Mortalidad, Christopher Hitchens

Hitchens
Hitchens
****
****01

¿Quién fue Christopher Hitchens? Un escritor y periodista inglés (nació en Portsmouth, en 1949) radicado en EEUU desde 1981 al que se definió repetidamente como uno de los intelectuales más polémicos e influyentes de la escena internacional de las últimas décadas. Su popularidad alcanzó un nivel de masividad mediática (especialmente en el hemisferio norte) a través de obras como “Dios no es bueno” (“God Is Not Great: How Religion Poisons Everything, ”2007) y “Dios no existe” (“The Portable Atheist: Essential Readings for the Non-Believer”, 2007), que lo posicionaron como el representante más visible del ateísmo militante, con un espíritu provocador que lo había llevado también a apuntar sus dardos contra figuras intocables como la Madre Teresa de Calcuta, a quien dedicó su controversial “The Missionary Position: Mother Teresa in theory and practice” (1995): y es importante señalar que sus críticas y objeciones a la figura, proceder e ideología de la santa anciana fueron oídas por el Vaticano, desde donde se lo citó para prestar declaraciones durante el proceso de beatificación de la monja albanesa. Amigo de Ian McEwan y Martin Amis, entre otras figuras de la alta cultura británica, no se puede descartar a Hitchens a la ligera, luego de rotularlo con la etiqueta del provocador que solo desea ruido, pues su erudición y talento literario demostraron más de una vez estar a la altura de su bravuconería pública.

En junio de 2010, le diagnosticaron a Hitchens un cáncer de esófago. En ese momento se encontraba en plena promoción de su obra autobiográfica, Hitch-22. El gradual avance de la enfermedad fue narrado por Hitchens en sus columnas de Vanity Fair, de cuya recopilación es resultado “Mortalidad”. Esta exposición generó todo un complejo sistema de satélites no ajenos al morbo y la perversidad: desde apuestas online que jugaban acerca de la posibilidad de que Hitchens finalmente cediera a su ateísmo acérrimo y abrazara la fe antes de la hora final o que muriera con las botas puestas “y asuma las infernales consecuencias”; hasta comentarios públicos de creyentes que demostraban así su infinita capacidad de amor por el prójimo: “¿Quién más piensa que el hecho de que Christopher Hitchens tenga un cáncer terminal de garganta es la venganza de Dios por haber usado la voz para blasfemar? A los ateos les gusta ignorar los HECHOS. Les gusta actuar como si todo fuera “coincidencia”. ¿En serio? ¿Es solo una “coincidencia” que de todas las partes de su cuerpo, Christopher Hitchens tenga cáncer en la parte del cuerpo que usó para la blasfemia? Sí, sigan creyendo eso, ateos. Va a retorcerse de agonía y dolor, y se marchitará hasta desaparecer y tener una muerte horrible, y DESPUÉS viene la verdadera diversión, cuanvo vaya al FUEGO INFERNAL y sufra eternamente la tortura y el fuego”. Y Hitchens encontró tiempo, energía y ánimo, incluso en los momentos en los que estaba recibiendo todos los tratamientos de rutina, uno más agresivo que el otro, para continuar polemizando, para seguir sosteniendo una posición al respecto; y la última defensa no era una defensa del ateísmo, sino la defensa del derecho a discrepar, pensar y cuestionar, de ser libre de sopesar las ideas y creencias del mundo sin estar obligado de apropiárselas, absorberlas y naturalizarlas.

En los momentos del libro en los cuales Hitchens parece olvidarse de que está escribiendo artículos para una revista y se comporta de una forma más confidencial e íntima, su experiencia se convierte también en un diagnóstico de lo que el cáncer significa para toda una cultura y una época. Los modos de enfrentarlo, de hablar de él públicamente, su capacidad de convertirse en una metáfora, las falsas esperanzas, etc., parecen estar diagnosticando una enfermedad cultural que está solo dos o tres grados por detrás del cáncer.

“Mortalidad” no es un libro triste. Posee la suficiente carga de humor y lucidez para no convertirse en un melodrama, pero tampoco está dispuesto a elegir el elegante camino de la supresión de detalles. Hitchens cuenta lo que vive, y lo que vive no es un jolgorio. Pierde su voz, pierde su cabello, sus fuerzas, transita la agonía con toda la entereza de carácter de la que es capaz. Finalmente, Hitchens murió el 15 de diciembre de 2011. El cáncer lo mató en 18 meses. Su decisión de escribir la serie de columnas que se convirtieron en una elocuente bitácora de su final es, también, una declaración de que no hay por qué dejar la enfermedad y la muerte fuera del cuadro que compone una vida, como si uno debiera apartar discretamente la mirada de todo lo que no es bello, alegre y perfumado.

Con la vida infinita llega una lista infinita de parientes. Las abuelas nunca mueren, ni los abuelos, las tías abuelas… y así, generaciones atrás, todas vivas y brindando consejos. Los hijos nunca escapan de la sombra de sus padres. Ni las hijas de la de sus madres. Nadie llega nunca a ser él mismo… Ese es el coste de la inmortalidad. Ninguna persona está completa. Nadie es libre.

Calificación: muy bueno.
Título original: Mortality, 2012
Traducción: Daniel Rodríguez Gascón
Editorial Debate, 2012
ISBN 9788499922188

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s