y que en cada uno de los textos que conforman las casi quinientas páginas de este libro hay una serie de obsequios elegidos cuidadosamente. Muchas veces me encontré a mi mismo preguntándome no “qué me estás contando” sino “por qué estás contándomelo”. Y la mayor parte de las veces, la respuesta llegaba.

Hice una larga pausa (semanas) en la escritura de esta reseña. Es algo bastante frecuente en mí. En este caso, la pausa sirvió para comprender que cualquier intención abarcativa debía ser dejada de lado. He vuelto a releer algunos de los relatos y he repasado someramente otros. Ahora tengo un manojo de sensaciones todavía más disgregado que al principio. Creo, entonces, que eso es lo que tendría que decir. Que me cuesta mucho recordar los relatos por separado, como unidades autónomas. Los límites se desdibujan. Los títulos, los principios y finales, se vuelven completamente permeables, entrelazados. A su vez, al enfrentarme a ellos, me resulta particularmente difícil encontrar una cohesión estructural. Funcionan prácticamente frase a frase y es virtualmente imposible prever un arco argumental allí. Sé que ahora estoy planteando un panorama caótico, pero se trata de un caos controlado. Hay en ellos una combinación de detalle, observación, humor y sensibilidad que necesita funcionar en alianza con una lectura capaz de encontrar estos valores allí y de darles atención, espacio y tiempo (y, agrego, paciencia, dado que la traducción ofrecida por Seix Barral no hace justicia al material original).

Una de mis piernas necesitó cuatrocientos puntos de sutura. Cuando se lo contaba a la gente, se convertían en quinientos, porque nunca nada es tan malo como podría serlo.

Clasificación: muy bueno.
Traductora: Silvia Barbero.
Seix Barral, 2010.
ISBN:  978-843-222-850-6

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Un comentario en “Cuentos completos, Amy Hempel

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